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Dark stores y última milla: el futuro sustentable -y eficiente- de la logística

Un dark store bien ubicado equivale a varios locales tradicionales, mejorando así la gestión de última milla en términos de costos y tiempos de entrega.

La pandemia provocada por el Covid-19 fue, al menos en lo que a logística se refiere, el acontecimiento más disruptivo en lo que va del siglo.
La pandemia provocada por el Covid-19 fue, al menos en lo que a logística se refiere, el acontecimiento más disruptivo en lo que va del siglo.
Agustín Rico Agustín Rico 13-12-2022
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Pareciera ser que la pandemia comienza a ser un recuerdo lejano, sin embargo, sus consecuencias logísticas cobran cada día más vigencia. Cuando apenas habían pasado dos meses del aislamiento obligatorio en 2020, el comercio electrónico en Argentina había ya crecido en forma exponencial, alcanzando cifras que se proyectaban recién para 2022. Estamos comenzando a transitar la última parte de este año y la tendencia sigue siendo favorable a la logística, lo que genera cambios estructurales tanto para la industria del e-commerce como para toda la infraestructura que la sostiene. Junto con los cambios, en su mayoría positivos, aparecieron también muchos desafíos a transitar.

Según el Foro Internacional del Transporte, organización intergubernamental compuesta por 60 países miembros, las actividades de transporte de mercancías por ruta son responsables de más del 45% de todas las emisiones de dióxido de carbono del transporte de Argentina. Al mismo tiempo, los clientes del e-commerce se volvieron mucho más exigentes: según un estudio de Prologis, compañía logística con operaciones globales, alrededor del 85% de los compradores en línea eligen dónde comprar en función a los tiempos de entrega ofrecidos.

Entonces, ¿cómo se equilibra esta exigencia de transporte rápido y eficiente con la responsabilidad ambiental en la lucha contra el cambio climático? Aquí es donde la industria de la logística puede aportar soluciones y una posible respuesta para equilibrar dicha ecuación es ofrecida por el desarrollo de los dark stores y una mejor gestión de la última milla.

¿Qué son los dark stores? 

Llamamos dark stores (tiendas oscuras) a aquellas tiendas o locales que no ofrecen una atención directa al público sino que atienden solamente la demanda digital del e-commerce. Si bien es un formato que existe hace mucho tiempo, la pandemia lo potenció de manera exponencial, convirtiéndolo en una pieza fundamental de la revolución histórica que está viviendo el retail y un símbolo de los cambios sin precedentes que llegaron a la industria del e-commerce y la logística que la sostiene.

¿Qué es la última milla? 

La última milla se refiere al tramo final que el producto recorre justo antes de llegar al consumidor final. Por poner un ejemplo: un bien es producido en una fábrica, luego transportado a un almacén central y de allí a un almacén local para finalmente ser trasladado al hogar de quien lo pidió online. Este último trayecto, es decir el del almacén local a la casa del cliente, es denominado "la última milla". Es, sin dudas, la parte más relevante de la cadena de abastecimiento para el comprador: según el estudio de Prologis citado anteriormente, más del 90% de los consumidores esperan la entrega en tres días o menos, y el 30% la espera el mismo día. 

Actualmente se promedia en Argentina una circulación de cinco paquetes por persona al año, es decir, más de 200 millones de paquetes por año, cifras que duplican a la prepandemia. Los dark stores aportan eficiencia a la cadena logística lo cual redunda en un claro beneficio tanto para el consumidor y como para el vendedor en términos de tiempos. Por otro lado, ayudan también a pequeños emprendedores ya que no necesitan invertir en costosos locales en calles comerciales de diferentes ciudades para lograr que su producto esté disponible en cada rincón del país. 

Un dark store bien ubicado equivale a varios locales tradicionales: genera menores costos de operación dado que los mismos están exclusivamente relacionados al almacenamiento de los productos y a la preparación de pedidos de e-commerce recibidos (y no a la atención al cliente) y eficientiza distancias en cuanto a transporte por su cercanía a los puntos de consumo de mayor densidad poblacional, mejorando así la gestión de última milla en términos de costos y tiempos de entrega.

Con 2.780.400 kilómetros cuadrados de superficie, Argentina es el octavo país más grande del mundo, lo que convierte al transporte de productos en un verdadero desafío en las cadenas de consumo masivo. Los dark stores, en cambio, están ubicados en zonas estratégicas ya sea por la densidad poblacional o el acceso directo. Las distancias cortas de distribución en la última milla son un factor clave a la hora de satisfacer las exigencias del cliente y de emitir una menor cantidad de dióxido de carbono al conectar al producto con el cliente con una menor movilidad de ambos. Las ubicaciones estratégicas, además, permiten la multimodalidad del transporte y la traza de rutas inteligentes para evitar vehículos ociosos. 

Y, hablando de transporte vacío, lo mismo cabe para numerosas edificaciones: la pandemia cambió nuestros hábitos y modos de relacionarnos, lo cual generó un éxodo poblacional en muchas oficinas -con el boom del trabajo remoto- y edificios de ciudades importantes. Esta coyuntura se conecta directamente con el crecimiento de los infills: re-desarrollos que instalan centros de almacenamiento y distribución en espacios vacantes de zonas con alta densidad poblacional. Estos "desarrollos de relleno" generan beneficios para las comunidades locales que los rodean, creando trabajos, circulación de personas -lo que ayuda a los comercios circundantes-, y en algunos casos hasta cambios estructurales en la zona, provocando mejorías en, por ejemplo, el estado de las calles y una mejor iluminación pública. En varios países del mundo se están utilizando también como parte clave de la cadena logística; ubicados en la periferia de las grandes ciudades, se utilizan como centros de trasbordo de productos para luego ingresar a la ciudad y recorrer la última milla ya dentro de la ciudad hasta el cliente final en vehículos ligeros y eficientes.

La pandemia provocada por el Covid-19 fue, al menos en lo que a logística se refiere, el acontecimiento más disruptivo en lo que va del siglo, ya que las que parecían tendencias transitorias se han transformaron en cambios permanentes y estructurales. La logística fue sin dudas una de las industrias más afectadas -y más protagonistas- de la crisis, pero en la adversidad vio oportunidades y consiguió adaptarse a un sistema cambiante, encontrando un equilibrio entre la eficiencia, las exigencias del consumidor y las necesidades sustentables del planeta.

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