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Poniendo a los héroes en su lugar
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Poniendo a los héroes en su lugar

Heroico de verdad es admitir los propios límites, pedir ayuda y seguir luchando

Eduardo Kaplan 11 marzo de 2022

Al inicio del capítulo II del Don Quijote de la Mancha, Cervantes nos cuenta: “Hechas, pues estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en efecto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar, y abusos que mejorar y deudas que satisfacer”.

Este es el punto en que Alonso Quijano se transforma en Don Quijote, soñando ser un héroe y confirmando que hay una cuota grande de locura en toda fantasía heroica.

Otra cosa es convertirse en un héroe casual en circunstancias extremas.

Nuestro Sargento Cabral jamás se planteó ser un héroe y pasar así a la historia. Sus circunstancias y su visión del mundo operaron para que en ese instante crucial en que podía morir su jefe, pusiera el cuerpo él.

Pasa también en el mundo de los negocios. A veces un empresario puede encontrarse a sí mismo teniendo un comportamiento heroico para salvar a su empresa. Pero es también circunstancial.

Son sus circunstancias y su visión del mundo. Quiero decir, se puede ser empresario si uno es capaz de sostener un proyecto contra viento y marea. Hay una pizca de porfía en un emprendedor.

Pero más allá de estos ejemplos, la cuestión a iluminar es la de la gente de ambos sexos que en roles de mando se maneja con una estética sobre el “hacer”, que es el heroísmo.

Sin importar cuales sean sus circunstancias, ellos las verán como límite. Amañarán la realidad y sobre todo los tiempos para sentir la carga de heroicidad necesaria.

Juzgarán a quienes los rodean desde un escalón romántico respecto al propio rol y a la significación de su presencia e influencia, con tal énfasis que nada sea “natural”.

Planificar no es heroico. Trabajar en equipo no es heroico. Aceptar que es mínimo el costo de resolver el problema mañana, no es heroico.

Sin importar el lugar que ocupen en cualquier organización, serán utilizados por sus jefes que verán la oportunidad de subirle la vara a los demás, sin importar el costo.

Sin importar su lugar, desbaratarán una y otra vez el sentido de proceso, de acumulación de conocimiento, de medición y evaluación dura. ¡Nada de eso es heroico!

Mucho peor es cuando el héroe es el dueño. Es donde infligen el mayor daño cultural. Es fácil reconocerlos. Se quejan de su soledad, de la magnitud de sus sacrificios, de la dependencia que la organización tiene de ellos, porque “la gente” es vaga, inculta, desagradecida o floja o….

Recomiendo en ese caso recordarles lo que decía el viejo Spencer: el culto al heroísmo es más fuerte donde hay menos libertad de conciencia. O sea, si te dejan ser un héroe es que estás rodeado de gente que renunció a pensar.

Heroico de verdad es admitir los propios límites, pedir ayuda y seguir luchando.

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