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Javier Milei: el país que costó un Perú

La preservación de la unidad interna que no logró la mayoría fujimorista luego de 2016 es una mejor advertencia que exploraciones autoritarias más antiguas.

Javier Milei fue señalado en numerosas ocasiones como un fenómeno similar al de Alberto Fujimori, en
el Perú de 1990.
Javier Milei fue señalado en numerosas ocasiones como un fenómeno similar al de Alberto Fujimori, en el Perú de 1990. EE
Patricio Gómez Talavera 17 diciembre de 2023

Tanto en su carácter excéntrico en cuanto al sistema de partidos, como en su identidad liberalizadora con respecto al rol del Estado, Javier Milei fue señalado en numerosas ocasiones como un fenómeno similar al de Alberto Fujimori, en el Perú de 1990. 

Ambos casos comparten muchas características en común: discurso antiestablishment, reivindicación del interior productivo contra un Estado percibido como parasitario, obstaculizador y extractivo; la iniciativa privada pujante y voluntariosa contra la corrupción retardataria; mística religiosa como voluntad de fuerza; la promesa de la eficiencia técnica contra el desorden inflacionario.  

  • Fujimori llegó al gobierno combatiendo lo que denunciaba como "la amenaza del shock" que prometía su rival Mario Vargas Llosa, mientras que Milei sintetizaba el mensaje de su campaña en una motosierra para terminar con el gasto excedente del Estado. 

Ambos afrontaban un problema estructural: la gobernabilidad y la minoría absoluta que padecían al inicio de su gestión. 

Fujimori ostentaba el 18% de los Diputados, y el 23% de los senadores; Milei deberá replegarse sobre apenas el 14% de los diputados y el 10% de los senadores. Ambos cuentan en la comparación, además del poder ordenador de la presidencia, con liderazgos opositores de ex presidentes, dispuestos a transigir pragmáticamente para aliviar sus presentes judiciales complejos: Alan García frente a Fujimori; CFK y Macri delante de Milei. 

caputo milei inflacion
 
  • "¡Que Dios nos ayude!" podría haber dicho Luis Caputo al anunciar la liberación cambiaria y de precios, como dijo en cadena nacional el Ministro de Fujimori Juan Carlos Hurtado Miller al lanzar el llamado "Fujishock".

Sin embargo, a pesar del atractivo del ejemplo, Milei sí tiene gobernabilidad democrática, lo cual carecía Fujimori. Además de la inflación, Fujimori tenía una salida autoritaria en espejo a la potencia terrorista de un Pol-Pot andino: Abimael Guzmán estuvo a punto de tomar Lima con Sendero Luminoso, legitimando crecientemente el rol de las Fuerzas Armadas en la política. 

Las Fuerzas Armadas argentinas, pese a los cantos de sirena que rezan "seguridad interior" y "lucha contra el narco", se encuentran profesionales y poco tentadas de aventuras que normativa y logísticamente son poco factibles de concretar. La fortaleza relativa del APRA (máxime considerando la pésima gestión precedente de Alan García) y la fragmentación del centroderecha peruano tras el colapso de Vargas Llosa y el Frente Democrático elevaban hasta lo intolerable los costos de transacción para sacar adelante leyes. 

En el contraste de Milei, el peronismo, parte del radicalismo, partidos provinciales, el PRO y hasta, en algunos momentos, el kirchnerismo parlamentario, han facilitado, por activa o por pasiva, escenas de cercanía y en algunos casos, cogobierno apenas disimulado. 

El paquete del ministro Caputo tiene una apariencia y un fondo de fiscalismo ortodoxo, pero también una estrategia de reconstrucción de autoridad implícita: al empujar una recesión como mazo civilizador contra la inflación desbocada, las provincias ven afectada su recaudación vía impuestos locales, como Ingresos Brutos, y coparticipables, como el IVA. En contraste, la autoridad presidencial vería su músculo tonificarse a fuerza de derechos de exportación e impuesto PAIS robustecido. 

Congreso
 

A regañadientes, la necesidad presupuestaria puede propiciar una mesa de diálogo no prevista y seguramente no querida, pero inevitable entre el Presidente y los gobernadores, con llegada directa a como mínimo unos 25 diputados y varios senadores al interior del universo de Unión por la Patria, del renacido bloque radica y en la constelación de pymes parlamentarias cuyas terminales se encuentran en capitales provinciales. Mayorías circunstanciales, ley por ley, basadas en la mutua necesidad para escapar por arriba del laberinto. La gobernanza de la incertidumbre, rutinizada.

En contraste, Milei debe bregar por otro temor, este sí de tinte fujimorista. En 2016, el fujimorismo pierde la Presidencia, pero logra la mayoría absoluta del Congreso, ahora unicameral. 73 combatientes que prometían endiablar (como lo hicieron, aún a su pesar a veces) la presidencia del veterano Pedro Pablo Kuczynski. La actual crisis peruana, donde todo comenzó. Pero esa bancada no llegó viva al final de la legislatura: empresarios, arribistas, extrapartidarios, componían una masa heterogénea, sin cultura colectiva común, sin liderazgos enraizados, con cosmovisiones distintas y clientelas indiferentes entre sí. 

Carolina Píparo y los libertarios salteños, al fundar su bloque aparte, dieron la primera advertencia en esa dirección: el franquiciado como método para armar candidaturas en  la campaña, dificultoso pero finalmente viable, puede terminar de evolucionar sus propiedades negativas. 

  • ¿Qué tan orgánico puede ser el senador Juan Carlos Pagotto, reconocidamente cercano al gobernador peronista riojano Ricardo Quintela? 
  • ¿Alguien está pensando en aplacar la furia del formoseño Francisco Paoltroni, desalojado de la promesa presidencial de ser presidente provisional del Senado por una extraña "Grosse Koalition" de debilidades correlativas de Victoria Villarruel, Gildo Insfrán, Cristina Kirchner y parte de la bancada libertaria liderada por los senadores Bartolomé Abdala y Ezequiel Atauche? 
  • ¿Alguien resguarda el dialogo en Diputados entre el ala pragmática y el ala evangélica?
  • ¿Cuáles buffers están disponibles para calmar la competencia abierta por el corazón y atención de Milei entre el presidente de la Cámara, Martín Menem, y el líder de los diputados libertarios, Oscar Zago?

El espejo de la gobernanza fujimorista no es el noventoso. Es el del mensaje emitido desde la cripta de Keiko Fujimori y Fuerza Popular, de una mayoría de 73 diputados, años después desfigurada y arrinconada por sus propias inconsistencias. 

La preservación de la unidad interna que no logró la mayoría fujimorista luego de 2016 es una mejor advertencia que exploraciones autoritarias más antiguas. Consolidar el patio propio es decisivo si se desea que la capacidad de reforma del Gobierno de Milei fructifique. Y que la disciplina de bloque, antes que la libertad, avance.

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