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Criptos

Después del temblor

La mayor interconexión entre los criptoactivos y los mercados de capitales es un llamado de atención

Hemos sido testigos de una fenomenal destrucción de riqueza y aún están por materializarse sus posibles consecuencias.
Hemos sido testigos de una fenomenal destrucción de riqueza y aún están por materializarse sus posibles consecuencias.
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Durante las últimas jornadas los mercados accionarios internacionales experimentaron caídas significativas, luego de que la Reserva Federal de EE.UU. incrementara la tasa de política monetaria en 50 puntos básicos, el mayor incremento de los últimos 22 años.

Por su parte, las denominadas criptomonedas sufrieron un derrumbe notable que, en el caso de Terra, significó su práctica desaparición. En otros términos, hemos sido testigos de una fenomenal destrucción de riqueza y aún están por materializarse sus posibles consecuencias.

Para explicar el precio de una acción o un bono, la teoría financiera nos remite al cálculo del valor actual del flujo de fondos que se estima generarán. Cuando un inversor compra una acción o un bono, en última instancia, está adquiriendo un flujo de fondos esperado, y su evolución dependerá de cómo impacten en el emisor las condiciones macro y microeconómicas imperantes en el mercado. Es decir, los activos financieros generan un flujo de fondos que permite estimar su valor desde una perspectiva de fundamentals.

En el caso de las monedas soberanas, que no generan un flujo de fondos, su evolución relativa puede ser explicada por los fundamentals del Estado emisor: situación fiscal y monetaria, entre otros factores.

Desde la creación del Bitcoin en el año 2009 han surgido centenares de criptomonedas que se presentan como monedas privadas y para algunas voces, reemplazarían al dinero fiduciario que emiten los Estados nacionales.

Sin embargo, para que un bien sea considerado dinero, debe cumplir tres condiciones básicas: medio general de cambio, reserva de valor y unidad de cuenta. Hasta el momento, la experiencia indica que ninguna de esas tres condiciones se estaría cumpliendo como para poder sostener que las criptomonedas son dinero. La volatilidad de su precio está lejos de ser la adecuada para ser reserva de valor; no tienen una aceptación generalizada para ser un medio general de cambio; y la enorme mayoría de los precios en los mercados no se expresan en bitcoins, sino que su medida de valor es en términos de la moneda soberana.

Tampoco las criptomonedas son una novedad desde el punto de vista conceptual de la emisión de monedas privadas, dado que históricamente han existido monedas privadas, sin dejar de mencionar la propuesta de Friedrich Hayek sobre la emisión de monedas privadas y la libre competencia entre ellas. Desde el punto de vista tecnológico, sí son una novedad, con su libro mayor descentralizado para validar sus operaciones, que reduciría el costo de las transacciones financieras y podrían contribuir a la inclusión financiera.

Si aún es prematuro considerarlas monedas, entonces, ¿qué son las criptomonedas? Tal vez, sea mejor denominarlas como con el término criptoactivos que utiliza el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que serían una representación digital de valor.

Al no existir un activo subyacente (a excepción de las stablecoins, que no resultaron ser tan estables), como podría ser el dinero mercancía o el respaldo del soberano (dinero fiduciario), la pregunta siguiente es cuál es la génesis de su valor. En primera instancia, la confianza que generan los que ofertan estos criptoactivos, aunque al no existir un único oferente, podría ser el alimento para generar una burbuja financiera.

La capitalización de mercado de estos instrumentos ha crecido significativamente durante los últimos años y sus magnitudes compiten con las capitalizaciones de los mercados accionarios.

Un reciente nota publicada por el FMI (Iyer, Tara: “Cryptic Connections: Spillovers between Crypto and Equity Markets”, Global Financial Stability Notes, 2022/01) nos brinda información que el mercado de estos criptoactivos no está desacoplado de la dinámica de los mercados accionarios, más aún, su correlación fue creciendo en los últimos años: considerando los precios diarios entre los años 2017 y 2021, la autora nos muestra la correlación positiva entra la volatilidad del S&P 500 y el Bitcoin, la cual pasó de 11% entre 2017 y 2019 a 46% entre el 2020 y 2021. Por otro lado, las correlaciones entre los rendimientos también crecieron en forma significativa entre ambos períodos.

La mayor interconexión entre los criptoactivos y los mercados de capitales (la nota expone también las correlaciones con respecto a bonos y otros instrumentos) es un llamado de atención frente a las oscilaciones de precios abruptas de estos instrumentos, burbujas especulativas que se puedan generar y las posibles relaciones de causalidad e impacto en los mercados de capitales.

¿Qué son las denominadas criptomonedas? No tengo una respuesta definitoria, pero la evidencia empírica no nos permitirá considerarlas monedas. El calificativo de criptoactivo impresiona más adecuado. Son instrumentos nuevos que de la mano de la innovación tecnológica han emergido y son actores que están dejando su huella en el mercado de capitales. Si finalmente se convierten en monedas privadas y se acercan a la ideas heyekianas, es un proceso que se encuentra en evolución. Y no está exento de riesgos.

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