Escenario

Nigeria: un Estado fallido e impotente frente al yihadismo y el bandidaje

El todo, terrorismo yihadista y bandidaje, pone en evidencia la inoperancia del Estado nigeriano. No hay respuesta alguna.

Nigeria: un Estado fallido e impotente frente al yihadismo y el bandidaje
Luis Domenianni Luis Domenianni 13-01-2022
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Si desde hace más de una década, hablar de Nigeria, implica hablar del terrorismo yihadista de la banda Boko Haram, desde hace un lustro con la aparición del ISWAP, un desprendimiento del primero, la situación del norte del país se degrada aún más. 

Sin embargo, un fenómeno relativamente reciente supera a ambas formaciones terroristas por la consecuencia de sus actos. Se trata de un bandidaje sin ideología, que asola el norte musulmán del país.

Un bandidaje compuesto por decenas de grupos independientes unos de otros, aunque por pura conveniencia algunos prestaron sermón de obediencia a una de las dos organizaciones yihadistas. 

El todo, terrorismo yihadista y bandidaje, pone en evidencia la inoperancia del Estado nigeriano al punto que, en la práctica, no existe respuesta alguna. Ni el Ejército, ni las fuerzas de seguridad, ni la Justicia dan muestran de capacidad para enfrentar a los grupos armados que deambulan por los territorios rurales del norte del país.

El robo de ganado, el secuestro de niños escolarizados para cobrar rescate, la “percepción” de “impuestos” por “protección”, el transporte, el contrabando y el narcotráfico, conforman algunas de las “actividades” a las que se dedican los bandidos del norte de Nigeria.

Mientras tanto, las muertes de aldeanos y campesinos están a la orden del día. Y no se trata de una o dos, siempre suman decenas. Se trata de ejecuciones para sembrar terror. Es la ejemplaridad para aquellos que pretenden no acatar la “ley” bandida.

Así, por ejemplo, pasar revista a las actividades delincuenciales, por ejemplo, en febrero de 2021, muestra la ejecución de 23 aldeanos en el Estado de Kaduna; el secuestro de 42 personas -27 escolares- en el Estado de Níger; un segundo secuestro, esta vez de 317 escolares adolescentes en el Estado de Zamfara.

Y las actividades criminales no se detienen, ni nadie las detiene. Quince personas asesinadas en marzo 2021 en el Estado de Sokoto; nuevo secuestro de alumnos en el Estado de Níger en mayo 2021; 88 campesinos asesinados por abigeos en el Estado de Kebbi, en junio 2021; otros 35 en el Estado de Zamfara en julio 2021.

La lista, no taxativa, continúa: secuestro de 73 estudiantes en el Estado de Zamfara en julio 2021; ataque a un mercado con 43 muertos en el Estado de Sokoto, en octubre 2021. 

Limitándose al número de secuestros de escolares, las estadísticas del 2020 contabilizan 20 ataques a escuelas, con más de 1.400 niños y adolescentes secuestrados, de los cuales 20 resultaron muertos. En síntesis, un Estado absolutamente incapaz de garantizar la vida, la libertad y la propiedad de las personas, en el norte del país.

Claro que, si el bandidaje pasó a revistar como el problema principal, el yihadismo en sus dos vertientes no le va en zaga. Divididos en 2016, Boko Haram y el ISWAP, atacan poblaciones, atacan al Ejército y a las fuerzas de seguridad, y se atacan entre ellos.

Todo indica que el resultado de la lucha entre ambas bandas terroristas se inclina a favor del ISWAP -Provincia de África Occidental del Estado Islámico- que, a la vez, oficia de organización “paraguas” para las distintas facciones de Estado Islámico en África Occidental, incluido Estado Islámico en el Gran Sahara, que actúa en los países del Sahel como Mali, Níger y Burkina Faso.

La guerra yihadista

Se partieron en 2016. Casi como una copia de la división de las organizaciones terroristas supranacionales Al Qaeda y Estado Islámico. En Nigeria, Boko Haram, hasta 2015 cercano a Al Qaeda, prestó sermón de obediencia al autoproclamado califa del Estado Islámico, el irakí Abu Bakr Al-Baghdadí, muerto posteriormente, en 2019.

Al bosque de Sambisa, Estado de Borno, extremo noreste de Nigeria, llegaron entonces expertos en armas y comunicaciones de Estado Islámico. No tardaron demasiado los “asesores” en notar las ambiciones desmedidas de Abubakar Shekau, el jefe de Boko Haram.

Shekau, nacido en 1973, recibió el mando de la organización, tras la muerte en un enfrentamiento en 2009 con las fuerzas de seguridad nigerianas, del fundador de Boko Haram, Mohamed Yusuf. Desde entonces, la organización islámica ingresa de lleno en el accionar terrorista, primero contra los cristianos, luego contra el Estado de Nigeria.

No están claras las razones de la división, pero bien puede ser consideradas varias. Por un lado, el arsenal de armas que Shekau obtiene por parte de Al Qaeda, la organización rival de Estado Islámico. Por otro, la ignorancia de la demanda de este último para que Boko Haram cese en el empleo de niños y mujeres en la colocación de bombas.

Pero, sobre todo, influyó la derrota sufrida por Boko Haram en su intento de ocupar territorio no solo en Nigeria, sino también en Camerún, Níger y Chad, a manos de una fuerza conjunta integrada por los Ejércitos de dichos países en 2015.

El resultado fue el relevo de Shekau por parte del califato y la pérdida de la designación como Provincia del Africa Occidental del Estado Islámico (ISWAP) a favor de una fracción disidente encabezada por el terrorista Abu Musab al-Barnawi, hijo del fundador de Boko Haram, el citado Mohamed Yusuf.

Desde entonces, las acciones militares transcurrieron en deterioro de Boko Haram y su jefe Abubakar Shekau. Al punto que, rodeado por combatientes del ISWAP en el bosque de Sambisa, Shekau se quitó la vida cuando hizo explotar su cinturón de explosivos en mayo de 2021.

No obstante, el triunfo de ISWAP no fue total. Muchos de los combatientes de Boko Haram, ocho meses después de la desaparición de Shekau, no rindieron las armas. En Sambisa, no existe verdadera resistencia de los “Boko Haram” frente al ISWAP. Solo grupos aislados, dedicados al bandidaje.

Pero en el lago Chad, la facción de Boko Haram que encabeza Ibrahim Bakura, un lugarteniente de Shekau, mantiene a raya al ISWAP, al punto que logró ocupar una de las islas principales, la estratégica Kirta Wulgo, de la zona nigeriana del lago, tras derrotar al ISWAP en la región.

Así y todo, dicho éxito de Boko Haram es relativo. Sin vehículos armados, la facción lacustre de la organización no está en condiciones de recuperar territorio perdido. En rigor, el triunfo de ISWAP queda claro con la mera contabilidad de combatientes, simpatizantes y prisioneros de Boko Haram que desertan y se entregan al Ejército nigeriano.

No obstante, no todas son rosas para ISWAP. Su jefe, Abu Al-Barnaui resultó depuesto por Estado Islámico y reemplazado por Abdallah Idrisa. En 2021, murió en circunstancias que no están aclaradas.

Un video publicado por Estado Islámico, el 30 de octubre pasado, muestra imágenes de batallas, la ejecución por un niño de militares nigerianos y un desfile de vehículos y armas sofisticadas. Un video de propaganda que intenta dejar en claro la derrota de Boko Haram a manos del ISWAP.

La tentación separatista

La actual Nigeria es un invento del colonialismo británico. A tal punto, que su nombre -derivado del río Níger que la atraviesa- fue creación de la señora Flora Shaw, esposa del Barón Lugard, un administrador británico del Siglo XIX. Dicho nombre -Nigeria- aparece públicamente escrito, por primera vez, en una edición de The Times de 1897.

Semejante creación poco y nada tuvo que ver con la historia y la territorialidad de las distintas etnias que pueblan el país más habitado del África con 207 millones de habitantes.

Son más de 250 los grupos étnicos que pueblan Nigeria, entre los cuales tres sobresalen: Los hausas y fulanis, musulmanes, que habitan el norte del país; los yorubas, mayoritariamente cristianos de las diferentes iglesias protestantes, que pueblan el oeste del país; y los igbos, mayoritariamente católicos, que habitan el este.

La capital histórica de Nigeria fue la ciudad de Lagos, la más poblada del país, ubicada en pleno corazón del territorio yoruba. La búsqueda de una integración del país motivó el traslado de la capital a la nueva ciudad de Abuja, ubicada en el centro geográfico de Nigeria.

Es que casi por propia inercia, la tendencia evoluciona hacia el separatismo en contraposición a la unidad de regiones y poblaciones que no se identifican entre sí, que no hablan la misma lengua y cuya voluntad de convivencia está puesta en duda.

En el norte musulmán se aplica la “sharia”, la ley islámica, en el derecho común. Más allá de los excesos y la intolerancia de las dos organizaciones terroristas -Boko Haram y el ISWAP-, la aplicación de la sharia en solo una parte del país es un elemento por demás elocuente de esa inercia separatista.

Religión en el norte y petróleo en este. En el país igbo, la tendencia separatista no hunde sus raíces en la religión sino en la riqueza de hidrocarburos, de la que carecen las otras regiones de Nigeria.

En 1967, el país igbo proclamó su independencia bajo el nombre de República de Biafra que duró hasta 1970, cuando las tropas biafreñas capitularon ante el Ejército federal nigeriano. Como casi todas las guerras civiles, el costo en vidas fue altísimo. Las estimaciones más optimistas hablan de 800.000 muertos.

El recuerdo de semejantes matanzas parece muy difícil de olvidar. A la fecha, los servicios de inteligencia nigerianos detectan movimientos proindependentistas que toman auge en la región occidental del país. Por ejemplo, la huida masiva de 1.800 prisioneros de la cárcel del Estado de Imo (sudeste), liberados por un grupo armado catalogado como “biafreño”.

O la acusación de la Organización No Gubernamental Amnesty International contra el Ejército nigeriano por la muerte de al menos 115 personas en acciones de “represión del movimiento secesionista biafreño”.

Aunque sin el carácter político del yihadismo norteño o del separatismo esteño, los enfrentamientos por tierras entre ganaderos fulani y agricultores yoruba o igbo complican el dislocado panorama étnico del país, casi siempre con víctimas fatales y con personas desplazadas de sus hogares.

A todo esto, el accionar del Estado nigeriano brilla por su ausencia. Las operaciones del Ejército y de las fuerzas de seguridad consisten, básicamente, en la emisión de comunicados sobre acciones militares que casi nunca son comprobables. 

Y que, cuando lo son, se trata de operaciones contra manifestantes pacíficos que reclaman por las violencias policiales como en el caso de los hechos en el peaje del puesto de Lekki, en la ciudad de Lagos. Una comisión investigadora independiente concluyó que la represión con munición de guerra causó la muerte de 11 personas.

La economía

Gobierna Nigeria el presidente Muhammadu Buhairi es un militar musulmán, de la etnia fulani, que ya gobernó el país como dictador entre 1983 y 1985 tras un golpe de Estado que depuso al gobierno constitucional. No duró mucho entonces ya que otro general, Ibrahim Babangida, lo derrocó en 1985.

Tres veces -en 2003, 2007 y 2011- fue candidato presidencial frustrado. Pero, la cuarta, en 2015, resultó la vencida cuando obtuvo mayoría absoluta de sufragios. Cuatro años después, en 2019, fue reelecto.

Durante los ya seis años de administración Buhari, el país no logró recuperar los niveles de crecimiento que experimentó en los años anteriores cuando en varias ocasiones alcanzó una mejoría del PIB superior al 10% anual.

Por el contrario, los datos muestran como mejor año al 2015, primero del Gobierno de Buhari, con un modesto 2,7% de crecimiento del PIB. En 2016 y en 2020, año de pandemia, la economía nigeriana se contrajo en 1,6% y 1,8 %, respectivamente.

El fuerte crecimiento demográfico del país hace que los datos del PIB per cápita resulten más preocupantes. Así, el período Buhari contempla caídas del ingreso per cápita de hasta 19,8% en 2016. Actualmente, ocupa el puesto 145 sobre 196 países medidos, en la materia.

La economía del país está fuertemente condicionada por la explotación de petróleo y de gas natural. Los hidrocarburos son su principal fuente de ingreso, seguidos por las remesas de los inmigrantes.

Precisamente, en julio del 2021, el presidente Buhari promulgó una nueva ley petrolera después de un lapso de? 13 años de discusiones entre el Gobierno y las compañías petroleras.

La nueva ley pretende alcanzar una fiscalidad mayor, una mejor redistribución de la riqueza generada y, fundamentalmente, la transformación en sociedad comercial de la petrolera estatal Nigeria National Petroleum Corporation (NNPC), verdadera “caja negra” del estado y fuente de corrupción que limita las inversiones extranjeras en el sector.

Paralelamente, quedó resuelta una demanda entablada por varias comunidades del sudeste del país afectadas por excedentes petroleros que dañaron la agricultura. El gigante Shell aceptó indemnizar con 95 millones de euros a las poblaciones afectadas. En particular, a la etnia ogoni.

Con todo, el futuro del sector es por demás incierto. Gran porcentaje de los pozos en actividad alcanzaron la madurez productiva y, por ende, la continuidad de la explotación se torna cada vez más onerosa.

Más grave aún aparece la cuestión de la seguridad. Es que también aquí, en el sudeste, pululan las bandas delincuenciales. Perforan los oleoductos para robar petróleo, con los consiguientes daños ecológicos por los derrames. A su vez, secuestran, tanto en tierra como en el mar, a personal de las compañías petroleras para exigir rescate.

Las complicaciones del sector generan dificultades sobre toda la economía del país, en gran medida dependiente de las importaciones de alimentos y manufacturas. La tasa de inflación de Nigeria es muy alta con un aumento del índice de precios del 18% anual que implica la caída por debajo del umbral de la pobreza de siete millones adicionales de nigerianos.

Una inflación que conduce a los pudientes a escapar a través de la inversión en cripto monedas, al punto que el país se ubica tercero en el ranking mundial de su uso tras los Estados Unidos y Rusia.  

Como en todo el mundo, el uso de criptomonedas resulta siempre sospechoso en cuanto al blanqueo de dinero y al empleo para financiar el terrorismo. De allí que algunos países lancen su propia moneda virtual. Nigeria hizo lo propio en octubre del 2021 con la aparición de la e-naira, versión digital de la naira, la moneda impresa de uso legal.

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