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"Laboratorio Uruguay. El pequeño gigante que sorprende en América Latina" es el título del libro (Sudamericana, 2023)
Publica Sudamericana

"Laboratorio Uruguay": fragmento exclusivo del nuevo libro de Naishtat y Estenssoro

La periodista y la ex senadora plantean un recorrido fascinante por el laboratorio político, económico, social y cultural más exitoso y sugestivo del momento: Uruguay.

02 abril de 2023

Fragmento del capítulo "De Punta del Este a Silicon Beach" del libro "Laboratorio Uruguay" (Sudamericana, 2023)

Era una mañana de domingo cuando un brusco vuelo de pájaros le hizo comprender que había que hacer algo en aquella península. Y Mauricio Litman puso manos a la obra. Estaban los médanos, pero también el bosque. Litman, que había hecho su fortuna con El Ciervo, ubicada en el Once y considerada una de las ferreterías más importantes de Buenos Aires, soltó amarras y se radicó en Punta del Este. 

El frenesí inmobiliario del balneario considerado hoy uno de los más sofisticados de Sudamérica todavía no había comenzado. Litman, con su tenacidad, fue uno de sus creadores. En 1943 compró cincuenta y dos terrenos en una zona que no estaba urbanizada y empezó el desarrollo del Cantegril Country Club. A los primeros chalecitos los llamaba bungalows e impuso el concepto de alquiler con servicios. Cambió no solo el perfil arquitectónico, sino también el perfil social y cultural de ese naciente paraíso hecho de mar y dunas. 

A partir de 2020, la Argentina comenzó a asistir a un fenómeno inédito: la emigración a Uruguay de un creciente número de destacados emprendedores tecnológicos, profesionales con excelentes empleos y dueños de poderosos grupos económicos

"En Punta del Este lo extraordinario es que, debajo de los bosques de pinos y eucaliptus, y no sé la razón, crece el pasto. Y ese pasto y los árboles engaman toda su arquitectura", nos dice Carlos Libedinsky mientras nos muestra fotos del balneario en los años cuarenta. En su juventud este arquitecto argentino trabajó con Litman y después dejó su sello en muchas obras de la zona. 

Los loteos arrancaron gracias a la fuerza emprendedora de un puñado de uruguayos visionarios, algunos catalanes que habían huido de la guerra civil española y argentinos impetuosos como el ferretero judío del Once. Comparado con Mar del Plata, hace un siglo Punta del Este era un balneario modesto. El pueblo que lo originó se llamaba Ituzaingó. Era una pequeña comunidad de pescadores y cazadores de lobos y ballenas asentada en la paradisíaca pero inhóspita península que separaba las aguas del mar Atlántico y el Río de la Plata. Ellos la llamaban "la punta del este". 

Plantean un recorrido fascinante por el laboratorio político, económico, social y cultural más exitoso y sugestivo del momento: Uruguay, ese edén sudamericano que se abre camino con mesura en medio de una región convulsionada

En el libro "Al Este de la historia", Silvia Pisani y Diego Fischer cuentan la historia de uno de sus principales pioneros, Antonio Lussich, quien descubrió Punta Ballena a los 50 años de edad, tras amasar una fortuna con embarcaciones de carga, remolcadores y rescate de barcos. Lussich, primera generación nacida en Uruguay de una familia croata, adquirió mil quinientas hectáreas en 1896 que formaban parte de una cadena montañosa de apenas ciento veinte metros de altura. Un páramo que miraba sobre la incomparable Bahía de Portezuelo que él forestó completamente. En aquellos inicios, predominaba el desierto hasta tal punto que algunos llegaron a importar camellos para trasladarse a la playa. Lussich era un empresario muy particular, escritor y amigo del autor del Martín Fierro, José Hernández, y obstinado coleccionista de arte. Trasladó las tertulias de su palacete estilo francés de Montevideo a Punta Ballena, donde recibía a escultores como José Zorrilla de San Martín, quien lo instó a poblar la zona con pájaros de todo el mundo. 

La voz se fue corriendo y las familias uruguayas y argentinas de clase alta comenzaron a llegar a la "Península", como llamaban a ese oasis escondido. Al emblemático casino del Hotel Biarritz había que ir de esmoquin. Se inauguraron el Gran Hotel España, la Cigale y años después el lujoso Hotel Casino San Rafael. El boom se dio en los años cuarenta, cuando surgieron urbanizaciones ondulantes en medio de bosques de pinos plantados por el hombre, como el Cantegril y los barrios del Golf y San Rafael. Los argentinos que buscaban un lugar exclusivo pero natural a la vez llegaban en los ferris de la familia Mihanovich. Atracaban lejos del puerto y se los acercaba en embarcaciones menores. Más tarde se inauguró un tren que unía Montevideo con la "Península". Libedinsky recuerda esos primeros tiempos: "Era un lugar menos rumboso que Mar del Plata. Mi padre pensaba que Punta del Este nunca iba a ser un balneario chic, decía que los balnearios elegantes no tienen buenas playas. Biarritz, Niza, Saint Tropez, Brighton, son todas playas espantosas. Y Piriápolis es como Biarritz o Niza, una rambla académica, el hotel Argentino, y después una mala playa. Pero mi padre era médico y no entendía nada". 

Silvia Naishtat y María Eugenia Estenssoro se propusieron dilucidar las claves detrás de la novedosa elección de vida de muchos argentinos (y la fantasía de otros) y el resultado es un libro revelador

Cuando Francisco Franco venció en la guerra civil española, Punta del Este se convirtió en el lugar en el mundo para Rafael Alberti y su mujer, la también poeta Teresa León. En el Cantegril Country Club construyeron La Gallarda con diseño de otro español exiliado, el catalán Antonio Bonet. Este arquitecto catalán dejó su huella en la urbanización de Solanas que hizo Lussich en Punta Ballena. Es reconocido por su estilo despojado a la Bauhaus o Le Corbusier, de materiales naturales y líneas simples. Todavía es un hit mundial la inolvidable silla BKF (Bonet, Kurchan, Ferrari), que creó con dos colegas argentinos en su paso por Buenos Aires. 

Alberti era un imán. Llegaban a visitarlo desde el pintor brasileño Cándido Portinari hasta el escritor argentino Manuel Mujica Lainez. Unos años más tarde, en 1950, se instalaron en Punta Ballena la consagrada Margarita Xirgu y su esposo. Adoptaron la ciudadanía uruguaya. Los visitaban Pablo Neruda y alumnos jóvenes, como los actores China Zorrilla y Walter Vidarte. Oliverio Girondo y más tarde Silvina Bullrich fueron escritores que siguen siendo recordados por su vida en el Este. 

Desatada la Segunda Guerra Mundial, las familias argentinas que solían pasar largas temporadas veraniegas en el viejo continente eligieron Punta del Este como alternativa. Esa ola, que parecía imparable, se interrumpió cuando Juan Domingo Perón rompió relaciones con Uruguay en 1953. Algunos porteños, como los Libedinsky, encontraron un atajo: volar por Líneas Aéreas Paraguayas con escala en Montevideo. Las relaciones se restablecieron en 1955 con la Revolución Libertadora. Punta del Este se pobló de familias que huían con sus niños de Buenos Aires ante la epidemia de parálisis infantil. Tomaban el hidroavión de CAUSA (Compañía Aérea Uruguaya Sociedad Anónima). Desde entonces, el balneario chic quedó en el imaginario de esa élite argentina como un lugar cercano, pero suficientemente alejado, donde guarecerse de las inclemencias políticas y sociales de su tiempo. 

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El libro culmina con una entrevista a Luis Lacalle Pou

El resort de los ricos y famosos 

En 1951 Mauricio Litman organizó el primer Festival Internacional de Cine. En ochenta días construyó un cine cerrado con seiscientas butacas, otro al aire libre y una discoteca. El festival le dio una impronta más glamorosa a Punta del Este, por la presencia de actores famosos como Joan Fontaine, Gérard Philipe, Cantinflas, John Derek, Silvana Mangano, Anita Ekberg, Jeanne Moreau e Yves Montand durante la temporada. Un hito muy recordado fue el estreno de la película Juventud, divino tesoro, de Ingmar Bergman, quien rápidamente se consagró como director de culto en Uruguay y la Argentina cuando en Europa todavía no lo valoraban. 

En aquellos años, el artista Carlos Páez Vilaró alojó en su Casapueblo de Punta Ballena a Vinícius de Moraes, que daba sus shows junto a Toquinho, Maria Creuza y Maria Bethânia en el Carrousel del Hotel San Rafael o en La Fusa. Este café concert fundado por los argentinos Coco y Silvina Pérez en 1969 catapultó a artistas como Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle, que contagiaban el espíritu del Instituto Di Tella. Mientras en la Argentina gobernaba el dictador Juan Carlos Onganía, en La Fusa se escuchaba a Mercedes Sosa, María Elena Walsh y Susana Rinaldi. En 1970 Astor Piazzolla, tras conquistar al público con Balada para un loco y Chiquilín de Bachín, compró la residencia El Casco en Rincón del Indio. Alternaba sus descansos con la pesca de tiburón y fue el factótum para convocar a otros músicos, como Daniel Rabinovich, integrante de Les Luthiers. En 1985 se quedó a vivir definitivamente en Punta del Este. 

¿Por qué, pudiendo vivir en Nueva York, Londres, París o Tel Aviv, ellos elegían Punta del Este, José Ignacio, Montevideo y hasta Colonia del Sacramento? 

Pero el momento de mayor glamour y desenfado llegó en los años noventa, cuando las revistas argentinas Caras, Noticias y Gente contaban en detalle lo que hacían en "Punta" Susana Giménez —enamorada del Corcho Rodríguez—, Marcelo Tinelli, Valeria Mazza y las modelos de Pancho Dotto, entre otros. El plato fuerte era la lista del quién es quién de las fiestas de Franco Macri en su casa de Manantiales, símbolo de la llamada "década menemista". Era habitual que el presidente Carlos Menem, Alberto Kohan, otros ministros y secretarios, junto al infaltable Bernardo Neustadt, se codearan con empresarios y celebrities durante la temporada alta. Muchas decisiones calientes se tomaron en asados que parecían veladas festivas e informales. 

La crisis de 2001 frenó el afán de los políticos argentinos por mostrarse en el balneario fashion de Uruguay. Los empresarios también bajaron el perfil y aún hoy escapan de los fotógrafos. 

Sin embargo, en las últimas dos décadas, al calor de las inversiones argentinas y la llegada de muchos residentes de alto poder adquisitivo de Brasil, Europa y Estados Unidos, se construyeron centenares de edificios, countries, complejos lujosos y deslumbrantes chacras en una inmensa área que se extiende desde San Carlos, Laguna del Sauce, Punta Ballena, La Barra y Manantiales hasta las zonas más agrestes, pero mucho más exclusivas, de José Ignacio y Laguna Garzón. 

El chef Francis Mallmann, quien desde muy joven marcó tendencia no solo en la comida sino en el real estate, fue de los primeros en plantar bandera allá lejos y hace tiempo. Megaempresarios como Paolo Rocca de Techint, Alejandro Bulgheroni de Panamerican Energy y el desarrollador y financista Eduardo Costantini lo siguieron.

 

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Sobre las autoras

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Silvia Naishtat nació en la ciudad de Córdoba. Es ingeniera agrónoma graduada en la UCA. Se inició en el periodismo en el diario La Razón en 1984, cuando era dirigido por Jacobo Timerman. En 1990 ingresó a Clarín, donde es editora de Economía y de Negocios. En el año 2000 publicó El cazador, la biografía no autorizada de Juan Navarro, en coautoría con Pablo Maas, y en 2017, Argentina innovadora, junto con María Eugenia Estenssoro. Es miembro de la Academia Nacional de Periodismo, y en 2007 recibió el Premio Konex por su labor en la prensa gráfica.

María Eugenia Estenssoro fue senadora nacional y diputada por la Ciudad de Buenos Aires. Obtuvo una maestría en Periodismo de Columbia University. Estudió Literatura Comparada y Ciencias Políticas en Smith College, la Sorbonne y Sciences Po. Cofundó la Fundación Equidad, destinada a reducir la brecha digital, y la Fundación Endeavor Argentina para promover el desarrollo de emprendedores de alto impacto. Cofundó y presidió el International Women's Forum de Argentina. Trabajó para la revista Time, fue editora de la revista Noticias y cofundó la revista Mujeres & Cía. Es autora de Argentina innovadora, con Silvia Naishtat. Dicta el seminario La Innovación como Estrategia-País en la Facultad de Economía de la UBA.

 

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