CBDC: ¿Cómo serán las cajas de ahorro en los bancos centrales?

19 de noviembre, 2020

CBDC: ¿Cómo serán las cajas de ahorro en los bancos centrales?

Por Gonzalo Martínez Mosquera (*)

La semana pasada, Christine Lagarde, hoy presidenta del Banco Central Europeo (la misma que Mauricio Macri quería que nos enamoremos cuando estaba en el FMI), lanzó una consulta popular para ver si a los europeos les interesa tener un euro digital y para qué lo usarán en caso de que se emita.

Por su parte, Jon Cunliffe, Deputy Governor for Financial Stability del Banco Central de Inglaterra, cuando le consultaron por el riesgo de que el dinero digital altere el modelo de negocio de los bancos respondió: “Nuestro trabajo no es protegerlos sino cuidar la estabilidad macroeconómica y financiera”.

Por último, Richard Clarida, el vicechairman de la Reserva Federal, afirmó esta semana que su prioridad no es ser los primeros en lanzar el dólar digital sino hacerlo bien.

Como puede observarse, el tema del Dinero Digital de Bancos Centrales o CBDC (por sus siglas en inglés) está cada vez más presente en la economía monetaria mundial. Es importante, por lo tanto, entender de qué se trata esta nueva dimensión de la moneda.

¡Las CBDCs, en realidad, ya existen!

Si nos apoyamos en la definición literal de una CBDC, tenemos que decir que estas ya existen hace rato. Los famosos encajes (que en el mundo se conocen como “reservas”) no son otra cosa que dinero digital emitido por bancos centrales que se encuentra en poder de los bancos comerciales.

¿Y los depósitos bancarios?

Por su lado, un depósito es una deuda del banco comercial. Esos pasivos (caja de ahorro, cuenta corriente, plazo fijo o cuenta sueldo, entre otros) están asegurados por la autoridad monetaria hasta el monto de $1.000.000 (según surge de su página de Internet). Podría decirse que de alguna manera esos depósitos ya son una forma de deuda del Banco Central.

Si alguien tiene pesos en el banco puede estar tranquilo que del otro lado del mostrador está el Banco Central respaldándolos. Yo diría que, funcionalmente, ellos también son una forma de CBDC.

Entonces, ¿cuál es la novedad?

La pregunta que surge en el mundo es por qué los bancos son las únicas entidades con acceso a la autoridad monetaria respaldando los depósitos.

Aquí es donde aparece la primera diferencia relevante. ¿Qué pasaría si otras instituciones (MercadoPago, Google, etcétera) tuvieran acceso a depósitos asegurados del banco central?

La idea sería simple: del lado del activo esas empresas tendrían reservas (encajes 100%) y del lado del pasivo, los depósitos respaldados que acrediten la deuda con los propietarios del dinero.

¿Por qué podría convenir que eso ocurriera?

La respuesta es innovación.

Si bien por ejemplo hoy la empresa de Marcos Galperin ya participa en el sistema de pagos, se supone que no es lo mismo que para hacerlo tenga que recurrir a una entidad bancaria. El hecho de necesitar un intermediario ante el Banco Central limitaría la facilidad para desarrollar nuevos productos y soluciones.

Según algunas propuestas de CBDC, abrir la puerta a nuevos competidores generaría el arribo de mejores productos y una experiencia del usuario más satisfactoria.

Claramente, en caso de acceder en directo al Banco Central, esas entidades deberían ser reguladas (pensemos que están manejando el dinero de la gente) aunque no de la misma manera que lo es un banco, dado que aquellas no podrían emitir dinero otorgando préstamos.

Una de las preocupaciones que surge es si los bancos podrían perder el financiamiento para dar crédito si hubiese una “corrida” hacia depósitos hacia aquellas nuevas instituciones con respaldo de 100% del Banco Central.

Es un tema me lo reservo para un futuro artículo, pero a modo de spoiler anticipo que, en mi opinión, la respuesta es “no” y no habría ningún problema si aquello ocurriera.

¿Hay algo más?

Sí. Si bien el hecho de abrir el sistema de pagos a más competencia ya sería un avance importante, pareciera que falta algo para poder sacarle todo el jugo a una CBDCs.

Ese ingrediente que falta es la programabilidad.

Quienes nos vinculamos al mundo de las criptomonedas hace ya un tiempo conocemos el valor de esa palabra y todas las oportunidades que abre.

¿Cómo tener un peso programable?

Por lo que vimos hasta ahora, si uno tuviera un peso digital, este sería una deuda del intermediario (fuera un banco u otra entidad). Esencialmente no tendría mucha diferencia con un depósito bancario actual. Pareciera faltar un paso que permita una relación directa entre el dueño del dinero y el emisor.

A modo de ejemplo cabe señalar que cuando uno tiene Bitcoin en una billetera virtual, uno está interactuando directamente con la Blockchain, que es quien en definitiva emitió dicha moneda virtual. Si uno decidiera cambiar de prestador del servicio de wallet, el Bitcoin no cambiaría ni sería necesario transferirlo. El ente digital sigue siendo el mismo sin importar el instrumento que uno usara para comunicarse con el emisor.

En general cuando uno programa tiene que “decirle” a la computadora qué hacer con aquel ente digital. Para una máquina es muy distinto si ese ente es una deuda del intermediario X a que si fuera una deuda del intermediario Y. Son, de hecho, dos entes distintos.

Si uno, en cambio, pudiera tener un ente digital que fuera una deuda directa del Banco Central, entonces tendríamos un peso susceptible de ser programado. Tendríamos “dinero programable”.

Ya no sería necesario comunicarse con el intermediario para darle indicaciones sobre qué hacer con nuestro dinero sino que directamente le estaríamos hablando al dinero. “Quiero que no te muevas por un mes”, “quiero que vayas a tal billetera pero sólo realices pagos de a 10% semanal”, “quiero que si el tipo de cambio pasa de 10 te intercambies por reales”, etcétera,

Para entender el valor del dinero programable sugiero conversar con alguien que tenga vasta experiencia en el mundo de las criptos. Todos los días nos enteramos de una funcionalidad nueva.

Ya conocemos la importancia de la interoperabilidad. Llega el momento de impulsar la interprogramabilidad.

Y hablando de las criptos, ¿qué papel juegan en todo esto?

Lo más probable es que la mayoría de las CBDCs no se emitan sobre la tecnología detrás de las criptomonedas (llamemoslá Blockchain). Esta permite operar sobre registros que no son manejados por un ente centralizado.

Solo conozco un proyecto de CBDC sobre Blockchain que está muy avanzado: es el caso de Islas Marshall, que lanzarían su dinero digital sobre la red de Algorand, lo cual les permitirá programar la política de emisión monetaria de forma predeterminada (el sueño de Milton Friedman).

Más allá de esos casos particulares, las CBDC también afectarán al mundo de las criptomonedas. En particular, será, a la vez, una oportunidad y una amenaza para las famosas stablecoins, también conocidas como criptodólares.

Recordemos que esas monedas son respaldadas por dinero “real” en cuentas bancarias y su propiedad se encuentra registrada en la Blockchain (registros descentralizados utilizados en el mundo cripto).

El hecho de tener una CBDC podría facilitar el modelo de negocio para los emisores de dichas monedas. Estos podrían tener en sus activos la moneda emitida por la autoridad monetaria sin la necesidad de recurrir a un banco y emitir su “deuda” (el criptodolar) sobre Blockchain.

Su uso podría aplicarse a cualquier transacción donde fuera preferible no depender de un ente centralizado (cambios de moneda internacional, operaciones comerciales entre compañías, compra-venta de acciones, etcétera).

En lo que refiere a tecnología del dinero, Argentina ha dado pasos enormes en los últimos años para tener uno de los sistemas de pagos más avanzados del planeta en cuanto a velocidad e interoperabilidad.

El mundo hoy está hablando de las CBDC y la posibilidad de acercar los pasivos del Banco Central al usuario final.

Un paso intermedio es abrir la posibilidad de competir dentro del sistema de pagos a entidades distintas a los bancos y en igualdad de condiciones con estos. Este paso generaría avances en innovación y mejora de la experiencia del usuario.

Pero un paso adicional, que recién está comenzando a considerarse, es la posibilidad de tener un dinero del Banco Central programable, que no sólo permite mayor competencia sino que nos abriría las puertas a una nueva experiencia en nuestra relación con el dinero.

La posibilidad de hablarle al dinero sin intermediarios puede volverse una realidad. Veremos quién será el primero en animarse a ponerlo en práctica y convierta la “interprogramabilidad” en una realidad.

(*) Embajador de Algorand

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