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Camino a 2019, la elección es entre reforma o declive

La economía volvió a crecer, pero sobre bases todavía débiles: un persistente déficit con rojo de cuenta corriente, inflación (aún) de dos dígitos, tipo de cambio bajo y dificultades para los hogares

23-10-2017
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Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas (USAL)

La elección del día de ayer no modifica sustancialmente el escenario político para Cambiemos. Seguirá sin mayoría propia en el Congreso, frente a una oposición que tratará de reagruparse y recuperar terreno perdido. El empresariado celebra, sin dudas, contar con al menos dos años sin el agobiante intervencionismo de los años del kirchnerismo. Sin embargo, la corrección de los desequilibrios heredados en 2015 supone costos y conflictos que se han tratado de evitar. Al menos hasta ahora.

La economía ha vuelto a crecer, pero sobre bases todavía débiles. El sendero actual está acompañado por un persistente déficit fiscal y también de cuenta corriente, inflación anual de dos dígitos, tipo de cambio real percibido como bajo y dificultades para asegurar la mejora de la situación general de los sectores de menores ingresos. Frente a esta realidad, tanto empresarios como observadores locales y del exterior aguardan las mencionadas reformas parciales en el régimen tributario, la legislación laboral, las relaciones fiscales entre Nación y provincias, y en el sistema previsional.

Un desafío es el de la corrección del régimen fiscal, para lo cual se espera que continúe la gradual eliminación de subsidios a empresas de servicios públicos y una reforma tributaria hasta ahora desconocida. Se supone que esto podría contribuir a reducir la brecha fiscal, si bien su impacto no sería tan significativo, dado el peso del gasto social y previsional en el gasto público total. Pero en el caso de las tarifas públicas, deberá retomarse el sendero de actualizaciones del año pasado. De concretarse, la inflación de este año se aproximará más al 25% que al 20%. De postergarse para después de diciembre, será imposible, casi, alcanzar la meta de inflación entre 10% y 12% para 2018.

No siendo factible, entonces, modificar la actual dinámica de déficit fiscal en lenta baja con inflación de dos dígitos, el atraso cambiario seguirá complicando a los sectores productores de bienes transables, sobre todo a la industria manufacturera. El financiamiento vía deuda externa se mantendrá como la principal fuente de fondos para el Fisco, y el consecuente ingreso de esas dividas seguirá presionando el tipo de cambio a la baja, forzando al BCRA a esterilizar la emisión de pesos para comprar esos dólares con la colocación permanente de Lebac.

Las reformas

Es por eso que, entre las insinuaciones de reformas en ciernes, la que concentra mayor atención es el hasta ahora desconocido proyecto de reforma tributaria. Si algo se presume es que no sería un proyecto de baja generalizada de impuestos. Lo que sí es cierto es que cualquier baja en la presión efectiva de ciertos impuestos y aumento de otros no va a ser neutra. Habrá que esperar la difusión de dicho proyecto para evaluar sus efectos potenciales, y la lectura de legisladores y del resto de la sociedad de esos efectos. Si algo es claro, es que sostener la actividad en base a consumo, gasto público y presión tributaria en aumento, no ha contribuido a la solvencia fiscal, ni a un sendero de crecimiento, ni de desarrollo económico. Reducir la presión tributaria no admite demoras, pero habrá fuertes voces a favor y en contra, y por varios meses. La clave en el corto plazo vendrá dada por la consolidación de la actual recuperación. En el marco de las reformas que se comentan en los últimos meses, esprobable que la aprobación antes de fin de año de un régimen de blanqueo laboral tenga un impacto positivo sobre el empleo. Este último será en caso de aprobarse una reducción en las cargas patronales. Queda por verse si esto será o no parte de la reforma tributaria, y si esta, como el resto de las iniciativas de reforma del Gobierno podrían aprobarse sin demasiadas complicaciones.

El resultado de ayer abre las puertas a un escenario más favorable para un programa de reformas de mediano-largo plazos cuyo inicio no puede postergarse  mucho más allá de fines de 2018. En definitiva, volver al sendero del crecimiento sostenible y del desarrollo económico exigirá reformas que causarán fuerte oposición, pero que requerirá tiempo y recursos dedicados a negociaciones que serán arduas, pero inevitables. Para ver sus resultados habrá que esperar, al menos un año. Recién entonces se podrá vislumbrar, si la economía empieza a consolidarse de manera firme en un sendero de crecimiento sostenible, y bajo qué condiciones el actual Gobierno se va a preparar para las cruciales elecciones presidenciales de 2019. Por ahora, el corto plazo y el fin de año cierra razonablemente estable, con posibilidades de crecimiento, pero con inflación y los desequilibrios antes mencionados. Por ahora son relativamente soportables, pero en caso de no corregirse pueden complicar seriamente el rumbo económico de los próximos cinco-diez años.

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