Escenario

Inviabilidad y decadencia

Los oficialistas avalan lo que pasa. Los opositores avalan el modelo que, por ausencias, da lugar a lo que pasa. Opinión pública bombardeada por esa ideología de la decadencia que hace inviable a la Nación. “La Nación es un proyecto sugerente de vida en común”, decía Ortega

Inviabilidad y decadencia
Inviabilidad y decadencia
Carlos Leyba Carlos Leyba 21-01-2022
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Ricardo Arriazu (tengo el placer de conocerlo desde hace cincuenta años) ha publicado una reflexión que vacila entre la “inviabilidad” del país o de “un modelo”. Porque “nuestro país (...) muestra una larga decadencia en el último siglo (más allá de lo económico)”. 

¿Un siglo? En 1920, Argentina crecía vigorosamente, oleadas de inmigrantes recibían oportunidades concretas que la Europa de origen les negaba y les ofrecía un futuro basado en la educación gratuita. 

¿Por qué un siglo de decadencia? Las cifras de la economía no le dan razón y ni remotamente el clima de acogida social generosa, el espíritu de fraternidad que superaba las distancias de lenguas e historias. 

La escuela pública nacionalizó inmigrantes. En 1903, Florencio Sánchez publicó “M`hijo el dotor”. Los recién llegados habían echado raíz y fortuna. De 1920 a 1929 el PIB creció 64%. ¿Decadencia?

En la crisis del '30, Argentina sufrió el coletazo de la Gran Crisis. Entonces, verdaderos 
hombres de Estado, remodelaron el funcionamiento de la economía y la industrialización forzada hizo su trabajo económico y social. 

El PIB cayó en 1930 pero en 1935 alcanzó su nivel previo a la crisis. En 1951, el PIB superaba en 73% al de 1935. En 1974, superaba en 128% al de 1951. 

Nadie discute que en 1964-1974 tuvimos el mayor crecimiento si dejamos de lado los años del PAN y Julio A. Roca en el Siglo XIX. 

La década 64-74 del Siglo XX fue de puro crecimiento del PIB, industrialización, productividad y exportaciones industriales: motores de automóvil de Córdoba a Europa y terceros en la provisión de zapatos de alta gama a Estados Unidos después de Italia y Francia, pleno empleo, pobreza de 4% y Coeficiente de Gini de nivel nórdico. 

Fue celebrada de distinta manera, entre otros, por Bernardo Kosacoff, Jorge Katz o Federico Sturznegger, quien nos recuerda que de 1900 a 1975 el PIB per cápita de Argentina siempre fue el 75% del de Australia. Después caída vertiginosa. 

El PIB per cápita de 2020 fue igual al de 1974 y desde entonces el número de personas bajo la pobreza ha crecido a la tasa de 7% anual acumulativo. Señaló Miguel Angel Broda que desde entonces la economía y la productividad están prácticamente estancadas. 

No creo que Arriazu esté pensando realmente que estamos en decadencia desde hace un siglo. Pero sin dudar la decadencia se arrastra desde hace medio siglo. 

Exactamente el tiempo en que la decadencia moral suprema, la violación del “No Matarás”, como escribió Oscar del Barco, irrumpió en nuestro país de manos de los “estúpidos imberbes” que en “los gloriosos treinta” (J. Fourastie) creyeron vivir “condiciones prerrevolucionarias” para llamar a las “masas” a la instauración por las armas del “socialismo nacional”. 

Un grupo de fascistas a la manera de Tacuara; asesinos de un anciano indefenso (Gral. Pedro  E. Aramburu) y que en su locura asesinaron a José I. Rucci “para liquidar la pata sindical del Pacto Social” (y reemplazar a Juan D. Perón) como reivindicó Mario Firmenich. 

Luego la perversidad criminal de la Triple A de J. López Rega y la campaña genocida de los militares traidores a los valores de la Patria. 

En ese marasmo, el “Rodrigazo”. Implementado por Ricardo Zinn y Pedro Pou, fundadores del CEMA y miembros de la secta de los “Caballeros del Fuego”. 

No podemos olvidar que asesinato y tortura están en la base de la decadencia que siempre comienza por una crisis moral. 

La corrupción y la Patria Contratista están en el origen de la decadencia que nos arrastra hace 46 años. 

Extraña coincidencia intelectual: los que militaron la guerrilla, los que colaboraron en las dictaduras previas al '73 y la siniestra del '76, predican que la “decadencia” es anterior al '75. 

¿Por qué lo hacen? Quieren evadirse de la responsabilidad que les cabe a quienes destruyeron el camino de progreso en que el país estaba. Lo dicen los números. 

Arriazu apuntará que antes de 1974 Argentina atravesaba recurrentes períodos de crisis externa, altas tasas de inflación y déficit fiscal. Males de Occidente.

Pero él mismo dice: “El déficit fiscal promedio de los últimos 42 años fue equivalente al 3,42% del PIB, y suma US$ 456.000 millones. En ese mismo período el gasto público total creció del 29% al 46% del PIB”.

Sin duda, la Argentina que promovía la industrialización, la agregación de valor, y el mismo curso de los países que pasaron de la pobreza al desarrollo (tigres asiáticos, China), fue desmantelada: leyes de promoción, banco de desarrollo, el Estado que pensaba el largo plazo. Fue una política deliberada, consecuencia de una literatura atragantada. 

La Revolución Meiji fue imitar lo que los países adelantados hacían. 

La irrupción de los “economistas” en el poder no fue copiar lo que los países que se desarrollaban o los desarrollados hacían, sino lo que mal digirieron en las universidades de esos países. Pero que esos países no hicieron ni hacían ni hacen. 

Desde un pretendido conocimiento académico se destruyó un proceso de desarrollo y no se “imitó” lo que los países exitosos hacen: incentivos a la inversión reproductiva y/o política internacional asociada al proceso de conquista de mercados.

“El capitalismo es un sistema de propiedad privada en el que la innovación se financia con crédito” (A. Schumpeter). Innovación también es nuevos mercados, regiones productivas, productos. Desde 1975 lo abandonamos.

Coincido con Ricardo que “suba de impuestos en el pacto fiscal, fracaso de la discusión del presupuesto, reelección indefina de intendentes, etc., sólo profundizarán esta decadencia”, porque no hay una sola idea acerca del desarrollo y la inversión reproductiva. 

Coincido en que hemos construido “estructuras económicas improductivas e ineficientes que afectan la viabilidad de nuestro país” y en que  “la idea de que la única solución viable es impulsar el consumo a través del aumento del gasto público financiado con emisión, y lo que está sucediendo en las provincias con los aumentos de impuestos y del gasto público” contribuye a la inviabilidad de Argentina. 

Pero, ¿qué es la inviabilidad? Es la desintegración social (60% de niños en la pobreza) y ni una sola idea para resolver ese problema que amenaza la real inviabilidad de la Nación. Es la desintegración territorial. La CABA con sus bolsones de primer mundo y los extremos del país naufragando en el atraso y la pobreza. Un territorio desintegrado físicamente. 

Las dos rupturas, la social y la territorial, anuncian la inviabilidad si no construimos las nivelaciones necesarias. ¿Cómo? 

Estrategias de desarrollo económico (inversión reproductiva niveladora) y social (invertir ahora en la pobreza de los niños). 

En estos años de decadencia hemos expatriado US$ 400.000 millones. N. Kirchner fugó fondos públicos. El kirchnerismo debería explicar  porqué. 

Ahorros hubo. Inversión no. Porque fugaron. 

Lo que Ricardo omite es que los “equilibrios macroeconómicos” son difíciles si se fuga gran parte del excedente. 

No hay equilibrio macroeconómico si la esencia del proceso de equilibrio, que es la inversión, no se sostiene. No hay equilibrio sostenible si el desempleo involuntario real supera el 20%. Déficit de inversión y no de ahorro, que es lo fugado. Menos equilibrio si se trata la paz social sólo con pagos de transferencia.  

Arriazu señala que el “déficit fue financiado con emisión monetaria (deuda) y endeudamiento interno y externo (..) La relación de la deuda con el déficit fiscal es evidente”. 

Lo que no enfatiza Ricardo es que el origen real del déficit fiscal de casi medio siglo es la ausencia de crecimiento económico real y la ausencia de inversiones que lo provocan. 

El gasto público, realmente irracional, crece asociado al estancamiento de largo plazo de la economía y la recaudación  declina como consecuencia del estancamiento. 

No pensar en los objetivos y los instrumentos del desarrollo es lo que comparten ambos bandos de la grieta. 

El oficialismo continua por la misma senda al precipicio y la oposición, que predica terminar con planes y subsidios, algunos reconociendo que habrá más recesión y mas inflación, es otra manera de aproximarse al precipicio. 

Ricardo afirma que “los países que más crecen son los más prudentes y que muestran niveles menores de gasto público”. ¿Cuál es la causa y cuál la consecuencia? 

En los países que mas crecen (más inversión) la proporción del gasto público (y la necesidad) respecto del PIB, bajan. Con una serie de números de crecimiento y gasto público, Arriazu se pregunta: “¿Se necesita más evidencia? Creo que no”. 

Una correlación es irrelevante sin teoría previa. No hay teoría que sostenga que “achicar el Estado es agrandar la Nación”. La doctrina del “Rodrigazo”. 

No hay que leer a Mariana Mazzucatto para saber el papel del Estado en el desarrollo.

¿Qué ejemplo hay de altas exportaciones con valor agregado en que el Estado no hayan sido clave? 

Respecto del desarrollo regional recordemos las gigantescas políticas públicas de nivelación llevadas a cabo en todos los países desarrollados. La ausencia de esas políticas es la causa del despilfarro de recursos que sí ocurre en nuestro país. 

Dice Arriazu: “En los últimos veinte años, el gasto salarial provincial se duplicó en moneda constante, reflejo de un incremento del 65% en el empleo y la suba del salario real, lo que elevó en 4% del PBI el gasto público provincial”. Evidente. La ausencia de desarrollo y de políticas que lo materialicen, es uno de los ejes de la decadencia, desintegración social y territorial. 

Acuerdo con la conclusión: “Inviabilidad del modelo que estamos aplicando desde hace ya varias décadas”. Desde hace 46 años.

Concluye: “Las encuestas muestran que la mayoría de los argentinos apoyan este modelo, por lo que es válido preguntarse si es el país el que es inviable”

Los oficialistas avalan lo que pasa. Los medios opositores avalan el modelo que, por ausencias, da lugar a lo que pasa. Opinión pública bombardeada por esa ideología de la decadencia que hace inviable a la Nación.

“La Nación es un proyecto sugerente de vida en común” (JOyG). Sin estrategia de desarrollo comprometida lograrlo es imposible.  

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