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En esta nota te contamos cuáles fueron los grandes hitos del mundo de las finanzas tecnológicas durante 2022
Panorama

El desafiante 2022 de las fintech: entre la turbulencia, la depuración y la consolidación

Ya no se habla de una moda o una tendencia, sino del crecimiento de un sector que sigue desafiando la forma en que las personas se relacionan con su dinero.

Alejandro Scasserra Alejandro Scasserra 27-12-2022
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La realidad supera a la ficción. Si en 2019 alguien hubiese dicho que el año siguiente estaríamos encerrados en nuestras casas producto de una pandemia global, seguramente pocos lo hubiesen creído. Seguramente pasaría lo mismo si algún iluminado hubiese pronosticado la vuelta de la guerra en Europa o la creciente inflación global.

El mundo de las finanzas digitales avanza a pesar de las crisis. Pero ese fenómeno que a veces aparenta cierta inmunidad a los bamboleos económicos y sociales, también ha tenido sus sorpresas y golpes de timón durante los últimos años.

Venimos de un año récord. Durante el año 2021, la cantidad de inversión de fondos de capital de riesgo en empresas financieras de naturaleza tecnológica superó los US$ 120.000 millones a nivel global. Para dimensionar, esto es más del doble que los dos años anteriores sumados.

No es casual. La tecnología ha tardado en llegar a los servicios financieros, y la pandemia ha dejado en evidencia la gran necesidad de digitalizar procesos, productos y plataformas de la industria financiera. La experiencia de usuario, la accesibilidad y la inclusión financiera son componentes fundamentales en este nuevo mundo tecnológico, cada vez más exigente e inmediato.

Se está yendo un año turbulento, por momentos difícil, pero que a pesar de sus rispideces reafirma una vez más la necesidad de la tecnología como medio para lograr un sistema más accesible, transparente y eficiente.

Estos son los grandes hitos del mundo de las finanzas tecnológicas durante 2022:

  • La inflación y el aumento de las tasas de interés marcaron la agenda.

El 24 de febrero, Rusia lanzó su invasión a Ucrania y el mundo occidental condenó las acciones. Como consecuencia, comenzó una guerra no solo por el territorio ucraniano, sino también por la soberanía energética, que disparó sus precios y arrastró al mundo a una creciente inflación.

La salida de la pandemia ya había sentado las bases para un mundo con aumento de precios. Las políticas monetarias y fiscales expansionistas de la mayoría de los países para sostener la actividad económica, empezaban a tener consecuencias en un mundo normalizado. Los aumentos de precios empezaban a sentirse, y una oferta más restringida en términos energéticos terminó de completar la receta para la inflación global.

Como respuesta, la Reserva Federal de Estados Unidos, así como los bancos centrales de la mayoría de los países del mundo, empezaron a implementar un aumento periódico de tipos de interés con el objetivo de frenar el deterioro de sus monedas. Los gobiernos se convirtieron en aspiradoras monetarias, frenando lentamente el aumento de precios, pero llevando a sus economías al enfriamiento y, quizás, a la recesión.

Por lo tanto, el ecosistema startup, que en 2021 había gozado de la financiación barata y de la disponibilidad de capital, empezó a encontrar trabas a la hora de buscar dinero. Los inversores se volvieron más prudentes a la hora de arriesgar su capital, y los que ya habían invertido en etapas anteriores empezaron a exigir mayor racionalidad en el uso del dinero y la generación de rendimientos.

Muchas empresas financieras tuvieron que poner el freno. Las que estaban fondeadas o con modelos de negocio sostenibles estuvieron más tranquilas. Las que dependían de una inyección importante de capital empezaron a tambalear.

Rápidamente llegaron los despidos y la recalibración de las previsiones de crecimiento. El primer gran ruido a nivel internacional lo generó Klarna, hasta entonces una de las fintech más valiosas del mundo. En mayo, la empresa de crédito sueca despidió a 10% de su nómina y recortó su valuación 85%, inaugurando una temporada de malas noticias para el sector: lo siguieron Bitpanda, Chime, Robinhood, eToro, Checkout y hasta Paypal, entre muchas otras. 

  • En el ámbito local el escenario no fue mejor: Buenbit y Lemon debieron dejar ir parte de su personal, y Ank, la billetera del grupo Itaú, cerró sus puertas.

Si bien se podría realizar una lectura catastrófica de la situación, muchos analistas coinciden en que el fenómeno no es más que un sinceramiento del nivel de crecimiento. El descabellado auge del año anterior permitió el paso a un nivel de desarrollo más sostenible y paulatino en el sector, que ya se posiciona como una industria más madura y consolidada.

Esto queda demostrado con los datos de nuestro país publicados por la Cámara Argentina de Fintech en el informe de empleo que lanzó en septiembre de este año. Según menciona, el sector emplea a unos 27.000 trabajadores de manera directa, lo que representa 15% más que el año anterior. Las empresas fintech en Argentina totalizan 330, las cuales operan en 9 verticales de negocio diferentes.

El 2023 luce un poco más prometedor, a medida que la inflación va amainando, se descomprimen las políticas restrictivas de los bancos centrales del mundo, y se vislumbra una posible pero aún lejana paz en Ucrania.

  • Cripto, depurado por el mercado y los criminales.

La noticia que más resonó en los medios fue el colapso de FTX y el arresto de su fundador y exCEO: Sam Bankman-Fried. Es cierto que esto terminó de coronar una racha negativa, pero los problemas en cripto venían desde antes.

No es que cripto en sí haya tenido problemas, sino todo el sistema que se ha generado a su alrededor. Con la caída de los mercados globales producto de la guerra y el aumento de tasas, las cotizaciones de los principales activos digitales también se derrumbaron. Esto empezó a provocar que algunas empresas empezaran a tener problemas, sobre todo aquellas que se exponían a riesgos excesivos durante el mercado alcista, y las que funcionaban con sistemas defectuosos.

Tal fue el caso de la cripto Terra (UST), que se suponía de paridad 1 a 1 con el dólar norteamericano. El 10 de mayo, colapsó pasando a valer centavos en cuestión de horas. Otro caso fue la caída de la plataforma de créditos cripto Celsius, la cual en junio bloqueó todos los retiros y colapsó debido a problemas de liquidez.

Pero como se mencionó, el caso que terminó de golpear al dolorido mundo cripto fue la quiebra de FTX. Aparentemente, de forma premeditada, se tejió una red fraudulenta para robar y hacer un uso indebido del dinero de los depositantes del segundo exchange más importante del mundo (todo esto está aún siendo investigado). Algunas de esas irregularidades salieron a la luz y ocasionaron la caída del gigante.

Ahora, las miradas apuntan a Binance, el exchange más grande del mundo, que por ahora no muestra signos de flaqueza. Aunque es observado de cerca, sobre todo por el gobierno norteamericano.

Pero no todo fueron escándalos durante este año. Ethereum tuvo una de las innovaciones más importantes del mundo cripto durante este año. El 15 de septiembre, la red creada por Vitalik Buterin cambió el famoso sistema de validación de transacciones llamado "proof of work" o "prueba de trabajo" por otra llamada "proof of stake" o "prueba de participación". De esta manera, se reduce drásticamente el uso de poder de cómputo necesario para el funcionamiento de la red, ayudando a reducir el consumo de energía y a hacerla más sostenible.

Mientras, a Bitcoin nada de todo esto parece importarle. Si bien su cotización está en niveles que no tenía desde noviembre del 2020, la cripto más famosa sufre en precio de los idas y vueltas del mercado y de las empresas, pero sigue funcionando por fuera de ellas. Recordemos que Bitcoin, así como muchas otras criptomonedas, fueron creadas en la descentralización, y parece que seguirá funcionando por más que el resto del mundo se caiga a pedazos.

De hecho, algunos creen en eso más allá de todo. El Salvador, por ejemplo, ha establecido a Bitcoin como moneda de curso legal en abril. A pesar de las polémicas que puede generar el gobierno de ese país y esta medida, hay cada vez más países que ven con buenos ojos la adopción de criptomonedas en sus sistemas de pagos.

Muchos bancos digitales y fintech avanzan también en esa dirección. En Brasil, Nubank y Mercado Pago han incorporado la compraventa de criptomonedas en su oferta de productos. En Europa, los gigantes Revolut y N26 han incorporado también este servicio. Hasta en nuestro país hemos tenido un avance a este escenario con el lanzamiento que hizo el Banco Galicia (que después tuvo que retirar por orden del Banco Central) y Ualá.

  • Regulación, cada vez más madura.

En noviembre de este año, Chile lanzó su regulación fintech, marcando un nuevo hito en el avance del marco normativo para las finanzas digitales a nivel global. A finales de ese mismo mes, en Brasil la Cámara de Diputados le dio estatus legal a los pagos con Bitcoin y permitió a la administración pública realizar transacciones en esa moneda.

Se dice que la regulación siempre corre por detrás a los fenómenos tecnológicos, y en el caso de las finanzas digitales no es la excepción. Luego de algunos años de desarrollo y entendimiento entre el sector privado y público, finalmente parece que se está avanzando en una dirección de co-construcción.

Cada vez más gobiernos son permeables al entendimiento de la tecnología que sostiene a las transacciones en criptomonedas, y a dar un marco normativo adecuado a innovaciones como el Open Banking.

Este último, es un concepto que permite compartir la información financiera de los usuarios a terceras entidades con consentimiento de los usuarios. Es un canalizador para la innovación y la creación de productos financieros más completos e integrales. En algunos países, como en el Reino Unido, ya se ha avanzado en normas claras que permiten el desarrollo de ese intercambio de información.

La regulación en Chile, por ejemplo, da un marco para el desarrollo de este tipo de innovaciones, y los reguladores de todo el mundo parecen avanzar en esa dirección. Esperamos grandes novedades para este 2023.

Conclusiones y perspectivas

En suma, 2022 fue un año de depuración. Aquellas empresas financieras que han creado modelos de negocio sostenibles o que estaban bien fondeadas, han sobrevivido a la crisis y seguirán creciendo en el futuro. Las otras, con problemas, deben aguantar la tormenta mientras corren el riesgo de ser absorbidas o desaparecer.

La buena noticia es que parece haber luz al final del túnel. La Reserva Federal de Estados Unidos ha disminuido el ritmo de aumento de la tasa de interés de referencia, y el nivel de inflación parece estar disminuyendo. Muchos analistas pronostican un segundo trimestre de 2023 más amigable y con buenas previsiones.

Si esto se materializa, podría vislumbrarse un nuevo crecimiento fuerte en la industria. No a niveles de 2021, pero sí con buenas perspectivas a largo plazo. Existen nuevos modelos de negocio dentro de la industria financiera como Open Banking, Buy Now Pay Later o finanzas embebidas, que muestran que el desarrollo del sector puede y debe seguir adelante.

Sea como sea, la industria fintech parece haberse consolidado. Ya no se habla de una moda o una tendencia, sino del crecimiento de un sector que sigue desafiando la forma en que las personas se relacionan con su dinero.

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