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Déficit fiscal

No hay grieta, hay consenso: el Estado tiene que gastar por encima de sus ingresos

En Argentina no hay grieta fiscal. Hay un gran consenso. El consenso es hacer gastar al Estado consistentemente por encima de sus recursos

El consenso es hacer gastar al Estado consistentemente por encima de sus recurso
El consenso es hacer gastar al Estado consistentemente por encima de sus recurso
Jorge Colina 11 enero de 2022

Como una convención técnica, los economistas miden el déficit fiscal en porcentaje del PIB. No está mal. Pero no permite ver en su real magnitud el desafío que plantea el déficit fiscal. Una cuenta más de almacenero mediría el déficit fiscal en porcentaje del gasto total. Esto representa el exceso de gasto público que no está financiado por los ingresos públicos. Esta es la parte del gasto público que hay que financiar con deuda y/o emisión monetaria.

Si bien la tendencia es la misma, en magnitudes la cosa es bien diferente. Tomando las últimas 6 décadas (que es la serie más larga publicada por el Ministerio de Economía de la Nación) para las cuentas públicas nacionales y provinciales, o sea, lo que se conoce como el sector público consolidado aparece lo siguiente.

En la década de 1960, el déficit total (que vendría a ser el déficit primario más los pagos de intereses, concepto también conocido como “necesidad de financiamiento”) fueron del 13% promedio anual de los gastos. Esto implica que, sólo en la década de 1960 (considerada “década de oro” por algunos en términos de la economía) se acumuló deuda y/o emisión monetaria por el equivalente a un (1) PIB.

En la década de 1970, la economía ya entró en crisis con el “Rodrigazo” y la crisis cambiaria de la dictadura militar que lleva al déficit consolidado total a 25% promedio anual del gasto público. Esto significa que en la década de 1970 se acumuló deuda pública y/o emisión monetaria por el equivalente a dos (2) PIB, adicionales al de la década de 1960.

Luego vino la década de 1980, que es cuando hizo eclosión la acumulación de “necesidades de financiamiento” del sector público consolidado de las décadas de 1960 y 1970. Comienza con un alto déficit fiscal por la grave crisis financiera a finales de la dictadura y otro alto déficit fiscal con hiperinflación a finales del primer gobierno democrático luego de la última dictadura. En esta década el déficit fiscal total consolidado asciende al paroxismo de 48% de los gastos. Teóricamente, esto significaría que la acumulación de endeudamiento y emisión monetaria fue equivalente a cinco (5) PIB. El cálculo es teórico porque fue la hiperinflación la que licuó el endeudamiento y la emisión monetaria acumulada.

Vino la década de 1990. Hubo que reconocer gran parte de la deuda licuada por la hiperinflación, como por ejemplo la deuda previsional impaga en la década de 1980 y deudas con proveedores del Estado. Con lo cual, la década comenzó con nueva deuda. No todo fue licuado por la hiperinflación. El déficit total consolidado se ubicó en 17% promedio anual de los gastos. Esto se financió enteramente con endeudamiento porque por la convertibilidad -que no fue un capricho sino una respuesta a la hiperinflación- estaba prohibido emitir. Esto implica que el endeudamiento en la década fue el equivalente a un (1) PIB, otra vez. Esto eclosiona con la crisis del 2001 ? 2002.

Viene la década de los 2000. En promedio anual, la década da que no hubo déficits. La razón es que la mega-devaluación del 2002, al principio, licuó gasto público e incrementó los ingresos públicos con inflación, con lo cual el 2003 pasó a ser de superávit. Superávit que se refuerza entre el 2004 y el 2010 producto del aumento en la presión impositiva (pasó de 24% a 29% del PIB) tolerada gracias a la gran bonanza internacional y al retraso de jubilaciones por negación de la movilidad en una economía con alta inflación y el no pago de gran parte de los intereses de deuda pública porque el país se mantuvo toda la década con el default del 2002.

El punto es que esos “superávits” no fueron tales porque la contabilidad pública no registra los compromisos devengados, sino sólo los gastos pagados. Por caso, el no reconocimiento de la movilidad jubilatoria es una acumulación de deuda pública por futuros juicios previsionales, pero no se registra como tal. En igual sentido, el no pago de intereses por estar en default es un gasto presente menos, pero deuda a futuro. Ambas deudas, la previsional y la salida del default, tuvieron que ser pagadas en la década siguiente.

Llega entonces la década del 2010. El déficit total consolidado pasar a ser de 15% de los gastos. En retrospectiva, es uno de los más bajos en las 6 décadas. El tema es que la presión impositiva nacional y provincial esta al tope de lo tolerable en una economía estancada (30% del PIB) y que en estos 60 años el sector público declaró varias veces la cesación de pagos y actualmente no tiene crédito público por parte de nadie. Al punto tal que el juego con el FMI no es para tener financiamiento, sino para seguir sin financiamiento y no sumar un nuevo default, que, de producirse, tampoco extrañaría a alguien.

Déficit fiscal total

Esta historia muestra que en Argentina no hay grieta. Hay un gran consenso. El consenso es hacer gastar al Estado consistentemente por encima de sus recursos. Esto lo hicieron peronistas, radicales -solos o en alianzas- y militares. Claramente es un consenso con nivel de “política de Estado”. 

Por eso el país está sumergido en la decadencia. No por falta de “consensos” y “políticas de Estado” sino por “consensos” y “políticas de Estado” equivocados.    

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