Señales para todos y el riesgo del juego de suma cero

16 de noviembre, 2020

guzman cristina

El Gobierno de Alberto Fernández está haciendo un delicado equilibrio. La indispensable negociación con el FMI y la necesidad de cerrar la brecha cambiaria para reducir la incertidumbre (y evitar la devaluación que nadie quiere) requieren determinado tipo de medidas y un discurso acorde.

Por otro lado, evitar incomodar al socio mayoritario de la coalición (el kirchnerismo)  y no afectar a la base electoral propia implica impulsar decisiones de otra naturaleza y justificarlas con un relato diferente.

El Presidente venía transitando un camino cuyo primer objetivo, que se cumplió, era lograr un acuerdo con los acreedores privados en el marco de una severa crisis originada por la pandemia.  Pero se encendieron todas las alarmas cuando el dólar blue se ubicó en $195. A partir de allí se tomaron iniciativas de corte más ortodoxo. Se abandonó parcialmente el camino de las restricciones crecientes y se comenzó a recurrir a los incentivos “de mercado” para controlar el dólar y se utilizaron otro tipo de medidas. Se decidió reducir el peso de la emisión monetaria para financiar un déficit que ahora se apuntaría a que sea menor al 4,5% del PIB que figura en el Presupuesto en 2021. Días atrás, se anunció que no habría IFE 4 y un ATP “light” para el último bimestre.

Finalmente, la fórmula elegida por el oficialismo para realizar los ajustes de las jubilaciones y de los programas sociales es también una señal ortodoxa porque apuesta a la sustentabilidad del sistema y a desindexar la economía.  Es cierto que la fórmula que se propone  favorecería a los jubilados en los ciclos expansivos en los que crecen el empleo, los salarios  y la recaudación, pero los expone al riesgo de ver deteriorados sus ingresos si la inflación se acelera (como se espera). En ese caso, se podría recurrir a un decreto presidencial para compensar las pérdidas, pero eso significaría reconocer el error por la fórmula elegida y se volvería a la discrecionalidad.

En este contexto, el Gobierno decidió, ante tantas señales recientes para “el otro lado”, compensar con el “impuesto a la riqueza” que tenía adormecido. A los efectos prácticos, la iniciativa es contraproducente para la recuperación de la economía, pero puede servir para ajustar el discurso en línea con lo que pretende un sector de la coalición. En la misma corriente, se ubica la carta enviada por los senadores del FdT al FMI, cuyo contenido, tanto el Presidente como el ministro de Economía, dicen compartir.

En el debate presidencial en Santa Fe, en 2019, Fernández afirmó que en economía podría llegar a tomar tanto medidas ortodoxas como heterodoxas. Por supuesto que la pandemia afectó todos los parámetros, pero aquella definición sigue siendo válida. El desafío para esas estrategias es evitar  que las medidas se vayan anulando unas a otras en un juego constante de avances y retrocesos.     

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