Mujeres en la CGT

En Argentina somos más veloces para la generación de normas que para activar institutos que gestionen esas reglas: tenemos leyes, pero no instituciones que garanticen esas leyes.

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Federico Recagno Federico Recagno 24-08-2021
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Por Federico Recagno (*)

Hay instituciones de movimiento lento, en general son aquellas que representan y entienden en temas cuya amplitud no permite acuerdos rápidos. Dios es, acaso, el tema más extenso y, por ello las iglesias son cautas y parsimoniosas a la hora de tomar decisiones. Deben cuidar a sus fieles, tanto ortodoxos como progresistas.

Otras instituciones se hacen lentas por su propia acumulación de burocracia o abandono político o incapacidad de sus integrantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado, durante la pandemia, reacciones confusas y tardías. Acusaciones cruzadas entre países poderosos y diversos intereses la han entumecido, con los riesgos que trajo y puede aún traer en materia de salubridad.

Hay un entramado institucional que responde, al mismo tiempo que influye, en el comportamiento de una sociedad. Las instituciones son mediadoras (fruto de acuerdos previos) y deberían estar pensadas para la contención, prevención, disminución y solución de situaciones sociales conflictivas.

En Argentina somos más veloces para la generación de normas que para activar institutos que gestionen esas reglas. Lo hemos dicho antes, tenemos leyes, pero no instituciones que garanticen esas leyes.

Hay organizaciones que van perdiendo de vista su objeto, su idea original, porque terminan siendo funcionales para sus dirigentes en lugar de intervenir en la dinámica social para la que fueron concebidas.

Nadie, objetivamente, puede dudar de que las entidades sindicales y, en particular la CGT, son fundamentales para regular, articular, proponer y proteger los derechos de los trabajadores/as en su relación con el Estado, con los empleadores, con organizaciones diversas y con los sindicatos entre sí. Pero la CGT viene, desde hace tiempo, oscilando entre lo obsoleto, lo útil, lo anquilosado, lo interesado, lo confuso y lo equilibrado.

Buena parte del sindicalismo actual arrancó con las fotos de rollo (varias en blanco y negro) y cuando llegó la selfie los volvió a encontrar canosos y con arrugas.

En un intento de la necesaria unidad, postergada convenientemente por la pandemia, la CGT ha convocado para hoy a los miembros del Consejo Directivo con el fin de llegar a un nuevo Congreso de elección de autoridades en noviembre.

En el punto 3 de la convocatoria se propone reformar el estatuto incorporando la equidad de género y la creación de nuevas secretarías para la próxima conducción.

El sindicalismo es un ambiente donde, dirigencialmente, predomina lo masculino aún en aquellos gremios de alta afiliación femenina. Algunos críticos aducen que, en realidad, lo que prevalece es la perpetuidad en los cargos, que los dirigentes están desde antes de la agenda de género y que no hay posibilidad de alternancia.

Esta convocatoria no tuvo una discusión previa con las mujeres sindicalizadas, por lo que parece más una concesión simpática y ajena que un intento comprometido con lo que sucede en el mundo del trabajo y en la sociedad.

Trascendió, a su vez, que se pasaría a duplicar las secretarías para que cada gremio representado en la nueva conducción ocupe dos cargos (un varón, una mujer), lo que implicaría que la mujer sea una acompañante del secretario general de su propia entidad sindical, lo que huele a poca autonomía en la voz y en el voto.

Es probable que se vengan las críticas y que lo que se pretende exhibir como un avance frente a la sociedad no sea más que una nueva demostración de lo poco que pueden comprenderse las demandas de la sociedad y lo atrasado y lento que actúan, en algunos temas, los representantes de los trabajadores.

La unidad de las y los trabajadores parece más que necesaria frente a una realidad compleja en materia de empleo, simplemente advertir que la lentitud en las instituciones puede volverse terreno fértil para la desintegración, la injusticia y la postergación.

(*) Secretario General de la Asociación del Personal de los Organismos de Control (APOC) y Secretario General de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR CABA)

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