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La hora de los hombres de Estado

El narcotráfico funciona como un virus parasitario que se introduce en las estructuras gubernamentales y se vale de ellas para expandirse como una metástasis.

En pleno siglo XXI, la droga es el principal flagelo y la otra cara de la crisis que atraviesa el mundo occidental.
En pleno siglo XXI, la droga es el principal flagelo y la otra cara de la crisis que atraviesa el mundo occidental. .

Hace pocos días, la ciudad de Rosario, en Argentina, amaneció con un baño de sangre porque el gobierno nacional intentó incomunicar a los líderes de las bandas narco de sus familiares. La respuesta fue una ola de 10 asesinatos al mejor estilo sicario, que derivó en  la militarización de la ciudad y en el descabezamiento de la cúpula carcelaria federal. 

En pleno siglo XXI, la droga es el principal flagelo y la otra cara de la crisis que atraviesa el mundo occidental. Juego, prostitución, trata de personas, tráfico de mano de obra esclava y, como si fuera poco, drogas y adicciones configuran un círculo perverso en el cual se espiraliza la crisis identitaria que viven la democracias liberales.

El narcotráfico funciona como un virus parasitario que se introduce en las estructuras gubernamentales y se vale de ellas para expandirse como una metástasis incontrolable. Bajo la premisa de 'quién no ha probado un cigarrillo de marihuana alguna vez', nos topamos con una realidad que nos muestra cruda y desnuda la destrucción a la cual se está auto-sometiendo la sociedad.

Mientras tanto vivimos un boom de las drogas recreacionales, que no es más que la banalización del narcotráfico ideada en un laboratorio (químico y social) que quiere construir una idealización cinematográfica de la heroicidad de los narcos, como villanos al estilo Robin Hood, que se enfrentan al poder de turno desde el bajo fondo de la pobreza periurbana.

Pero esto no sería posible si no hubiera un mercado que lo empuja a su existencia. Fiel a la idea de la oferta y la demanda, la oferta no crece si no hay demanda. Eso está muy claro. Esto lo demuestra la crisis que afronta Estados Unidos con el fentanilo, una epidemia social que está destruyendo el tejido de las familias americanas. 

Patricia Bullrich y Maximiliano Pullaro en Rosario.
Patricia Bullrich y Maximiliano Pullaro en Rosario.

Un drama que se expande no sólo en las grandes urbes sino que ha causado una catástrofe en las comunidades rurales más conservadoras. Esto denota algo más: no es una cuestión de liberales o conservadores. Excede los límites ideológicos, las barreras de clase y los orígenes culturales. Es una tragedia intergeneracional que afecta a abuelos, hijos y nietos, de todos los estratos sociales. Y que los gobiernos no están pudiendo solucionar. 

Sin dar rienda suelta a las teorías conspiranoicas, cabe preguntarse quién es el principal beneficiado de esta debacle.

China y el PCCh se frotan las manos porque miran con mucho entusiasmo la revancha que el narcotráfico les está dando por las Guerras del Opio que arrasaron con su "cultura" a mediados del siglo XIX, cuando los británicos utilizaron el opio como un distractor para penetrar en el comercio, y hacerse con el control de los puertos chinos por medio los "tratados desiguales". Una humillación cultural de la cual los chinos aún no logran sobreponerse.

Así, dan vía libre en África, Medio Oriente y Asia Central para generar caos en territorios de estratégico interés para EE.UU. y sus aliados, sobre todo en el Cuerno de África y en Afganistán, uno de los principales productores de cáñamo del mundo. Y espolean con placer la debacle que el narcotráfico está creando en América Latina, que provoca una fuga en masa de los pobladores rurales quienes emprenden largas marchas a través del corredor de América Central, para escapar de las maras que les corren la frontera agrícola, y producen una grave crisis en la frontera sur nortamericana.

Entretanto, el Gobierno chino compra y licita por medio de empresas que responden al PCCh, las vitales terminales portuarias y aeroportuarias, tomando posesión de las principales arterias de comunicación del globo, tales como el Canal de la Panamá y el Canal de Suez.

estados unidos y china se disputan el control de la hidrovia
Estados Unidos y China -entre otros- se disputan el control de la Hidrovía

Por ello, no es de sorprender que la Argentina se esté convirtiendo en el foco de atención de la guerra al narcotráfico. Un país bioceánico que conecta el atlántico con el pacífico, y es la puerta a la Antártida, sufre este azote en Rosario, una de las principales terminales portuarias de Sudamérica. 

Allí, se concentra el comercio de granos del Mercosur, que aporta el 25% de la producción de alimentos del mundo. No es sorpresa para nadie, que tanto los narcos como los rusos y los chinos hayan mirado con tan profundo interés el enclave estratégico que representa esta ciudad, por su conveniente comunicación con el los ríos que llevan al Paraguay y de ahí al Brasil, así como también al estuario del Río de la Plata.

Muchas son las dudas que surgen al pensar en las conexiones y ramificaciones del poder narco en el mundo. Lo que sí está claro, es que la democracia enfrenta una grave crisis que amenaza sus cimientos. Las soluciones propuestas, tales como la militarización y las veteranas tácticas de contra-insurgencia no van a hacer más que aumentar el nivel de violencia. Así, los gobiernos enfrentan la tentación de recurrir a la suma del poder público para ofrecer soluciones rápidas y de alto impacto.

Claros son los ejemplos del fracaso de las estrategias mexicanas para ganarle a los cárteles. Tampoco, podemos sostener que el modelo de represión de libertades cívicas, impuesto por Bukele en El Salvador, sea la solución. La mano dura y la situación excepcional no pueden convertirse en la excusa para una re-elección inconstitucional. Porque al convalidar la excepción, la convertimos en la regla.

Así como Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la UE, exhortó en 1950 con su famosa declaración del Salón del Reloj del Quai d'Orsay, a que Europa tomara medidas creativas y nunca antes vistas para evitar una nueva gran conflagración bélica; el éxito de los Estados en la lucha contra el narcotráfico, dependerá esta vez también de la grandeza de su dirigencia para poder imaginar soluciones sui generis, capaces de imponer un nuevo orden que se erija bajo el imperio de la ley y la observancia de los derechos humanos.

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