Las commodities se frenan y hay dudas en América Latina

25 de enero, 2021

mundo américa latina

Por Luis Varela

Empezó la vacunación contra el Covid-19, llegó Joe Biden a la Presidencia de Estados Unidos y en Argentina el equipo económico de Alberto acaba de imponer un corsé de precios, de despidos y de alquileres. O sea, el mundo empieza a cambiar, pero Argentina continúa con el mismo modelo.

Biden, con Yanet Yellen, una ex titular de la Reserva Federal muy cercana al pensamiento del Nobel Joseph Stiglitz (de hecho su marido ganó ese premio con el mentor de Martín Guzmán) lanzará hoy una batería de medidas para reactivar la muy herida economía norteamericana.

El núcleo del gran bache de EE.UU. es el Covid. Ese país tiene en catorce meses de pandemia la enormidad de 427.000 muertos, el 20% de los 2,1 millones de muertos que provocó hasta ahora el Covid. Su economía tiene muchos problemas: perdió 22,2 millones de puestos de trabajo de los cuales recuperó poco más de la mitad, su tasa de desempleo es del 6,7% y el pedido de ayuda realizado la semana pasada se mantuvo arriba de 900.000.

Con esa foto preocupante, los gobiernos de todas partes empiezan a comprobar que la vacunación será lenta, trabajosa y veremos hasta qué punto es efectiva, ya que hay casos de gente que se vacunó y volvió a enfermarse. Al cierre de esta edición se llevaban 63,4 millones de personas vacunadas, el 0,8% de la población mundial, por lo que queda mucha tarea por delante.

Los países con más vacunaciones son Israel (ya vacunó al 39,6% de su población), Emiratos Arabes 24,5%, Gran Bretaña 8,9% y EE.UU. 5,8%. Y lo paradójico de estos últimos datos es que la cantidad de muertes creció de manera llamativa en Gran Bretaña, uno de los países con más vacunados, pero con cepas nuevas de la enfermedad.

Esta resistencia a ceder pese a las vacunas no se da únicamente en Europa: China, que venía con el virus más o menos frenado, lleva vacunadas 15.000.000 de personas y la cantidad de muertos está creciendo nuevamente, como no estuvo ocurriendo entre julio y diciembre. Y es justamente este tipo de información la que está haciendo recalcular en los expertos la velocidad de recuperación que podrá tener la economía mundial.

Uno de los termómetros que suele medir el nivel de actividad global es el consumo de petróleo y su precio. Entre octubre y mediados de enero el barril de la variante WTI subió de UD$ 34 a US$ 54 dólares, pero en las últimas seis ruedas de negocios esa tendencia se dio vuelta y el viernes pasado el barril terminó a menos de US$ 52.

O sea, la lenta vacunación, la defección de algunos casos y la aparición de nuevas cepas están poniendo en duda los rebotes en forma de “V” que imaginaban algunos expertos. Por lo que la velocidad del consumo puede disminuir y detrás de eso, los precios de muchos productos, algunos ciertamente claves para Argentina, como la soja, pegan la vuelta, y de subir sin parar ahora están mostrando bajas. Y no son solo los granos: los metales básicos, insumos de las industrias, también perdieron fuerza.

Con este rulo, las finanzas del mundo acaban de partir la realidad en dos. El presidente Biden acaba de confirmar el estímulo por US$ 1,9 billones (una cifra que casi no entra en la cabeza de nadie). Y sin embargo, a pesar de esa emisión sin fin de billetes verdes, la semana pasada el dólar estuvo débil contra las dividas fuertes (bajó contra el euro, la libra, el franco suizo y el yen), pero subió en Brasil y México.

En Argentina, que como siempre es un caso aparte, tuvo al dólar con tendencia mixta. Los que logran ganar pesos, los convierten a dólares y los fugan a través del contado con liquidación, vieron que el precio de ese dólar tuvo una suba semanal equivalente a la de Brasil y México. Pero los que no ganan pesos y tienen que vender el ahorro (dólares del colchón) vieron bajar al blue, con un achique semanal de casi 2%.

Con la inflación acelerando a más del 4% mensual, los plazos fijos tradicionales no seducen a nadie, ya que pagan apenas 2,8% al mes. Los que necesitan pesos para consumir los van administrando de ese modo, sin comprender que los plazos fijos UVA+1 los cubre mucho más de una licuación de los ahorros, aunque claro: esa forma de colocación es más tortuosa porque exige inmovilizar el dinero por 90 días.

Los que no piensan en plazos fijos y tienen fondos sobrantes como para invertir lo venían haciendo 100% en papeles externos, o bien con cuentas bancarias afuera del país o a través de compra de Cedears. Pero hacia mediados de mes el valor contado de los bonos argentinos fue tan ridículo que con chance cierta de default por delante algunos inversores muy arriesgados decidieron poner una ficha en bonos dolarizados. Por eso, la semana pasada los bonos repuntaron 0,6% y el riesgo país cedió 30 puntos en la semana, de 1.451 a 1.421 puntos.

Pero con los papeles privados eso no ocurrió. La persistencia del virus está planteando dudas incluso en las Bolsas internacionales más importantes. El viernes pasado, por ejemplo, dos papeles pesados como IBM e Intel tuvieron una caída del 10% en un solo día. Motivo: por la pandemia tienen previsiones de menor actividad, y sus cotizaciones son afectadas.

Así, en el balance semanal, la Bolsa de Nueva York fue la mejor de todas, con un salto del 4,2% en el índice Nasdaq y una suba del 0,6% en el índice Dow Jones de papeles industriales (gracias a la pequeña ayudita de Joe Biden). Y arriba del agua, junto a Wall Street, tuvieron balance semana positivo Frankfurt 0,6% y Tokio). Pero las bolsas latinoamericanas mostraron otra foto muy diferente.

Debido al giro que tuvieron las cotizaciones de las commodities, la Bolsa de San Pablo tuvo una caída semanal del 3,7%, la de México achicó 2,6% y la de Santiago de Chile bajó 2%. Y la Bolsa de Buenos Aires estuvo ahí, mezclada en el fondo de la tabla: el índice S&P Merval cayó 4% en pesos o 2,2% en dólares.

¿Por qué repuntaron los bonos y no pudo hacerlo la Bolsa? José Ignacio Bano, jefe de Research de InvertirOnline, detalló que “desde septiembre estuvimos recomendando invertir el 100% de la cartera fuera de Argentina, pero los bonos cayeron tanto que algunos inversores muy arriesgados parecen haber entendido que los precios están tan bajos que se puede poner una ficha, mínima, que no llegue al 10%, casi todo en bonos por ahora, no tanto en acciones”.

Con la pax cambiaria lograda en octubre (conseguida artificialmente vendiendo reservas y quemando bonos), la Bolsa de Buenos Aires había podido recuperar 36% en dólares a lo largo de noviembre. Pero se ve con claridad que el Presidente sigue sin modificar el rumbo económico. Pone en los privados todo el ajuste, no toca el gasto público, piensa seguir encorsetando todo hasta las elecciones y, en consecuencia, en el último mes y medio la Bolsa local perdió 15%, casi la mitad de lo ganado en noviembre.

Y el viernes pasado, con números de la pandemia que siguen muy amenazantes, y con Argentina, bien en vacunación en América Latina, pero a años luz de lo que pasa en los países ricos, el equipo económico volvió a tomar medidas a contramano de la inversión: más corsé de precios, más trabas laborales, más castigo a los dueños de inmuebles alquilados.

Resultado: tenemos por delante 9 meses preelectorales en lo que estará el mojón de la negociación con el FMI, pero hay muchos vencimientos de deuda por pagar. Y si bien las lluvias beneficiaron algo la cosecha que viene, la balanza muestra que podremos tener más granos, pero no tanto ingreso. Por lo que será clave lo que ocurra con la demanda china y los precios en Chicago. Esos dos datos serán los que estarán en los próximos días en el centro de la consola.