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Entrevista

López Murphy: "La experiencia de Milei no tiene nada que ver con los liberales"

"Nunca voy a creer que el Estado es una mafia o que es una organización criminal", dice el diputado en una conversación a fondo.

"Yo enfrenté al armado de Larreta en 2021 y lo volví a enfrentar en 2023", dice López Murphy.
"Yo enfrenté al armado de Larreta en 2021 y lo volví a enfrentar en 2023", dice López Murphy. .
Ramiro Gamboa 11 marzo de 2024

"La experiencia de Milei no tiene nada que ver con los liberales", dice Ricardo López Murphy, actual diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires, economista de la Universidad de La Plata y de la Universidad de Chicago. Es un hombre reflexivo, de una conversación siempre inteligente, que analiza el presente con citas de Alberdi y de Alem. Asesor del BID, el Banco Mundial y el FMI, López Murphy es alguien persistente que consiguió el 17% de los votos en las elecciones presidenciales del 2003, un político que habla con firmeza y sin melancolía. 

En esta charla con El Economista, hablamos sobre las agresiones que recibió del presidente Javier Milei, quien lo trató de "basura" y de "traidor" por haber competido en las primarias de Juntos por el Cambio en las elecciones legislativas del 2021. También conversamos sobre su amistad política con Patricia Bullrich, el rechazo de la ciudadanía a la propuesta de Horacio Rodríguez Larreta en 2023, heridas pasadas, luchas palaciegas, el futuro como promesa o amenaza y el rumbo económico del Presidente Milei: "El sendero es muy opaco todavía y eso genera incertidumbre", dice desde su oficina en el centro porteño.

—El Presidente acusó al columnista político Alejandro Borensztein de ser 'cómplice de Massa', al periodista Martín Rodríguez Yebra de ser 'un pobre ser amarrado a la lógica de la vieja política' y a usted lo trató de 'basura'. ¿Qué efecto tienen en usted las agresiones del presidente?

Es malo que el Presidente insulte a los ciudadanos, a los congresistas, al Congreso; yo rechazo esas expresiones. En lo que no estoy de acuerdo es en contestar insulto por insulto y entrar en un lodazal. Contesto con mis proyectos de ley, con mis entrevistas, con una visión constructiva de los problemas que enfrentamos. No me parecen bien esas descalificaciones.

—¿Por qué le parece que el Presidente usa el recurso de la agresividad para referirse a quienes piensan distinto?

—Trato de no juzgar a los demás. El marco de la libertad es un marco que requiere responsabilidad y adultez; requiere también empatía y compasión. ¿Por qué todo eso? Si hay adultez y hay empatía, se extiende la mano; si hay compasión, se auxilia al afectado. Todo eso configura un marco de convivencia más sano que el agravio y la descalificación, que me parecen más propios de la selva.

—¿El Presidente está a la altura de esa adultez y compasión que requiere el marco de libertad?

—Debemos hacer todo lo posible para que ocurra de esa manera. Es un presupuesto de la civilización no ignorar el dolor del otro. Si usted lee la Biblia, el Nuevo Testamento, en todas las enseñanzas surge esa actitud compasiva. Yo creo que, en esa lectura de los valores —no estoy haciendo una lectura teológica, sino de los valores que se transmiten—, siempre usted notará el valor de la compasión. Y sigo creyendo que ese es un rasgo de toda la civilización hebreo-cristiana.

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"Es malo que el Presidente insulte a los ciudadanos, a los congresistas, al Congreso", dice 

—Usted aceptó no ser candidato a la presidencia en el 2023 para ceder el protagonismo a Bullrich. La ministra de Seguridad no repudió las agresiones del presidente Milei hacia usted. ¿Esperaba que Bullrich repudiara los ataques?

—Mire, a esta altura de mi vida me valgo por mí mismo. Me defiendo solo y sé hacerme cargo de los problemas.

—¿No hay silencios que duelen?

—Eso ocurre cuando usted tiene expectativas de los otros distintas a las que yo tengo. Sé que la gente está muy condicionada por sus circunstancias. Eso es ser adulto, es conocer que todos estamos constreñidos por limitaciones y cada uno hace lo que tiene que hacer. Me siento muy tranquilo con mis actitudes para defender mis valores, mi conducta, mi historia personal que, además, ha sido sometida durante más de cuarenta años a un chequeo fenomenal; así que, si aguanto los archivos, imagínese la fortaleza anímica que tengo.

—Matías Kulfas, ministro de Desarrollo Productivo de Alberto Fernández, dijo que en Argentina los últimos tres fenómenos liberales no terminaron bien. El exministro se refirió a la gestión económica de Martínez de Hoz en 1976, a la década menemista y a los cuatro años del gobierno de Macri. ¿Usted qué piensa de esto que dijo Kulfas? ¿Cuándo terminó bien un Gobierno liberal en Argentina?

—Me parece que es mezclar peras con manzanas. El Gobierno militar no tiene nada de liberal. El liberalismo es inescindible de la libertad; usted tiene que tener libertad económica y libertad política. No asimile las ideas de la libertad a una gestión autoritaria. Eso no está bien. Es injusto y fuera de lugar. Durante la experiencia del presidente Macri, hubo errores de gestión que él mismo reconoce: subestimación de la crisis, subestimación de los desequilibrios, barrer bajo la alfombra la herencia que recibió, lo que le costó el terrible disgusto del año 2018 y lo forzó a un esfuerzo de corrección muy grande durante el segundo semestre del 2018 y del año 2019, que en verdad fue cuando gobernó más razonablemente y le entregó al presidente Fernández una economía bastante saneada. Pero los dos primeros años fueron muy equivocados porque se subestimó la herencia y los problemas que recibió. Y la experiencia de Milei no tiene nada que ver con los liberales. La visión libertaria es distinta de la visión liberal. Nunca voy a creer que el Estado es una mafia o que es una organización criminal. Tengo otra visión, como tienen desde Alberdi todos los liberales. Nosotros necesitamos un Estado que no tenga un tamaño que ahogue a la sociedad civil y que permita cubrir las funciones indelegables, la prestación de los bienes públicos. El Presidente no cree en los bienes públicos, pero nosotros necesitamos proveer a la defensa común, a la seguridad, a la Justicia y, por supuesto, a bienes preferentes como impulsar la educación, la salud, no necesariamente prestarla, pero sí crear un plano donde se produzcan las mayores posibilidades, se dé una mayor igualdad de trato a todos, se refuerce la gestación de capital humano. Esa es una visión liberal. La visión libertaria es otra cosa, y ponerlos en el mismo plano es cometer un error de diagnóstico.

Milei suele elogiar a Alberdi. 

—Sí, pero usted sabe que Alberdi escribió 25 tomos. La lectura de Alberdi tiene que tomar el Alberdi integral, y tiendo a pensar que Alberdi era un pensador que influyó mucho sobre Urquiza y sobre la organización nacional y en toda su trayectoria procuró crear en la Argentina un Estado moderno que no tuviera los vicios que había en el país de los caudillos. Y él reflejaba bien esa actitud contra el privilegio contra el centralismo. Si usted quiere, uno de sus intérpretes más acabados es Leandro Nicéfolo Alem, y eso también a veces se omite. La prédica liberal de Alem fue muy contundente. Su prédica, su obsesión que no hubiera la macrocefalía porteña, todos estos problemas que heredamos de esta mega urbe, él fue un visionario en su tiempo. Es gracioso que muchas veces los libertarios omiten a Alem. Yo digo, si hay una expresión de la vida en libertad, sin privilegios, es la de Alem. 

—Muchos pensábamos en el 2021 que Horacio Rodríguez Larreta iba a ser el próximo presidente. ¿Por qué obtuvo solamente el 11 % de los votos en las PASO de 2023?

—Yo enfrenté al armado de Larreta en 2021 y lo volví a enfrentar en 2023, acompañando a Bullrich. Una de las paradojas es que el presidente Milei me acusa de haber pactado con Larreta cuando lo enfrenté en las dos oportunidades. Larreta apelaba a una gran amalgama de espacios muy grandes que tuvo oídos receptivos en el año 2021; por eso me ganaron 3 a 1. Pero no encontró la misma situación en el país en el año 2023. El país se preparaba para un cambio muy profundo, muy drástico, y él no expresaba ese espíritu de cambio, y por eso no encontró oídos receptivos.

—¿Qué cambió en la sociedad del 2021 al 2023?

—Hubo una demanda enorme de terminar con el régimen kirchnerista. En eso había que ser muy transparente, y nuestra campaña fue un poco confusa; fue muy desgastante para nosotros porque, durante toda esa campaña, recibimos un doble ataque de Sergio Massa y de Milei, y eso probablemente nos deterioró y no supimos responder a eso. Yo participé en todas las polémicas con la mayor intensidad posible. La propuesta de Juntos por el Cambio era la más sólida, la que ofrecía la estructura de fuerzas políticas, de funcionarios, de cobertura del país más clara para hacer un gobierno exitoso. Lamentablemente, la ciudadanía no compartió mi punto de vista y ocurrió esa carambola: Massa pretendía que Milei fuera su adversario y, después, nosotros, llevados a la segunda vuelta por la negativa, apoyamos a Milei para liquidar al kirchnerismo, y de esa carambola salimos mal parados.

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"Tengo un gran compromiso con la ciudadanía, con mi país, con mi patria", señala.

—¿En qué estado está Juntos por el Cambio? ¿Usted va a acompañar al PRO y va a dar apoyo irrestricto a Milei, a La Libertad Avanza?

—Irrestricto no figura en mi léxico. Juntos por el Cambio sigue vigente en las provincias porque las diez provincias que se han ganado requieren esa coalición, así como las 700-800 intendencias. A nivel del Congreso, nuestra interacción es muy buena con todos los grupos que integraban Juntos por el Cambio. No es de la calidad que era cuando teníamos un interbloque, pero es una interacción buena. Después de haber estado tanto tiempo juntos, es casi inevitable que interactuemos. Mejor hubiera sido que ese fraccionamiento no se hubiera producido, pero ahí está.

—¿Cuándo fue la última vez que habló con Mauricio Macri y con Patricia Bullrich?

—Cuando terminaron las elecciones. Después hubo alguna llamada o mensaje. Sí hablé mucho con el jefe de Gobierno de la ciudad, Jorge Macri, porque obviamente ahí coparticipamos en el gobierno.

—¿Macri apoyó lo suficiente para que Juntos por el Cambio ganara la elección?

—Macri, en numerosas oportunidades, señaló su apoyo a nuestra candidata. ¿Pudo haber hecho más? No estoy en condiciones de juzgar; yo me maté para que Bullrich llegara a ganar la elección, y los demás hicieron lo que pudieron. No tengo una cuenta pendiente. Sí sé que hice un esfuerzo desproporcionado y puse todo lo que tenía en la campaña para lograr el triunfo, y la verdad es que sufrí bastante nuestra derrota.

—¿Qué lo mueve para seguir dándolo todo?

—Tengo un gran compromiso con la ciudadanía, con mi país, con mi patria. Y sigo creyendo que puedo hacer una contribución positiva. Si algún día tengo que dejar esta tarea tan intensa y tan dura, lo haré, pero por ahora creo que sí hago una acción positiva y creo en eso de políticos adultos; trato de ser lo más constructivo posible en un clima que a veces no es constructivo. Ahí creo que hay una gran contribución de mi parte.

—El escritor Martín Caparrós suele decir que vemos el futuro como promesa o como amenaza. ¿Cómo lo ve usted?

—Veo una situación mundial que me angustia mucho; creo que el clima de belicismo a nivel internacional es muy delicado. En ese sentido, veo una gran amenaza. Espero que nuestro país se reencuentre con las mejores prácticas y que eso sea una oportunidad.

—¿Cómo analiza el rumbo económico del Gobierno de Milei?

—Voy a presentar un proyecto fiscal para resolver los problemas de financiamiento de una manera balanceada que recupera la idea de la regularización impositiva o blanqueo, la moratoria, los impuestos internos, también el impuesto a los ingresos, con la lógica de devolverle al Estado una serie de reformas que permitan no solo su financiamiento sino también que el sector privado se acomode a una situación muy traumática. Al mismo tiempo, en este proyecto proponemos liberar los aranceles a los celulares y a las computadoras para evitar los subsidios absurdos que ocurren en Tierra del Fuego. Hemos presentado, con la diputada Verónica Razzini, un proyecto de reforma del empleo que resuelve buena parte de los problemas de oferta y vamos a presentar la semana que viene, con la diputada Alejandra Torres, una reforma de las reglas de corrección previsional.

—¿Es posible en Argentina bajar el empleo en negro sin reducir los derechos laborales?

—Sí, nuestra propuesta busca exactamente eso. Consiste en ampliar el período de prueba de tres meses a un año en las pymes y a seis meses en empresas grandes, en eliminar multas y castigos, y en subir el monto mínimo imponible de una manera significativa. Lo que implica esencialmente es bajar los impuestos para las personas de menores calificaciones; ahí, usted no toca ningún derecho laboral, y en general, lo que produce es una muy grande ampliación del empleo.

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"En algún momento, los precios deberían estabilizarse y los salarios responder al valor de la productividad", dice

—Sobre las jubilaciones, ¿su proyecto implica que se recupere algo de lo que se perdió durante diciembre, enero y febrero?

—La idea es que en abril las jubilaciones se ajusten con la inflación de enero; mayo, con la inflación de febrero; junio, con la inflación de marzo, y así sucesivamente. No omite ningún período de corrección. Los jubilados pasarían a recuperar la inflación de enero, febrero, marzo y la que haya subsecuentemente, mes a mes. Se acaba ese problema de pérdida por inflación. En marzo, los jubilados reciben, con el sistema que está vigente, el ajuste de la fórmula que hizo el presidente Fernández. Eso ya está jugado. La modificación corre de abril en adelante. Si se prestara atención a nuestra propuesta, que la formulamos con Torres, una especialista en este tema, vamos a resolver el problema de las jubilaciones en Argentina.

—¿Los salarios le van a ganar en algún momento a la inflación? ¿Cuándo será el salario mínimo más poderoso?

—Normalmente, después de que usted sale de un caos como el que hemos vivido, hay un momento en que se estabilizan y normalizan las variables. Hoy, usted tiene una situación muy crítica debido al todavía altísimo nivel de incertidumbre y la indefinición sobre el presupuesto del año 2024. En algún momento, los precios deberían estabilizarse y los salarios responder al valor de la productividad. Eso va a ocurrir seguramente durante el segundo semestre.

—El presidente Milei dice que Argentina es un país pobre. ¿Usted coincide?

Es pobre; su ingreso per cápita es bajo. Se ha descapitalizado mucho en los últimos 20 años, se ha invertido poco y además se invirtió muy mal; hubo muchas inversiones disparatadas y todas esas cosas han costado enormemente. Y me parece que cualquiera reconocería que nuestra situación es de país pobre y, a veces, en situación desesperante.

—¿En qué áreas debería invertir Argentina?

—Donde sea competitiva. Todas las actividades productivas de Argentina hoy tienen un atraso muy grande en capitalización e innovación, desde la agroindustria hasta la minería, desde la energía hasta la economía del conocimiento. Tenemos un rezago enorme en turismo; el país ha quedado veinte años aislado de la inversión y tiene oportunidades fantásticas en todos lados para hacer el 'catch-up'.

—A veces temo que, con ciertos modelos económicos, se pueda tender a primarizar la economía.

—Al revés, yo tiendo a creer que con el encierro, lo único que sobrevivió fue el 'yuyo', como le decía Cristina a la soja. Cuando usted se cierra, se aísla, va a lo más primario, lo más resistente. Usted primariza cuando se aleja de las oportunidades de inserción en los mercados; de lo contrario, espontáneamente, los costos logísticos lo llevan a formar grandes cadenas de valor agregado. Es mucho más barato transportar bienes de alto valor que bienes de bajo valor.

—¿Es posible, por ejemplo, que Argentina, en lugar de exportar únicamente el litio, haga las baterías acá? Incluso, ¿haga los autos eléctricos en Argentina? ¿Es esto posible?

—No lo sé; yo supongo que si las industrias automotrices vieran ventajas en hacerlo acá, vendrían a buscarnos. El ejemplo de Toyota y las demás firmas que han especializado su producción en las camionetas y hoy esas camionetas exportan a todo el mundo, demuestra que la lógica es aprovechar ventajas. En alguna industria, puede que no tengamos las economías de escala apropiadas; en otras, sí. Argentina ha logrado estar al tope en la fabricación de caños para los gasoductos y oleoductos; en la industria de medicamentos, también hemos logrado un avance muy grande. No creo que el camino sea marcarles áreas a los industriales o a los productores. El dedo del gobierno está muy poco informado para realizar esa tarea.

—El otro día escuchaba al diputado Nicolás Massot que decía que con el modelo económico de Milei se puede llegar a cambiar la inflación por desempleo, porque si la inflación baja, será por recesión, y la recesión genera desempleo. ¿Esto puede pasar?

—En general, cuando usted parte de los niveles de inflación que tiene Argentina, siempre es riesgoso. Lo más importante para evitar los traumas es hacer muy transparente el programa y, una cosa que ayuda a ser transparente, es el presupuesto de la nación. Por ejemplo, presentar el presupuesto del 2024 y los lineamientos para los presupuestos del 2025, tener un Banco Central independiente. Es fundamental fijar con mucha claridad las reglas de inserción en el mundo y las perspectivas de inflación que usted calcula, porque eso facilita el accionar del sector privado. La incertidumbre sobre la política cambiaria, sobre los múltiples tipos de cambio, hace que suba la brecha que calculan los productores de sus bienes; tienen que tomar un seguro por la incertidumbre, que bajaría sustancialmente si fuera más transparente el diseño de la política económica. Eso es lo que hace conciliable reducir la inflación y no pagar un costo tan elevado en materia de desempleo. Sobre todo, si se puede clarificar el sendero que vamos a seguir, que está muy opaco todavía. El sendero es lo que genera la incertidumbre sobre las medidas. Si yo le preguntara a usted, que es un periodista muy informado, cuándo termina el cepo, cuándo terminan los tipos múltiples de cambio, cuándo normalizamos nuestro acceso a los mercados, usted seguramente no me lo podría informar. Esa incertidumbre se paga en un mayor margen bruto de producción y eso, en mi opinión, es lo que genera mucho riesgo de recesión elevada.

—¿Dónde le gustaría estar en el futuro?

En la Argentina, viéndola recuperarse de su larga decadencia y de sus grandes fracasos. 

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