La correlación entre el crecimiento económico y el nivel de felicidad

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Paolo Rizzo Paolo Rizzo 31-12-2020
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Por Paolo Rizzo

La OCDE midió los niveles de satisfacción de vida en sus 37 países. En un sondeo, realizado por Gallup, pidió a los ciudadanos de los distintos países cuál era el nivel de satisfacción de su propia vida en una escala de 0 a 10.

Los países escandinavos resultaron los más felices: Finlandia (7,75), Dinamarca (7,6), Noruega (7,5) y Islandia (7,5). Mientras Hungría (5,75), Portugal (5,55), Turquía (5,45) y Grecia (5,2) fueron clasificados como los más infelices.

Si bien la publicación es reciente, los datos se refieren al bienio 2016-17. Seguramente los resultados serían distintos si los midiéramos hoy. Bien sabemos cómo la pandemia nos ha afectado psicológicamente.

El análisis se limita a comparar los datos del bienio 2016-17 con los del bienio 2006-07. Es decir, comparamos los datos medidos antes de la crisis de 2008 con los de 10 años más tarde. ¿Puede ser que los países más afectados por la crisis hayan tenido una considerable disminución de la felicidad? ¿Y puede ser que los países que más se han desarrollado económicamente sean más felices? Parecería que sí.

Entre el 2007 y 2017, el PIB per cápita de un italiano o de un griego se ha derrumbado 8% y 24%, respectivamente. Mientras tanto, el nivel de satisfacción de vida por un italiano ha pasado de 6,7 a 6,1: una caída cerca del 10%. Para los griegos el nivel de satisfacción de vida ha pasado de 6,3 a 5,2: una caída del 17%.

Un caso especial parece ser España. En 2017 el país se había recuperado de la crisis ya que el PIB per cápita había igualado al de 2007. Pero el nivel de satisfacción de vida había pasado de 7,1 a 6,2: un 12% menos. Podría ser que el alto desempleo de 2017 (17,2%) explique porque los españoles no hayan vuelto a la misma satisfacción de vida.

Los casos de Argentina y Venezuela confirmarían la correlación. Los dos países no forman parte de la OCDE, pero otro sondeo de Gallup demuestra como los dos países hayan registrado una caída de la felicidad entre 2008-12 y 2017-19. En Argentina el nivel de satisfacción de vida ha pasado de 6,4 a 6 y en Venezuela de 6,8 a 5. ¿Es posible que la caída se explique con el estancamiento económico argentino y la catástrofe socio-económica de Venezuela?

Por otro lado, hay una larga lista de países que, al crecer económicamente, aumentaron sus niveles de felicidad.

En 2007 el PIB per cápita de un chileno era de US$ 18.800. Diez años después había crecido del 20% hasta llegar a US$ 22.650. Se trata de un aumento real medidos a precios constantes. En el mismo periodo el índice de satisfacción de vida ha pasado de 5,9 a 6,45: 9% más.

En esos años, países del este Europa han tenido un marcado crecimiento económico. En Letonia, el PIB per cápita ha crecido 13,4%, pasando de US$ 23.700 a US$ 26.900. Vivió en el mismo periodo un marcado crecimiento del nivel de satisfacción de vida: de 4,7 (el más bajo de la OCDE) a 5,95.

En 10 años, el PIB polaco aumentó 38%, el lituano 31%, el eslovaco 25% y el checo 15%. El nivel de satisfacción de vida ha aumentado 8% en Polonia, 3% en Lituania, 16% en Eslovaquia y 5% en Chequia. Otra vez, se trata de datos que confirmarían la correlación. Solo resulta difícil explicar el dato de Lituania ya que su crecimiento económico no ha mejorado significativamente el nivel de satisfacción de vida de sus ciudadanos. Quizás porque Lituania sigue siendo un país que vive una crisis demográfica sin precedentes. Entre 2007 y 2017 la población del país ha disminuido 13%, pasando de 3,2 millones a 2,8 millones.

Los datos de Alemania y de los países escandinavos sostienen la correlación. Son los países que registran los niveles más altos de riqueza per cápita y son, a la vez, los más felices. EL PIB per cápita de Alemania, Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia supera los US$ 45.000 anuales. El nivel de satisfacción de vida de sus ciudadanos supera el 7. Vale la pena subrayar que, entre 2007 y 2017, el PIB alemán ha aumentado 10% mientras el nivel de satisfacción lo hizo 7%.

En fin, la correlación positiva entre PIB y satisfacción personal de vida es confirmada por dos simples regresiones lineares. Un país que crece económicamente es un país más feliz. Y, sobre todo, un país que sufre una recesión económica es un país más triste. No se trata de una conclusión obvia. En los últimos años se ha hablado mucho de la posibilidad de un decrecimiento económico que nos haga felices. La realidad nos enseña que no es así.

La única excepción a la correlación parece ser Estados Unidos. Entre 2007 y 2017, su PIB per cápita ha crecido 7% mientras la satisfacción de vida ha pasado de 7,35 a 6,9. Sigue siendo un alto nivel de satisfacción de vida. Podría ser que la crisis de 2008 y las crecientes desigualdades económicas hayan disminuido el nivel de satisfacción de vida. Pero un análisis más completo debería tener en cuenta las distintas regiones de EE.UU. Podríamos obtener resultados muy distintos al analizar California con el “Cinturón de Oxido” (Rust Belt), la región que dio la victoria a Donald Trump en 2016.

En definitiva, como argumentan las Naciones Unidas, un crecimiento económico inclusivo y sostenido puede impulsar el progreso, crear empleos decentes para todos y mejorar los estándares de vida.

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