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¿Se viene la Teoría Monetaria Moderna?

Las prioridades del próximo Gobierno en corto plazo serían recuperar la demanda interna, combatir la pobreza extrema y el hambre, y reprogramar vencimientos de la deuda pública.

Héctor Rubini Héctor Rubini 19-11-2019
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Por Héctor Rubini Economista (USAL)

La semana pasada se generó cierto revuelo con las expresiones de la exministra de Economía Felisa Miceli, en una entrevista con la periodista Nancy Pazos. Esta última observó que dos miembros del equipo económico del Presidente electo “son economistas que no les da miedo la maquinita (de emitir dinero)” y la exministra respondió: “No, para nada, pero tampoco son personas irresponsables que estarían dispuestos a emitir sin ningún tipo de consideración”.

Ahora bien, como lo reconoció uno de ellos, la realidad es complicada. En un contexto de deuda interna reperfilada, y a riesgo de ser nuevamente reperfilada, y sin crédito externo, el Estado sólo cuenta con tres fuentes de financiamiento de corto plazo: colocación forzosa de deuda en entes estatales con liquidez, atraso en pagos a proveedores, asalariados, jubilados y bonistas y/o emisión monetaria.

A la fecha nadie sabe con exactitud qué hará el próximo Gobierno, ya que los instrumentos y políticas específicos todavía no se conocen con precisión. Aun así, todo indica que las primeras leyes que aprobará el Congreso serían las que promoverían a) la creación de un Consejo Económico y Social (con ese nombre u otra), b) el Presupuesto 2020, c) una reforma tributaria, con énfasis en aliviar la carga impositiva a las Pymes y aumentar las retenciones a las exportaciones, d) una Ley de Góndolas, d) una ley de promoción de inversiones hidrocarburíferas.

Las prioridades de corto plazo serían: a) recuperar la demanda interna, b) combatir la pobreza extrema y el hambre y c) reprogramar vencimientos de la deuda pública.

Da la impresión de que el enfoque del futuro gobierno abreva en la llamada “nueva izquierda” del Cambridge británico de los '60 y, en cierta forma, en el Plan Gelbard de 1973.

Según las afirmaciones de los economistas afines a Alberto Fernández, sus postulados básicos serían los siguientes: a) el crecimiento económico es percibido como resultado de la expansión de la demanda agregada, no de la acumulación de factores, la innovación tecnológica ni de mejoras en productividad ni en competitividad, b) la única causa de la inflación es la puja distributiva, el dinero y la monetización de los déficit fiscales se perciben como irrelevantes, c) toda economía puede recuperar el crecimiento sólo vía expansión de demanda, de los déficit fiscales y de la oferta de dinero (su demanda sería irrelevante), y d) la eventual dolarización, fuga de capitales o sustitución de monedas se puede reprimir exitosamente con controles, y sin costo alguno.

Una visión complementaria con las expresiones del último domingo del presidente electo. En una entrevista a Página/12 afirmó que en su hay sólo dos razones que explican la alta inflación de nuestro país: la concentración económica y los ajustes preventivos de precios. Algo más que llamativo cuando ya que otros países de la región, con mercados tan o más concentrados que en el nuestro, acumularon una inflación marcadamente inferior a la de nuestro país entre enero y octubre de 2019: 8,4% en Uruguay, 3,4% en Colombia, 2,8% en Chile, 2,6% en Brasil, 1,57% en Perú, 0,66% en Ecuador. Argentina, vale recordar, 42,2%.

No son pocos los que ven ese “approach” como complementario a la Teoría Monetaria Moderna (en inglés, “MMT”). Ya el pasado 23 de septiembre, El Economista se hizo eco de un debate en el Congreso luego del cual la diputada María Fernanda Vallejos formuló algunas afirmaciones que levantaron no poca polvareda. “Un Estado como Argentina que crea la moneda que utiliza en su economía no está limitado en términos financieros de ninguna manera”. “La gente quiere ir al dólar y eso se combate desde la Teoría Monetaria Moderna, con controles de capitales y sería la única forma de que no hubiese una fuga tremenda de dólares”, agregó.

Ese enfoque parecería inspirarse en cierta interpretación del llamado “cartalismo” de George Friedrich Knapp de fines del Siglo XIX, y de varias de las obras de John M. Keynes, Hyman Minsky, Abba Lerner y otros economistas “heterodoxos”. Básicamente propone una suerte de “fe” en que siempre y en todo lugar déficit fiscales son un instrumento necesario para crecer y sostener una economía balanceada y con bajo de desempleo. La emisión monetaria se considera como un instrumento necesario para impulsar la demanda agregada y la recaudación tributaria, y recién después podría pensarse en cerrar toda brecha fiscal. El riesgo de inflación es o bien omitido, o bien minimizado.

Sus proponentes más entusiastas son el economista australiano William Mitchell (autor del nombre “Modern Monetary Theory”), el economista y especulador financiero Warren Mosler (reside en las Islas Vírgenes), la economista Stephanie (“Bell”) Kelton (Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook) y Larry Randall Wray (Instituto Levy de Economía del Bard College).

Kelton, en particular, asesoró a Bernie Sanders en la campaña presidencial de 2016, y en 2015 integró el Comité de Presupuesto del Senado de EE.UU. como economista jefe del bloque de legisladores demócratas. Cabe observar que esta última advirtió en marzo pasado que debe tenerse cuidado en “evitar el riesgo de una aceleración inflacionaria”. De todas formas, según los proponentes de la MMT la inflación aparece y se acelera bajo pleno empleo, así que el enfoque es, de mínima, inadecuado para países con estanflación y dificultades fiscales como el nuestro.

En el caso de la Argentina actual, bajo una inequívoca crisis de liquidez pública y privada, inyectar transitoriamente dinero suena razonable, pero sus consecuencias dependerán del ajuste de las expectativas de individuos y empresas financieras y no financieras, y de la credibilidad y confianza que generen los nuevos funcionarios fuera del entorno amigable del Frente por Todos. O, dicho más “técnicamente”: de como se comporten los límites que imponen la demanda de dinero y la demanda de títulos públicos. Como también lo advirtiera Guillermo Calvo el último fin de semana, no es de descartar un “veranito” con viento a favor que mejore las expectativas y los ingresos. Pero aun así, su capacidad para impulsar una expansión de oferta agregada y crecimiento sostenido en el largo plazo no está garantizada.

Un aspecto (no el único), sobre el cual, como veremos en la próxima nota, la MMT pareciera estar muy lejos de ofrecer explicaciones y “policy rules” realmente convincentes.

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