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Cómo afecta el cambio climático a la inversión

El cambio climático llegó para quedarse y está jugando hoy un papel clave en la toma de decisiones corporativas y financieras para los próximos años

Finanzas Sostenibles
Luis Ferraro Lara Luis Ferraro Lara 15-10-2021
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El mundo no ha cambiado solamente por la pandemia, sino también porque el cambio climático lo está modelando. 

Los efectos del recalentamiento global sobre el medio ambiente son más que conocidos. No obstante, en el mundo financiero, cada vez se le da más importancia a la economía global, y en línea con eso, a las empresas y a los mercados. Ya hay estudios que indican que, sin una reducción drástica de las emisiones de carbono y con la consecuente elevación de la temperatura global en sólo 3 grados, el PIB mundial disminuiría 25%, lo que sería literalmente una catástrofe. 

Esta situación no es un horizonte de planeamiento lejano, sino que ya está en la mente de todos los ejecutivos de empresas de países desarrollados. La razón es sencilla: si el PIB disminuye, las Bolsas también caen, junto con la reducción del gasto de los individuos y, claramente también, de las ganancias corporativas. Así, pues, el cambio climático llegó para quedarse y está jugando hoy un papel clave en la toma de decisiones corporativas para los próximos años. 

La inversión ecofriendly estará de moda

Hoy, para los grandes inversores mundiales, las tendencias climáticas promueven que las consideraciones ambientales tienen que ser parte de sus estrategias de portfolios de corto y largo plazo. La evidencia al respecto es clara: las empresas que tienen estrategias ecofriendly proyectadas, obtienen mejores resultados financieros y están siendo mejores opciones a largo plazo para los inversores. 

En mercados desarrollados, las empresas que reducen costos de recursos como el uso del agua, el carbono y las materias primas mejoran sus ganancias operativas hasta 55%. Y las que se quedan atrás, son susceptibles de mayores costos por regulaciones, o en algunos casos por alta contaminación y hasta pueden ser intervenidas. 

En la actualidad hay tres grandes tendencias bien marcadas en cuanto a la inversión ambiental. 

  1. La primera, es que los inversores están seleccionando determinadas empresas o industrias en función de las prácticas que consideran perjudiciales. Es evidente ya que se están bajando posiciones en industrias intensivas en carbono, en aquellas que se creen que están involucradas en una deforestación dañina o que están dañando la biodiversidad y, también, se reduce la exposición a empresas o industrias que consumen grandes cantidades de recursos naturales. El razonamiento es simple, estiman que en el futuro podrían enfrentarse a altos costos relacionados con el medio ambiente, y que estarán muy expuestas en un momento de regulaciones más estrictas.
  2. La segunda, es que las empresas reglamentadas en cuestiones ambientales o que aspiren a ellas están siendo más receptivas. Invertir en empresas, independientemente de la industria, que lideren con el ejemplo, que incorporan prácticas ambientales en su dirección estratégica y brindan visibilidad a sus esfuerzos a través de métricas y divulgaciones de ESG (Environmental, Social and Corporate Governance) también es una tendencia que llegó para quedarse. Por ejemplo, las compañías pueden demostrar las formas en que sus prácticas se alinean con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD) o el Consejo de Normas Contables de Sostenibilidad (SASB). Es decir, todas aquellas que de alguna manera, puedan demostrar mediante certificaciones que están haciendo algo por el medio ambiente.
  3. La tercera,  es que claramente aquellas compañías que hacen algo concreto por liderar el cambio climático han crecido. Este grupo final incluye empresas e industrias cuyos productos o servicios se dedican a ayudar a mitigar el cambio climático. Estos pueden incluir energía alternativa o de uso eficiente de los recursos, redes inteligentes, vehículos eléctricos o innovaciones en la alimentación, la agricultura, la silvicultura y el agua potable.

Estas son las grandes tendencias: disminuir la exposición de las que no contribuyen con el cambio ambiental y aumentar las posiciones en aquellas que sí lo hacen o, por otra vía (certificaciones), intentan hacerlo para que el daño que producen no sea tan grave. En este sentido, las inversiones específicas que elija pueden depender de sus expectativas de rendimiento y su apetito por el riesgo. Por ejemplo, los bonos verdes, un fondo de préstamos comunitarios medioambientales, los bonos centrados en ciudades sostenibles o la transición de las energías tradicionales a las renovables pueden ofrecer un rendimiento modesto a cambio de un riesgo relativamente bajo.

Otros enfoques, como las acciones de empresas que impulsan soluciones medioambientales o las inversiones de capital privado en energías renovables, pueden ofrecer un mayor potencial de rentabilidad a cambio de un mayor riesgo.

Al igual que con cualquier estrategia de inversión, es importante considerar cualquier inversión ambiental en el contexto de sus activos generales y sus objetivos financieros personales.

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