Una campaña electoral en el medio de una crisis imprevista

7 de agosto, 2020

Por Clarisa Demattei Licenciada en Ciencias Políticas y profesora en la Universidad Católica Argentina (UCA) y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA)

Sin dudas, la campaña presidencial 2020 en Estados Unidos va a pasar a la Historia por sus características peculiares.

Por un lado, las encuestas dan una ventaja de 15 puntos al exvicepresidente y candidato demócrata Joe Biden. Si bien esto bajo ninguna circunstancia asegura una victoria (recordemos que prácticamente todas las encuestas de 2016 daban por ganadora a Hillary Clinton) puede sorprender a varios analistas que hace tan solo 5 meses sostenían que el Partido Demócrata estaba vacío del liderazgo. Pero estos datos no solamente extrañan a periodistas y especialistas políticos, sino al propio entorno del presidente Donald Trump quien atraviesa una crisis económica sin precedentes cuando, a lo largo de sus 4 años de mandato, la economía fue precisamente la base sobre la que se apalancaba su imagen positiva.

Y es de este modo que el propio Presidente comenzó una estrategia de deslegitimar la herramienta que puede amenazar su reelección, es decir, las propias elecciones. Hace ya algunas semanas Trump comenzó a esbozar la posibilidad de no reconocer los resultados electorales en caso de que no resulte vencedor. Sin embargo, y al ver que su intención de voto se hundía cada vez, comenzó a deslegitimar uno de los procesos electorales más sólidos y estables del mundo. De esta forma, y ante una pandemia que no da tregua en Estados Unidos, Trump empezó a poner bajo la lupa las elecciones presidenciales a través de una serie de polémicos tweets en los que dejaba entrever la posibilidad de postergar la contienda electoral.

¿Por qué? Porque según él, la alternativa que tienen todos los norteamericanos que figuran en el padrón electoral de votar por correo no es segura y puede dar lugar al fraude. Pero a pesar del énfasis puesto por el Presidente, todos los analistas coincidieron en que no existen pruebas fehacientes que demuestren que el voto por correo alienten procesos fraudulentos e imprecisos.

Sin embargo, ¿cuáles son los verdaderos motivos que impulsan a Trump a sugerir la posibilidad de postergar la fecha de las elecciones presidenciales?

En primera instancia, la cuestión de la economía. Durante los casi 4 años de su mandato, su base discursiva para mostrar una buena gestión fueron los resultados económicos positivos que, si bien ya venían con el impulso de su predecesor Barack Obama, acompañaron a su administración. El desempleo, en febrero, llegó a picos mínimos históricos y la reactivación económica fue tan importante que obligó al Partido Demócrata a revisar su estrategia mediática.

Pero todo cambió con la llegada del Covid-19 a Estados Unidos. Para junio, la Cámara de Comercio anunció que el país reportaba un caída anual del PBI de 32,9%. Además, las estimaciones arrojan que hay actualmente 17 millones de desocupados y las cifras aumentan por millón semana a semana. Si bien el Gobierno desembolsó una ayuda mensual de US$ 600 por desempleado, el Congreso todavía no pudo ponerse de acuerdo en un paquete integral de ayuda debido a las desinteligencias entre los dos partidos predominantes.

Por lo tanto, la economía, sumada a las protestas y los movimientos sociales por la muerte de George Floyd, generaron un fuerte descenso en su imagen positiva y su intención de voto. Tal vez aplazando las elecciones, los ánimos sociales vuelvan a su cauce normal y la economía pueda finalmente recuperarse después del cimbronazo de la pandemia. Pero además de la economía, la otra variable de peso es la participación electoral. “Existen diversos estudios que afirman que una baja participación electoral, incluso potenciada por el mal clima en la jornada electoral, beneficia al Partido Republicano, en detrimento de los demócratas. Anclado en este conocimiento popular, y trabajado por la ciencia política, es de esperar que el bando presidencial, ante una caída en los estudios demoscópicos, intente desestimular la asistencia a las urnas del electorado estadounidense. El riesgo de contagio de Covid se convirtió en un costo adicional a los habituales de ir a votar. Ante la posibilidad de que no todos puedan concurrir a los locales de votación, es posible que un número importante de votantes decida votar por correo. Una expansión masiva del voto postal, siguiendo la lógica antes mencionada, puede devenir en una amenaza para el presidente, ya que considera que muchos republicanos entre el miedo a contagiarse Covid al momento de concurrir a votar pero a su vez sospechar de la credibilidad del voto por correo, opten directamente por no emitir su voto”, explica Fernando Domínguez Sardou, licenciado en Ciencias Políticas y docente de la UCA, Untref y Usal.

Por otra parte, el voto por correo suele ser una solución para trabajadores y empleados pertenecientes a minorías étnicas que generalmente por cuestiones laborales no pueden concurrir a votar de forma presencial. Y estos ciudadanos que en general suelen tener obstáculos para concurrir a sus locales de votación, eligen -en este contexto- como candidato a Biden. De esta forma, mientras que los propios votantes de Trump no participan, lo hacen en mayor medida los electores de su rival.

Más allá de sus motivos, sean estos acertados o no, la realidad es que la cabeza del Poder Ejecutivo no puede cambiar las fechas de las elecciones ya que las mismas, desde 1845, están fijadas por una ley del Congreso. Por esto, en caso de querer modificarla deberá pasar por la Cámara de Representantes en manos del Partido Demócrata, lo cual lo convierte en algo prácticamente imposible.

A su vez, si bien el Senado posee una mayoría oficialista, dentro del propio seno del Partido Republicano tampoco ven con buenos ojos una posible postergación del comicio. Fue el propio presidente del bloque republicano que objetó esta idea, afirmando que a lo largo de la Historia y a pesar de haber sufrido guerras, depresiones e incluso una guerra civil, Estados Unidos nunca dejó de celebrar sus elecciones en el plazo previsto por una ley federal que establece que las mismas deben ser el primer martes del mes de noviembre.

En conclusión, puede que la estrategia de deslegitimar las elecciones sea provocada para desviar la atención de las pésimas cifras que últimamente empañaron su gestión o por el contrario puede que sea una intención real. Sin embargo, no debemos apurarnos. No solamente es demasiado temprano para predecir un ganador sino que además no podemos olvidarnos que Trump se hace fuerte en las adversidades y logra ventajas aún en los escándalos (tanto políticos y personales) y en las crisis. En su entorno se demuestra cierta preocupación, es verdad, pero todavía no hubo ninguna crisis política, económica o sanitaria que fuera capaz de derrotarlo por completo.

Dejá un comentario