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Ramal que para...

El ministro de Economía, enfrentando a un problema serio y difícil, imaginó la salida con una amenaza “menemista”. No es por ahí. Cerrar las fábricas. Sustituir producción y trabajo nacional por trabajo y producción importada. Increíble.

Ramal que para...
Carlos Leyba Carlos Leyba 30-09-2022
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Sergio es el conductor designado. Atrás dormita Alberto mirando el Canal Volver y al lado del volante viaja Cristina que, a los gritos, le dice al que maneja: doblá, acelerá, frená. Así vamos.

Dado el estado del camino, la inestabilidad por las frágiles cubiertas dibujo gastado y sin posibilidad de reposición, volantazos y escasez de combustible verde, hacen que el riesgo de volcar sea comparable al de quedar parados. Esta sería la mejor manera de llegar que, en la Argentina de hoy, no es más que el acto electoral para “que pase el que sigue”. 

Mientras tanto y como desde hace medio siglo la respuesta (¿ignorancia, incapacidad?) a los problemas sigue siendo “no solucionarlos” sino “dormirlos”. Hasta que ellos se venguen. 

Massa quiere solucionar el conflicto neumático cerrando fábricas y convirtiendo en importadores a los fabricantes. 

En los '90, Carlos Menem dijo “ramal que para, ramal que cierra”. ¡Machazo! Hombre fuerte, así se hace, caray. 

El riojano no resolvió el problema ferroviario. Terminó con el ferrocarril.

¿Cuál es la venganza del problema? Simple. Hoy sin ferrocarril, tenemos el sistema de transporte más caro e ineficiente y menos ecológico del planeta por kilómetro. La logística es un drama. Gracias Carlos.

Con aquella frase dio estocada final al sistema de transporte clave de la economía argentina en la generación del '80. 

Es cierto que arrastraba un largo deterioro; había que repararlo. 

Los problemas se arreglan: los que se entierran se vengan más temprano que tarde. Veamos.

Los abusos en la promoción fueron argumento para terminar con ella (Raul Alfonsín). No se resolvió el problema: aceleramos el industricidio. Los abusos en la moneda fueron argumento para terminar con ella (Domingo Cavallo). Nos llenamos de deuda externa impagable y seguimos con los desequilibrios estructurales. 

Podemos hacer una larga lista de los problemas que no resolvimos y que, en su lugar, optamos por liquidar su manifestación y no la causa: tirar el agua sucia de la bañera con el bebe adentro. “Ramal que para...”. 

Massa, ¿está derogando al Estado? (Hablamos de él porque Alberto sólo conserva su capacidad de daño y Cristina sólo puede pegar manotazos al volante). ¿No se hace responsable del futuro? ¿O no tiene idea? 

Es cierto que todos, repito, todos los que lo precedieron tampoco se hicieron cargo del futuro porque contribuyeron a la derogación del Estado. 

Por eso estamos sin Estado y al paso que vamos estamos devorando al futuro. 

Pseudo mapuches (y aunque lo fueran es lo mismo) se apropian del territorio a fuego y bala. Terrorismo explícito. La Cámpora (padres pendeviejos e hijos insolentes) toman escuelas en la CABA y no en el conurbano. Apetito selectivo. E. Belliboni cierra las calles con iglús portables de alta calidad. Para la foto. Y el ministro a cargo vuelve a la intendencia. Sutna y Atilra toman las plantas en que trabajan e impiden la producción y el empleo. De yapa toman el ministerio y el amigo de Alberto ( “Claudio Moroni es tan capaz que para cada problema ofrece tres soluciones”) duerme al problema con vituallas “para que pasen la noche”, pero no lo resuelve. 

En síntesis, se gambetea la norma para no cumplir las leyes que ahora se reducen a un consejo. Los jueces no existen. La autoridad ausente. La barra de Talleres de Córdoba despeja a los tiros un piquete que cierra la RN 11. 

Los problemas enterrados se vengan más temprano que tarde.

En los '90, Horacio Verbistky denunciaba "Yo robo para la corona". Frase atribuida al jefe del bloque peronista, José Luis Manzano (yo), así se habría referido a pedidos de coima a las empresas para ganar alguna licitación. Es decir, lo de “los cuadernos” ya era libro en los '90. 

“Ramal que para...ramal que cierra” nos dejó sin trenes. “Reforma estructural”, dirían hoy. Gambeta para no resolver la causa del mal. 

Carlos liquidó (ramal que cierra) al que fuera el sistema más extenso y -en su tiempo- más moderno de América Latina: ecológico y barato. El deterioro venía de largo. Pero ya habíamos desarrollado una industria capaz de mantenerlo y -con programa y propósito- también capaz de potenciarlo. 

La Argentina con la aceptación calma de esa frase (la del ramal) de demagogia barata, pero popular, golpeó a un país enorme y despoblado; desapareció pueblos, acrecentó el aislamiento y la desconexión física de una Nación, condenada por su geografía y mutilada por las políticas de despoblamiento y concentración demográfica. 

El magnicidio ferroviario detuvo el desarrollo de una industria y de la integración del país. Nos llenamos de camiones, un costo desproporcionado para las largas distancias, ineficiencia y dependencia estratégica: somos uno de los países con mayor costo de transporte y con menor productividad en materia logística. Sufrimos la dependencia de una red -atomizada - pero controlada por un solo administrador. 

Esta es la costumbre de la política argentina pos-1975: nunca se piensa en las consecuencias. Seguimos así con decisiones no surgidas de una estrategia y un plan. A los saltos. Los problemas saltan arriba de la mesa. Se imponen. 

Pepe Wermus, ¿Partido Obrero?, que funge como Jorge Altamira predicó en TN la toma y bloqueo de fábricas, utilizó -con honestidad- los argumentos suministrados minutos antes por Luciano Laspina, diputado halcón del PRO, que sostuvo que los industriales argentinos viven de la protección estatal y sostuvo que hay que abrir la economía porque es la más cerrada del mundo. 

Altamira, celebró el aporte de Laspina que avalaba indirectamente lo de los “abusos empresarios”. Para Altamira la toma de plantas “disiciplina” a los empresarios que la “sacan con pala” que para Laspina es “ineficiencia protegida”. 

Dios los cría y ellos se juntan. Siempre fue igual. Carlos Pellegrini, conservador (PAN), con enorme espíritu nacional, dijo: “Sin industria no hay Nación”. Enfrentaba al socialista Juan B. Justo para quien las manufacturas nacionales servían a la “oligarquía” y encarecían la vida obrera y que, para la mejor vida de los trabajadores, había que importar los bienes de consumo y así -por el retorno de barcos cargados con mercaderías- los fletes de nuestras exportaciones primarias serían más baratos. 

Los halcones, depredadores dotados de excelente visión, en la versión PRO sufren del problema de “visión” detectado por Joseph Jastrow y Ludwig Wittgenstein: donde hay un pato ven un conejo o viceversa. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

No ven el origen de su cepillo de dientes, el de la pasta o del desodorante, el de la hoja o de la crema de afeitar. No saben que en todo vehículo motorizado el 80% de las partes que lo compone es importado. Computadora o celular. Nuestra industria manufacturera importa, en promedio, el 60% de los insumos 

Si la economía está bajo control de importaciones, cuando el VBP crece 1%, las importaciones lo hacen 3% y si está abierta, como desea Laspina, por cada 1% de crecimiento del VBP, crecen 6% las importaciones.

Destruidas las cadenas de valor (filosofía “ramal que para...”) nuestra economía es “una estructura económica para la deuda”. 

Desde 1975 -con variantes formales- se administra de la misma manera. Caída de la productividad, aumento de la pobreza y decadencia en todos los planos. Medio siglo todo igual. 

Medio siglo de industricidio produjo desempleo y pobreza concentrada a los márgenes de las ciudades. 

Hasta el '75 la pobreza era 4%, 3% el desempleo y el Coeficiente de Gini el nivel de Dinamarca. El 90% de lo que compone un automotor era fabricados en el país y en 1972 -gobierno militar- Fiat, desde Córdoba, exportaba el motor 128 a Europa. Realidades. 

¿Por qué crecimos? Desde 1930 a 1975 la economía argentina se benefició del consenso paradigmático de industrialización y Estado de Bienestar y estrategia y plan. Etica en acción: sin ella todo es bandazo y ausencia de rumbo. Lo propio de todas las economías Occidentales de posguerra que para sostener la democracia tenía que aumentar el rendimiento social del capitalismo: pleno empleo. Occidente siguió con esa política y nosotros desde el '75 la abandonamos. 

¿Qué rompió el consenso paradigmático de industrialización, bienestar y plan? 

Claramente lo rompió la guerrilla montonera. Según ellos el modelo “industria más bienestar social” estaba agotado, el camino era el “socialismo por las armas”. En democracia asesinaron a José Rucci por ser la pata sindical de ese consenso. 

La Dictadura Genocida materializó la destrucción iniciada. Desde 1983 muchos de los que fueron montoneros, sin confesarse ni pedir perdón por la ruptura provocada, fueron ministros, secretarios, asesores, embajadores, de todos los gobiernos que, por los frutos, aplicaron el modelo de desindustrialización y marginalidad social. 

Una secuencia desastrosa de 48 años en que el PIB por habitante de 2020 -con la enorme caída de la pandemia- hoy es, según cálculo de Martín Rapetti, igual al de 1974. La caída de la productividad implícita es la causa del 36% de pobreza y la tragedia de la deuda externa. Hemos perdido nivel de vida y estamos distribuyendo estancamiento.

Para salir de este laberinto de la decadencia no se puede manejar “a la loca”. “Ramal que para...ramal que cierra” es la expresión de la demagogia impotente que pone a dormir los problemas. 

La única manera de buscar la solución a los problemas es conversar con “los otros” para tener presentes todos los ángulos y -sobre todo- las consecuencias de las decisiones. 

No es “cerrar el ferrocarril”. Sergio, enfrentando a un problema serio y difícil, imaginó la salida con una amenaza “menemista”. No es por ahí. Cerrar las fábricas. Sustituir producción y trabajo nacional por trabajo y producción importada. Increíble.

Si la política no se decide a construir una Agenda Necesaria para un Consenso Posible, vamos a seguir tirando el agua sucia de la bañera con el bebe adentro. Mientras crece la indigencia, la inflación no para y el Estado se agota. Sólo se trata de pensar la Agenda Necesaria para el Consenso Posible. No es fácil. Pero no hay otra. 

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