Margrethe Vestager: el azote de las grandes tecnológicas perdió una batalla, pero no la guerra

22 de julio, 2020

Por Pablo Maas

El histórico paquete de 750.000 millones de euros acordado esta semana para la recuperación de la economía de la Unión Europea de la devastación causada por la pandemia no contará entre sus recursos con un impuesto a las multinacionales. Se trata de unos 35.000 millones de euros, que según se estima, son eludidos por grandes compañías de origen estadounidense que tributan en Europa desde países miembros de la UE, pero con bajas tasas impositivas, como Irlanda, Holanda, Luxemburgo o Malta. La ofensiva para que estas compañías paguen sus impuestos como corresponde es liderada por Margrethe Vestager, una economista danesa de 52 años que desde 2014 se desempeña como Comisaria Europea de Competencia.

La influyente funcionaria, que desde diciembre pasado sumó a su cargo la vicepresidencia de la Comisión Europea (CE), recibió un duro golpe el 15 de julio, cuando, en una sentencia histórica, el Tribunal General de la Unión Europea (TUE) anuló una decisión de la CE que exigía a Apple devolver 13.000 millones de euros (y más de 1.000 millones en pagos de intereses) en Irlanda por haberse beneficiado “de ayudas fiscales ilegales”. Un fallo contrario para Apple habría sido una victoria resonante para Vestagen, hija de dos pastores luteranos nacida en un pequeño pueblo de Dinamarca, y que ha sido llamada por la prensa europea como “el azote de las grandes tecnológicas”, a causa de las millonarias multas que logró cobrar a Google tras demostrar prácticas anticompetitivas.

Pero la cuestión impositiva aparentemente resultó ser más espinosa que las reglas de defensa de la competencia. La comisión había llegado a la conclusión, en agosto de 2016, de que el Gobierno irlandés otorgaba beneficios ilegales a Apple y le requirió una millonada por los impuestos no pagados.

Pero Apple, aliada con Dublín, recurrieron esta decisión ante la Justicia europea. El Tribunal les dio la razón, porque el Ejecutivo comunitario no pudo demostrar la ilegalidad de un impuesto, precisamente en una Unión Europea que aún no ha alcanzado la unión fiscal.

La UE se rige desde 1997 por un código de conducta impositivo, pero que solo le permite bloquear a paraísos fiscales o intervenir en casos en que un país miembro discrimine en los impuestos que cobra, por ejemplo, a una empresa local comparado con una firma internacional. Pero ese no es el caso de Irlanda, que cobra una tasa única del 12% de impuesto a las ganancias corporativas. Contando con las exenciones, la tasa efectiva que pagan grandes empresas tecnológicas o farmacéuticas no supera en mucho el 2 o 3%, lo que los restantes miembros de la UE consideran una verdadera forma de “dumping fiscal”. Esta política impositiva está en la base del “milagro” económico de Irlanda, un país de 5 millones de habitantes en los que trabajan 250.000 personas empleadas por las sedes corporativas de grandes multinacionales estadounidenses.

Pero con el stress de recursos provocado por la pandemia, algunos cambios impositivos que están en discusión desde hace tiempo podrían ahora acelerarse. En el pasado, todos los planes para cambiar la fiscalidad europea se estrellaban porque se precisaba de la unanimidad de todos sus miembros. Pero ahora, la Comisión está explorando opciones para esquivar ese sistema de veto, utilizando un artículo del tratado constitutivo de la UE que podría permitir que una mayoría de países se ponga de acuerdo en cambiar las reglas cuando esté en juego la defensa de la competencia. Según Paolo Gentiloni, comisionado de Economía de la UE, se está trabajando para identificar casos en los que este artículo (116, nunca usado hasta ahora) pueda utilizarse. “Estamos hablando de la posibilidad de decidir sobre casos que constituyen una seria distorsión al mercado único”, dijo a los periodistas.

Vestager ya anticipó que piensa apelar la decisión del tribunal. Apple, por su parte, dijo en una declaración que “este caso no se trata de cuántos impuestos pagamos, sino de dónde se requiere que los paguemos”. Y de inmediato, le endosó el problema a la propia Unión Europea, instándolos a ponerse de acuerdo de una buena vez: “Los cambios en torno a cómo se dividen los pagos de impuesto a las ganancias de una empresa multinacional entre diferentes países, requieren una solución global y Apple alienta a que este trabajo continúe”. En su descargo, la compañía agregó que se considera “el mayor contribuyente (impositivo) del mundo” y se atribuyó haber creado más de 1,8 millones de puestos de trabajo en Europa, incluyendo a proveedores y desarrolladores de sus aplicaciones.

La derrota difícilmente amilane a Vestager, una experimentada dirigente política que fue ministra de Finanzas y viceprimera ministra en diversos gobiernos de coalición de su país. El creador de la serie de televisión“Borgen”, Adam Price, reconoció que esta política centrista, liberal en lo económico pero gran defensora del Estado de bienestar escandinavo y de la integración de los inmigrantes, había sido la inspiración para el personaje de la primera ministra Birgitte Nyborg. En la ficción estrenada en 2010, Nyborg encabeza una imposible coalición política y se enfrenta a los gigantes económicos. En la realidad, Vestager enfrenta desafíos similares estos días, en los que la pandemia está provocando cambios geopolíticos inesperados. El año pasado, la Comisaria de Competencia vetó la propuesta fusión de las divisiones ferrocarrileras de los gigantes europeos Siemens (Alemania) y Alstom (Francia), argumentando que el grupo resultante tendría una abrumadora posición dominante.

Pero este argumento aparece hoy fuera de sintonía con la tendencia a una mayor independencia estratégica por parte de la Unión Europea tras la ruptura en las cadenas globales de valor causadas por la crisis económica. Bruno Lemaire, ministro de Economía francés y partidario de la “soberanía económica” europea frente a China y Estados Unidos, objetó el veto, llamándolo un error “político y económico”. Los críticos de Vestagen en Bruselas la acusan de ingenua: la recuperación de Europa tendrá que venir de la mano también de la protección de sus campeones nacionales. No sea cosa que empresas como Apple, por ejemplo, que ha prosperado durante esta crisis y tiene más de US$200.000 millones en efectivo, decida salir de compras y quedarse con alguna joya de las coronas europeas.