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La súper inflación de 2023 es la garante de un shock fiscal en 2024
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La súper inflación de 2023 es la garante de un shock fiscal en 2024

Argentina lleva trece meses de un régimen de alta inflación (en el que cada vez está más inmerso), caracterizado por ser volátil, con picos y valles

Emiliano Anselmi 23 abril de 2023

El resultado de una política económica que fue incrementando sostenidamente la oferta de dinero en los tres años de mandato y una demanda en declive permanente desde noviembre 2020 (una vez suavizada las restricciones a la circulación) no podía ser otro que una aceleración de la inflación desde 36% en 2020 a 51% en 2021 y 95% en 2022. Tristemente, los casi tres dígitos de 2022 ya son una foto sepia. 

Formalmente, Argentina ingresó en el régimen de alta inflación en marzo de 2022, cuando los efectos ulteriormente revertidos de la guerra hicieron saltar la ya alta inflación de febrero (4,7% general y 4,5% núcleo) a un nuevo escalón de 6,7% en marzo

Luego de eso, la crisis de deuda en pesos (que eyectó a Martín Guzmán de su cargo) elevó el ritmo de los precios a 7,4% mensual en julio y 7% en agosto, construyendo el segundo pico de este régimen. 

En marzo, una vez revertidos ciertos efectos de la sequía que jugaron a favor en la baja transitoria de la inflación (como el abaratamiento relativo del precio de la carne vacuna, que apenas subió 7% en el segundo semestre), la inflación general llegó a 7,7% y la núcleo 7,2% (dos meses consecutivos por encima de 7% por primera vez desde el origen de la serie), conformando el tercer pico inflacionario, que vino a batir los previos. 

En síntesis, Argentina lleva trece meses de un régimen de alta inflación (en el que cada vez está más inmerso), caracterizado por ser volátil, con picos y valles.

Pensando en cómo sigue la historia de cortísimo plazo, los relevamientos de alta frecuencia de la primera semana de abril, que arrojaron una suba de entre 2,8% y 3,1% semanal (la más alta de la que se tiene registro junto a septiembre 2018) indicaban que la aceleración habría continuado. 

Así, comenzó a esbozarse la idea de un abril similar a marzo y, de esta manera, la consolidación de un nuevo piso de 7%. No obstante, la escalada de los dólares financieros de los últimos dos días de $409 a $430 (+5,1%) nos orienta a pensar que el piso podría ser 8%

De esta manera, la nominalidad podría viajar a un ritmo anualizado de 152% en el mes y 136% en los últimos tres meses, acelerando desde 87% en enero (que incluía el 4,8% de noviembre).

Ante este panorama, el Banco Central (BCRA) no tiene otra alternativa que seguir jugando la carrera que exige este nuevo nivel de nominalidad

Con un ojo en el ritmo vertiginoso que tomaron los dólares financieros en las últimas tres ruedas, el organismo aplicó un hike de tasas de 300 puntos básicos que dejó gusto a poco. La tasa de Pases a 1 días saltó de 72% a 75% TNA (105,3% a 111,5% TEA) y la de política monetaria de 78% a 81% (113,3% a 119,4%). 

En consecuencia, el spread de la Leliq con la Lede corta (licitada al 132,6% de TEA el miércoles) dentro del corredor de tasas (cuyo piso es Pases 1 día) saltó a un máximo desde su debut en julio de 2022 de 1.310 pbs en TEA. 

La autoridad monetaria amplía la prima por plazo intentando orientar la liquidez a las subastas del Tesoro con el riesgo de provocar una aceleración mayor en la velocidad de circulación del dinero (lo que en un extremo implicaría un quiebre de los plazos fijos). Asumiendo que la inflación viaje a un ritmo constante de 8% mensual (151,8% anualizado) en próximos meses, la tasa de interés real sería de -12,6% anual. 

Con una suba tan magra, el BCRA reduce el atractivo del carry trade, que, vale decir, a inflaciones más altas tiene rendimientos decrecientes.

La suba de tasa, incluso siendo exitosa en la recalibración miedo-codicia, sólo postergaría el inexorable derrotero hacia una mayor nominalidad. 

Ya entramos en una dinámica complicada del régimen inflacionario ampliamente estudiada en la teoría económica (Cagan, 1956) que nos enseña que, a mayor inflación, más huye la gente del dinero (aceleración de la velocidad de circulación), retroalimentando el fenómeno. 

En este escenario, los cambios de precios aumentan su frecuencia, más bienes y servicios comienzan a indexarse (incluido los servicios públicos, como el transporte actualmente) y se genera un acortamiento de todo tipo de contratos (paritarias pasando de revisarse semestralmente a trimestralmente y, en algunos casos, amagando con ir a bimestrales). 

Y esto sin incluir la fuerte emisión monetaria de fuentes exógenas (déficit primario, dólar "soja" y operaciones de mercado abierta para mantener la deuda en pesos performing) que podría llegar a 6 puntos del producto y, si bien de alguna manera ya ha comenzado a colarse en las expectativas de los agentes, agravará el cuadro.

¿Cómo y cuándo frena esto? Los regímenes de alta inflación si bien son volátiles, suelen ir marcando pisos y valles cada vez más elevados y no detienen su marcha hasta toparse con un plan de estabilización. Vale repasar la historia de los años 1983 - 1989, años en los que Argentina atravesó un régimen de alta inflación hasta toparse con la hiper de 1989. 

En repetidas veces el país atacó la inflación con estos planes, que a la postre probaron ser infructuosos, pero que transitoriamente lograron descomprimir la dinámica de precios. 

A modo de ilustración, el Plan Austral desplomó la inflación de 29,6% en junio de 1985 a 1,8% en febrero de 1986, mientras que el Plan Primavera la bajó de 27,60% en agosto de 1988 a 5,7% en noviembre de 1988. Lo preocupante del escenario actual es que el oficialismo carece de credibilidad y convicción para aplicar un plan de estabilización a menos de ocho meses de finalizar el mandato. 

En contraposición, lo auspicioso, es que probablemente sólo transitemos una alta y creciente inflación porque la expectativa de cambio de gobierno ya comenzó a jugar y actúa como un muro de contención para niveles de inflación más preocupantes si la elección no existiera. 

Para no fallar como aquellos planes de los '80, el foco debería estar en lo fiscal y, por lo que puede conocerse de los planes de la oposición, hacia allí estarían enfocados los cañones. Que el diagnóstico sea claro nos permite ver un halo de esperanza al final del camino.

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