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Cambiemos consolidó la gobernabilidad

El hecho distintivo de las elecciones de ayer fue la consolidación de un gobierno no peronista en una elección de medio término (lo que no ocurrió en 1999)

23-10-2017
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El hecho distintivo de las elecciones de ayer fue la consolidación de un gobierno no peronista en una elección de medio término  (lo que no ocurrió en 1999)  y previa a la próxima presidencial (lo que no pasó en 1987). Con apoyo social en las urnas, crecientes recursos institucionales, una oposición debilitada y una leve mejora de las condiciones económicas, la gobernabilidad en los segundos dos años del mandato de Mauricio Macri está  asegurada. Más aún, porque, dados los resultao de ayer, el escenario más probable es su continuidad en 2019

No es poco para Argentina, ya que ningún gobierno no peronista pudo terminar su mandato desde 1928. Asumir que sólo el peronismo puede gobernar y que la alternancia no es posible estrecha la vida democrática del país.

Con respaldo, y con un marco político que lo favorece, el Gobierno pondrá en marcha dos líneas de reformas que tienen distintos plazos y los aliados con los que contará el oficialismo en cada una de ellas pueden ser distintos.

Una es la agenda federal que deberá tratarse rápidamente, porque algunas leyes perderán vigencia a fin de año y su tratamiento, en muchos casos debe ser previo a la aprobación del Presupuesto.  La prórroga del impuesto al cheque, la de emergencia económica y el pacto fiscal son algunos de las temas a abordar, y que además, estarán condicionados por lo que resuelva la Corte Suprema sobre el reclamo de la provincia de Buenos Aires por el Fondo del Conurbano. En muchos de estos puntos la división no se dará por partidos, sino en función de intereses provinciales, por lo cual gobernadores de distinto origen político van a estar sentados del mismo lado de la mesa.

El Gobierno quiere tener a los gobernadores como sus principales interlocutores en esta etapa que se inicia porque los considera sus socios en la tarea de administrar el país. Los mandatarios provinciales tendrán más peso en el Congreso porque muchos de los legisladores que se incorporarán en diciembre están políticamente alineados con ellos. Entre los bloques del oficialismo y los del peronismo identificado con los gobernadores se reunirá una mayoría tanto en Diputados como en el Senado, lo cual es un dato clave porque todos los acuerdos que se logren deberán traducirse en leyes. El Gobierno Nacional cuenta también con un ventaja y es que llegará a la mesa de las negociaciones con un respaldo electoral que varios gobernadores no podrán exhibir. Además, como muchos de ellos buscarán revertir el resultado de ayer para poder ser reelectos en 2019, la confrontación con la Casa Rosada no parece ser el mejor camino para lograr ese objetivo.

La otra línea de reformas son las llamadas estructurales, que tendrán por finalidad mejorar la competitividad del país. En ella se destacan la reforma tributariapara que no se castigue tanto a la producción y la reducción de los costos no salariales.  A ellas deben sumarse avances en los planes de infraestructura  y la reforma del mercado de capitales. Todo apuntará a crear las condiciones favorables para que continúe aumentando la inversión que garantice el crecimiento de largo plazo. Porque más allá de la expansión económica de este año y que continuará el próximo y de la paulatina desinflación, los desafíos económicos y sociales para los próximos dos años son muchos. De hecho, la mejora de la economía explica, en parte, el crecimiento electoral del oficialismo entre las primarias y las generales.

El triunfo oficialista, y sobre todo haber disminuido la posibilidad de que Cristina Kirchner fuese competitiva en 2019, mejoró el clima económico luego de las primarias y cabe esperar que ocurra lo mismo ahora. El Gobierno siempre sostuvo que la principal razón por la cual no se aceleraba el proceso de inversiones era porque había dudas sobre la continuidad del actual ciclo político. Pero ayer parte de esas dudas se disiparon y ahora se verá si esta tesis es cierta o si las hacen falta también otras condiciones económicas para que la tasa de inversión aumente. Un posible debate es si el Gobierno abandonará el gradualismo para darle mayor profundidad y celeridad a las reformas.

Pero eso no depende sólo de la voluntad de la Casa Rosada sino de varias circunstancias, como la necesidad de negociar las leyes en un Congreso en el cual no tendrá mayoría. Por otra parte, no existe presión social en favor de algunas de las iniciativas que le interesan al Gobierno, como podrían ser los cambios en la legislación laboral. Por lo tanto, el gradualismo seguirá reinando.  Pero el punto de partida otorga mucho margen, porque si un Gobierno tuviese que elegir un resultado electoral para encarar las reformas, es el de ayer.

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