Ni Biden ni Trump: el futuro del vínculo bilateral con EE.UU. depende de Argentina

24 de noviembre, 2020

Ni Biden ni Trump: el futuro del vínculo bilateral con EE.UU. depende de Argentina

Por M. Lourdes Puente (*)

La política exterior de Donald Trump impactó fuertemente en el mundo, por su repliegue brutal en un momento de la historia de mucha incertidumbre. Su decisión de irse de todos los lugares de la agenda global afectó fuertemente el sistema internacional y la defensa de los bienes globales, incrementado la falta de gobernanza global y, en tal sentido, todos los países, incluyendo Argentina, sintieron el efecto. Pero la agenda bilateral tiene otro ritmo y otros asuntos, que no necesariamente se vinculan con la presidencia de turno.

Es poco lo que se sabe de lo que viene con Joe Biden, pero importa señalar algunos puntos que podrían incidir en su política exterior.

– Deberá concetrarse en el ámbito doméstico. Sobre todo por la pandemia y la cantidad de urgencias que deja la adminsitración Trump.

-Tendrá más peso la burocracia institucional que tanto dañó Trump, por lo que lo previsible es que las agendas vuelvan a estar en manos de funcionarios expertos y que haya mayor influencia del Partido Demócrata.

– La política exterior suele requerir aprobación del Senado, que estará en manos de los republicanos, lo que le quitará margen de acción para cambios muy profundos.

EE.UU. y Argentina: cruzando agendas

Agenda tradicional. No importa el Presidente, la cooperación en temas espaciales, la condena general al terrorismo y la defensa de los DDHH han sido tópicos compartidos. En el primer caso, además, muy efectivos en acciones. La colaboración entre la NASA y CONAE, es decir, la política espacial, se ha mantenido a pesar de los cambios de signo de gobierno y algunos momentos críticos.

Multilateralismo. Biden ha anunciado la decisión de volver a ocupar un lugar en el mundo (el dice “liderar”), lo cual augura buenos vientos para el orden multilateral, hoy amenazado por la competencia estratégica de la China ascendente y EE.UU. Sin embargo, los intereses y acciones de Moscú, las apetencias de Turquía, Arabia Saudita, India, los comportamientos de Irán y Corea del Norte, los nacionalismos estaduales y subestatales, la creciente integración africana, la búsqueda de Europa por no quedar afuera, el empoderamiento de las empresas tecnológicas y comunicaciones son todas fuerzas contrarias a dejarle el mundo solo a China y EE.UU. En ese sentido, para los países de América Latina, que en soledad no tienen fuerza ni estatura para hablar con EE.UU. o China, es más importante construir multilateralidad.

Sin embargo, si uno lee cuidadosamente el planteo de Biden (“Why America Must Lead Again: Rescuing U.S. Foreign Policy After Trump” en Foreign Affairs), cuando refiere a volver a las alianzas de sus amigos, hay un llamado a unir las democracias para dar pelea a los autoritarismos y países contrarios a la libertad. Incluso expresa que convocará a una conferencia internacional sobre democracia. Y en ese sentido, podría haber una vuelta a la discusión idelógica política, que deja afuera a China y probablemente a Rusia, a quien Biden siempre pone del lado contrario. Un escenario así no les conviene a los países en desarrollo, que estarían obligados a optar. Por eso, el multilateralismo es el camino a defender.

Agenda global. Biden anuncia una vuelta a los acuerdos que Trump denostó. Y pone en agenda propia los intereses globales: cambio climático, no proliferación y seguridad sanitaria. La defensa de la democracia y la libertad, la lucha contra la corrupción y el autoritarismo, así como los tratados comerciales con claúsulas de protección laboral y ambiental. Todos esos intereses son convergentes a los argentinos.

Agenda comercial. Las economías no son complementarias sino competitivas. Aun así, EE.UU. es el tercer socio comercial de Argentina. La agenda suele tener diversos conflictos ya que atraviesa muchos intereses que juegan en este tablero de la relación, que impactan según la efectividad de ciertos lobbys o la situación interna que predomine en uno u otro lado. Biden plantea una vuelta a todos los acuerdos comerciales, pero quiere incluir en la mesa de negociación las ONG vinculadas a cambio climático y los sindicatos, de manera de no afectar el empleo americano, la protección de los trabajadores y el cambo climático. El terreno comercial será también, entonces, campo de lucha ideológica. No habrá acuerdos en los que no se respetan normas laborales y ambientales. Argentina no debería tener problemas con una agenda de este tipo, dada su defensa de tales valores. Aunque no esté en sus intereses un acuerdo comercial con EE.UU., en esa disputa, es dificil que quede del lado de los que quieren acuerdos sin normas laborales y ambientales. Habrá que analizar qué aliados necesitamos para que ese respeto a leyes ambientales y laborales, no se conviertan en mecanismos que impidan que nuestros países ingresen en sus mercados. Esto requiere mucho trabajo de expertos, y más aliados que compartan nuestras dificultades.

Inversiones. EE.UU. representa alrededor del 22% de las inversiones directas en Argentina. Y aunque este tema no parece depender del signo político del gobierno, sino de las condiciones macroeconómicas argentinas para que se efectúen, será necesario prestar atención a la reacción del nuevo Gobierno frente a las facilidades que está dispuesto a dar China en esta área. Por eso, Trump jugó la carta de poner el presidente del BID. Y Biden, en el artículo que escribió para Foreign Affairs, refiere lo importante que fue la asistencia a Centroamérica en el Gobierno de Barack Obama para desalentar la emigración. Entonces, la agenda migratoria en Centroamérica y la competencia estratégica con China, pueden ser incentivos para programas que favorezcan inversiones en la región.

Deuda. La negociación con el FMI que requiere Argentina está en la agenda bilateral, dado el aporte del 17% que EE.UU. hace al organismo, lo que significa un voto importante en la negociación. Pero este tema es muy probable que esté en manos de la burocracia institucional y, de hecho, la postergación a febrero espera esa definición.

Tecnologías. Hay ríos de tinta escritos con la disputa que están teniendo EE.UU. y China con el tema del 5G y la soberanía en el ciberespacio. Dependerá de cómo avance la competencia estratégica entre ambos colosos. Si la misma empieza a dividir zonas de influencia y exigir tomar partido por parte de los países, Argentina tendrá muchas dificultades. Pero no será el unico. Y en ese caso habrá que hacer evaluaciones muy cuidadosas y sería muy importante abordarlo regionalmente. Las grandes empresas tecnológicas son las primreras interesadas que esta “guerra” no llegue a mayores.

Venezuela. La posición de Argentina de condena a la violación de los derechos humanos, pero de no reconocimiento del Gobierno de Juan Guaidó y de respeto de la solución interna, puede ser un activo si el Gobierno de Biden quiere jugar una apuesta a solución negociada. Su cruzada anunciada por la defensa de la democracia y la libertad, que según lo que escribió suma corrupción, podrá darle en la región centralidad al asunto. Pero como demostró durante la gestión de Obama con Cuba, los demócratas no creen que sean efectivos los métodos de sanciones. Puede, en este tema, haber una punta de encuentro bilateral para ayudar a encontrar una salida.

Defensa y seguridad. En esta agenda, la región se divide en tres: Centroamérica por crimen organizado y migraciones; la América andina por narcotráfico y Sudamérica que tiene algo de la agenda de narcotráfico, pero que va en disminución. Este tema, que está en los intereses del Comando Sur de las FF.AA. de EEUU, en el caso de Argentina, se conduce desde la Justicia y la seguridad pública. La cooperación o entrenamiento ofrecidos, son materia de esa agenda, y no de la de defensa. No debería haber cambios significativos. El tema puede colarse por la situación de Venezuela, y la falta de control territorial que desborde regionalmente. Pero no hay alternativa de intervención militar con Biden, más alla de asistencia en la lucha contra el narcotráfico, como movilizador de recursos militares hacia los países vecinos a Caracas.

Dada la importancia que le da Biden a la amenza rusa, no hay que descartar que en la “agenda Venezuela”, el tema de militares rusos en su territorio, sea un tema crítico, como lo es para Brasil. Pero no tendría por qué afectar la vinculación con Argentina

Corrupción. Biden mencionó en el artículo señalado que en su agenda exterior estará el combate a la corrupción en todas sus formas, incluso en la financiera. Este tema es bastante crítico en la región y, en Argentina, objeto de disputa y acusaciones mútuas entre las dos coaliciones políticas. Habrá que ver si el interés por promover prácticas transparentes, genera incentivos desde EE.UU. a fin de financiar programas al respecto.

Brasil. Tradicionalmente, el país que interesa a EE.UU. en la subregión es Brasil. En ese sentido, los lazos personales del actual presidente brasileño con Trump y la particularidad de su personalidad e ideas, ponen en cuestión esa vinculación, y podrían darle alguna ventana de oportunidad a Argentina como interlocutora. Pero eso va a depender más de Argentina que de EE.UU. La ideologización de vínculos que plantea Jair Bolsonaro dificulta la relación bilateral Argentina-Brasil, por lo que es incierta la posibilidad de avanzar.

La agenda no parece muy novedosa ni muy diferente. El relacionamiento con el EE.UU. de Biden, como con la China de Xi Jinping, requiere, sobre todo, que tengamos muy claro los intereses que queremos defender.

Eludir alianzas con uno solo de los grandes, promover con otros pares el multilateralismo y participar en la definición de las reglas que hay que construir, debiera ser nuestro propósito. No es tanto lo que los otros hagan, sino lo que nosotros querramos hacer. Pero no cabe duda que el país sería mucho más fuerte si su participación en el mundo fuera fortalecida con sus pares. Revivir alguna forma de integración regional es el mejor camino para las decisiones que vienen. Porque Biden es EE.UU .y sus intereses. Nosotros tenemos que definir los nuestros. El G20 como eventual mecanismo de gobernanza global nos da la oportunidad de que al menos en ese espacio, Argentina, Brasil y México encuentren como articular los intereses de países en desarrollo en el mundo que viene.

(*) Politóloga y Directora de la Escuela de Política y Gobierno (UCA)