Luxemburgo asoma como la nueva capital financiera de Europa en reemplazo de Londres

16 de septiembre, 2020

Luxemburgo asoma como la nueva capital financiera de Europa en reemplazo de Londres

Por Pablo Maas

Ni Frankfurt, ni París. Tampoco Amsterdam o Dublín. La próxima capital financiera de Europa, en reemplazo de Londres, podría ser Luxemburgo. El diminuto Estado, de 600.000 habitantes, está en la pole position para tomar la posta pos-Brexit, a juzgar por el número de bancos, compañías de seguros y empresas gestoras de fondos de inversión que se están mudando de la City londinense al “gran ducado”.

Según un informe de KPMG, más de 70 grandes corporaciones lo han hecho en los últimos dos años. Además de estar ubicado en el corazón geográfico de Europa, entre los gigantes Alemania y Francia, Luxemburgo ha estado sobrerepresentado en relación a su tamaño y población en la política europea reciente: dos de los últimos cinco presidentes de la Comisión Europea, Jacques Santer (1995-1999) y Jean-Claude Juncker (2014-2019) fueron previamente primeros ministros luxemburgueses.

El gran ducado ya es desde hace tiempo una enorme aspiradora de capitales. Las inversiones extranjeras radicadas en sus 2.500 kilómetros cuadrados son sencillamente colosales: suman 4,5 billones de euros (comparado con 1,5 billones en Irlanda). Y están allí gracias a unas particulares leyes impositivas. La reputación del gran ducado sufrió un golpe demoledor después del escándalo de los “papeles de Luxemburgo”. Los “LuxLeaks“, publicados por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación en 2014 revelaron acuerdos entre multinacionales y las autoridades del ducado para permitir a las grandes corporaciones ahorrarse miles de millones de euros en impuestos, lo que en la práctica hacía del diminuto Estado un paraíso fiscal. El Consorcio publicó 28.000 páginas de documentos que mostraban que más de 300 empresas multinacionales, incluyendo algunos nombres célebres como Amazon, Apple, Ikea, Fiat y Pepsico, tenían convenios impositivos con las autoridades fiscales de Luxemburgo que les permitían pagar impuestos de apenas el 1% sobre sus ganancias. 

Desde entonces, las autoridades están haciendo esfuerzos para limpiar la imagen de paraíso fiscal que se le suele atribuir a Luxemburgo. En enero de 2015, el gran ducado introdujo un sistema de intercambio de información impositiva automática con otros países europeos, con lo que logró que la OCDE lo removiera de su lista negra. El último informe de la OCDE de 2019 dice que Luxemburgo cumple “en gran medida” (largely compliant) pero no completamente, las pautas de transparencia requeridas por la organización. El año pasado también se aprobó una ley que hace obligatorio para las empresas extranjeras con operaciones en Luxemburgo entregar, a pedido, la documentación relacionada con precios de transferencia, un mecanismo habitual empleado por firmas multinacionales para repartir sus ganancias entre diversas filiales.

Algunos críticos no están muy convencidos de estos progresos y siguen siendo más bien escépticos. La Tax Justice Network, una ONG con base en Gran Bretaña famosa por sus investigaciones sobre lavado de dinero y paraísos fiscales, sostiene que a pesar de los últimos cambios “no es creíble” que Luxemburgo esté cumpliendo con las normas relevantes para evitar la evasión impositiva. En un informe publicado el 27 de abril pasado, TJN dice que Luxemburgo es responsable de la pérdida de US$12.000 millones en ingresos fiscales para países de la Unión Europea. Y esto solamente por parte de los manejos impositivos que realizan corporaciones estadounidenses. “Por cada dólar adicional de impuesto a las ganancias que Luxemburgo recauda de las multinacionales estadounidenses, la Unión Europea pierde (de recaudar) 32”, dice el informe.  Según un “índice de paraísos fiscales” que realiza la organización, Luxemburgo está sexta en la lista de los primeros 10, luego de las Islas Vírgenes Británicas, Bermuda, Islas Caimán, Holanda y Suiza. 

Sin embargo, a algunos jugadores clave de la economía internacional estos “detalles” los tienen sin cuidado. China, nada menos, tiene a Luxemburgo como su niña mimada en el continente europeo, lo que ha convertido al país en el centro financiero de las compañías chinas que hacen negocios en la UE. Siete grandes bancos chinos tienen sedes en el gran ducado, como parte de una relación que comenzó hace más de cuatro décadas. Esta es una historia curiosa.  Adolphe Franck, un mecánico empleado de los ferrocarriles luxemburgueses y entusiasta comunista, cedió al régimen chino durante los años 60 unas patentes de mejoras tecnológicas para locomotoras que le pertenecían. Esto fue el inicio de una estrecha relación entre Franck y el entonces presidente Mao Zedong. Cuando en 1979, tres años después de la muerte de Mao, el Banco de China abrió su primera sucursal fuera de su país, el lugar elegido fue Luxemburgo. Franck murió en 1993, a los 100 años.

La preferencia china por Luxemburgo es un factor de peso que podría inclinar la balanza a su favor a la hora de definir quién gana la carrera para convertirse en la capital financiera de la UE. Aunque la imagen de paraíso fiscal que todavía tiene que sacarse de encima no es poca cosa en estos tiempos de apremios fiscales provocados por la pandemia. Según Tax Justice Network, la verdadera justicia fiscal llegará el día en que la Unión Europea adopte un sistema impositivo unitario (Common Consolidated Corporate Tax Base) que termine definitivamente con las prácticas de girar ganancias a paraísos fiscales. “Hoy más que nunca, los países de la UE tienen que reprogramar sus sistemas impositivos para priorizar el bienestar de sus pueblos sobre los intereses de las corporaciones más ricas. Esto comienza con la transparencia”, dijo la organización.

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