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Renuncias sin gloria

La salida del secretario de Comercio Interior y del ministro de Desarrollo Productivo son casos preanunciados desde hace meses

Guzmán, con Feletti y Kulfas, a fines de 2021.
Guzmán, con Feletti y Kulfas, a fines de 2021.
Héctor Rubini Héctor Rubini 06-06-2022
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Las internas de palacio son una constante en nuestro país. Ninguna administración logra total homogeneidad de sus integrantes y eso es un problema más que persistente en los frentes formados por partidos políticos diferentes. Una fuente de conflictos y problemas serios de gestión cuando distintas agencias del gobierno se reparten a funcionarios de distintos partidos, o líneas internas partidarias, o clubs de amigos alineados con líderes y figuras que pueden enfrentarse de modo irreconciliable.

En todos los casos, la salida de los funcionarios es el resultado de conflictos estallados, imposibles ya de contener. Como en las instalaciones eléctricas, cuando hay corto circuito salga alguna térmica o algún fusible que son habitualmente los funcionarios de nivel ministerial o aun inferior.

La salida del secretario de Comercio Interior y del ministro de Desarrollo Productivo son dos casos más, y preanunciados desde hace meses. Su salida no llamó la atención a nadie. Tampoco respecto de su impacto mínimo en la formación de expectativas.

En el caso del ministro saliente quedará para los historiadores, o quizá para alguna eventual investigación judicial, la trama “secreta” de su salida del Gobierno. Pero el resultado de su gestión luce mucho menos destacable de lo que se lee y escucha en los últimos meses.

Si bien la actividad manufacturera inició un sendero de recuperación el año pasado, el EMAE del Indec todavía está por debajo del segundo semestre de 2017 y de los niveles registrados entre 2010 y fines de 2015. No han escaseado los anuncios de inversiones extranjeras, pero en 2020 y 2021 las estadísticas oficiales muestran un saldo neto negativo para la inversión extranjera directa. En cuanto a los montos brutos, el ingreso bruto por dicho concepto en ambos años ha sido de un promedio anual U$S 1.328 millones, inferior al promedio de U$S 1.552 millones de los cuatro años anteriores.

También se ha sostenido que ha sido más que relevante para inducir la creación de empleos privados en el sector manufacturero especialmente en los últimos dos años. La pandemia fue un factor exógeno negativo para todos los sectores, es innegable. Pero la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Trabajo indica que entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020 el empleo privado cayó 2% y luego de diciembre de 2020 hasta marzo de 2022 creció 2,2%. Punta a punta, entre diciembre de 2020 y marzo de 2022 la variación fue 0%.

En el caso de la industria manufacturera, el empleo registrado cayó 3% entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020, y luego una suba inferior al promedio general, de 0,7% entre diciembre de 2020 y marzo de 2022. Resultado: el empleo registrado en el sector a marzo de 2022 era todavía un 2,4% inferior al de diciembre de 2019.

Respecto de la composición de las exportaciones, entre 1992 y 2021 las de las manufacturas de origen agropecuario han sistemáticamente superado a las de origen industrial no agropecuario, incluso en 2020 y 2021. Eso sólo se revirtió en 2000 y 2001, y entre 2010 y 2012. A su vez, entre 1992 y 2001 las exportaciones de origen primario superaron a las de origen industrial no agropecuario sólo en tres años: 1992 y, casualmente o no, 2020 y 2021.

Respecto del control del comercio exterior, el enfoque “multicausalista” de la inflación llevó a la actual administración a orientar el intervencionismo en base a controles de precios, registro de inventarios de empresas, y una Ley de Góndolas, además de una desastrosa Ley de Alquileres.

Con la primera secretaria de Comercio Interior, la inflación promedio mensual fue 3,04% (o sea, 43,2% anualizada), y con su sucesor, renunciado hace dos semanas, 4,44% (68,4% anual equivalente).

Las historias y tramas no tan secretas detrás de la salida de ambos funcionarios podrán entretener a algunos durante varios días, pero lo innegable es que nada relevante ni demasiado útil queda como legado.

Todos los sectores productivos están más que decepcionados de años de una economía bloqueada por controles burocráticos, rigideces del mercado laboral, una presión tributaria elevada y de la persistente incertidumbre sobre el rumbo futuro de precios y costos y sobre las reglas de juego.

Como lo hemos observado en otra ocasión, es un síntoma análogo a los años '80 cuando la estanflación y la falta de decisión política por cambios estructurales verdaderamente pro-inversiones y pro-competitividad llevaron a considerar esos años como de “capitalismo sin mercado y socialismo sin plan”.

El mundillo político tiene tema de qué hablar, pero la economía no muestra signos de reversión de años de inflación junto a una persistente escasez de divisas, de gas, gasoil y otros insumos. Un síntoma es la no pesificación voluntaria de ahorros y neuronas, que torna inmodificable el cepo cambiario. El otro, la emigración de empresas y de los mejores recursos humanos de nuestro país por la percepción de que más allá de promesas y discursos, pareciera que no hay futuro.

En suma, fruto de dos décadas de un enfoque proteccionista, que ha bloqueado la economía con regulaciones a medida, impuestos y otras “cuñas” que ante shocks desfavorables muestra inflexibilidades y disfuncionalidades que tornan imposible pensar en volver a crecer y con un mínimo de estabilidad.

La evidencia muestra claramente que, al cabo de dos décadas, se requiere optar por abandonar el enfoque de direccionar la economía con regulaciones discrecionales. La presencia o ausencia de funcionarios para ejecutar dichas regulaciones se ha tornado irrelevante.

Más allá de reyertas de palacio, se trata de la inestabilidad y visible fracaso de un enfoque estatista y dirigista con signos inequívocos de agotamiento. Mientras eso no se entienda, nada va a cambiar, al menos para esperar un rumbo económico diferente que pudiera ser algo mejor.

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