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Italia: los múltiples desafíos que enfrenta Giorgia Meloni

El nuevo Gobierno de Italia, posiblemente al mando de Giorgia Meloni, parece enfrentarse a una serie de complejas problemáticas que requieren una pronta solución.

Más allá de la victoria electoral, su programa de gobierno será de difícil aplicación.
Más allá de la victoria electoral, su programa de gobierno será de difícil aplicación.
Gioele Sanna 28 septiembre de 2022

Los italianos concurrieron a votar el pasado domingo 25 de septiembre y los resultados dieron como ganador a la centro-derecha, que obtuvo cerca de 44% de los votos y, por ende, la mayoría absoluta en ambas cámaras. 

Se trata de elecciones históricas que llevarían al poder a Giorgia Meloni, mientras que Marine Le Pen y Viktor Orbán las calificaron como una “victoria histórica”.

Fratelli D'Italia (FDI), liderado por Meloni, se impuso dentro de la coalición de la centro-derecha, logrando 26% de los votos y haciéndose con la victoria en once regiones italianas, muy por arriba del 8% de la Lega de Matteo Salvini y del 8% de Forza Italia de Silvio Berlusconi.

  • Por su parte, la coalición de la centro-izquierda, conformada por el Partito Democrático de Enrico Letta y otros partidos minoritarios, apenas llegó a 26%. 
  • El Partido Democrático no logró la victoria en ninguna región italiana, haciéndose con el 18% de los votos a nivel nacional. 
  • El Movimento 5 Stelle, cuyo principal referente es Giuseppe Conte, cae en picada y del histórico 32% obtenido en 2018 bajó al 15% pero, lejos de desaparecer de la vida política, logró ganar en varias regiones del sur. 
  • Sorprendió el insólito 7% que obtuvo la pequeña coalición europeísta de Azione Italia Viva, cuyo principal referente es el exministro Carlo Calenda y el expremier Matteo Renzi.

Todo apunta a que la coalición de la centro-derecha conformará el nuevo gobierno, cuya premier será Meloni, siendo la primera vez en la historia de Italia que una mujer ocuparía ese cargo. 

Meloni es una política conocida en Italia desde hace larga data y la fuerza política que lidera, también. De hecho, FDI es el sucesor del Movimento Sociale Italiano, la principal fuerza política sucesora del fascismo creada en 1946 por veteranos de la República Social Italiana. A partir de entonces, este partido fue mutando de neofascismo a posfascismo para finalmente declararse hoy en día como derecha conservadora. 

Meloni comenzó su carrera política en el sector juvenil del nombrado Movimento Sociale Italiano, pero no se convirtió en una personalidad destacada de la política italiana hasta el gobierno de Silvio Berlusconi, ocupando la presidencia de la sección juvenil del Popolo della Liberta (partido liderado por Berlusconi) y ejerciendo como ministra de la Juventud entre 2008 y 2011. 

Tras la caída del cuarto Gobierno de Berlusconi, en 2012 fundó Fratelli D'Italia, y desde entonces, no ha hecho más que crecer en los comicios y encuestas hasta lograr un resultado histórico en estas elecciones.

Si bien es una fuerza política que se dio a conocer al electorado italiano por ser muy disruptiva, hasta el punto de llegar incluso a proponer salir de la OTAN, implantar un bloqueo naval militar sobre las costas de Libia para frenar las olas migratorias provenientes desde Africa y abandonar también la Unión Europea por considerarla una organización coercitiva hacia la soberanía e intereses italianos, hoy en día, al igual que con la Lega, puede observarse una gran metamorfosis en cuanto a los principales postulados políticos del partido.

Un ejemplo de ello son las declaraciones de Meloni en lo referido a la crisis ucraniana, al afirmar que Italia se mantendrá leal a la Alianza Atlántica y a su principal socio extraoceánico: Estados Unidos. 

También trató de diferenciarse del Gobierno húngaro de Viktor Orbán, hasta hace poco tiempo considerado el principal referente de Meloni en Europa, al mostrarse favorable al envío de armas a Ucrania y a seguir con las sanciones económicas sobre la Rusia de Vladimir Putin, figura política a la que tanto Meloni como Salvini e inclusive Berlusconi miraban con admiración hasta hace muy poco tiempo. 

En ese sentido, Meloni ya no se presenta ondeando la bandera del euroescepticismo bajo el lema del “diktat de Bruselas” sino que intenta mostrarse a ojos de Europa y Estados Unidos como continuadora de la política exterior sostenida por Italia hasta el momento y, a su vez, ya no le habla al electorado italiano sobre “salir de la Unión Europea” sino de “reformarla”. 

Aun así, la certeza con la que algunos analistas apuestan por la corta duración de un Gobierno de Meloni parte de la convicción de que la reacción de los mercados financieros, sumada a la supuesta incapacidad de la derecha para gobernar e implementar un programa tan poco realista (al querer subir el gasto público entre 111.000 y 165.000 millones de euros anuales), conducirá inexorablemente a su caída, siguiendo las líneas de lo ocurrido con Berlusconi en 2011 y Conte en 2021.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, también lanzó su veredicto sobre un posible Gobierno de Meloni, avisando bajo tono de amenaza que Bruselas dispone de "instrumentos" como en el caso de Polonia y Hungría si las cosas "van en una dirección difícil". Es por este motivo que están, no en vano, los mencionados intentos de la líder de Fratelli D'Italia de presentarse como moderada.

Sea como sea, el nuevo Gobierno parece enfrentarse a una serie de complejas problemáticas que requieren una pronta solución. En primer lugar, identificamos a la grave crisis energética que sufre no solo Italia, sino toda Europa, por las sanciones europeas a Rusia a raíz de la invasión de Ucrania.

Esto se debe a que alrededor del 45% de las importaciones de gas de Italia dependían del gas ruso, por lo que, a partir del próximo invierno, un hogar típico italiano gastará hasta 500 euros al mes en facturas de energía. Esto supondría un aumento de más de tres veces respecto a los costos de 2021, cuando la factura energética media se situaba en 140 euros.

Un gasto de estas magnitudes podría causar una crisis económico-social sin precedentes y terminar con numerosas empresas al no poder hacer frente a los gastos de energía en un contexto en el que el sector privado viene recuperándose de lo que significó la pandemia de Covid-19.

A su vez, el nuevo Gobierno deberá aprobar en menos de dos meses el presupuesto para el año 2023, una cuestión no menor ya que en el contexto de una crisis energética sin precedentes, la centro-derecha presentó entre sus propuestas de campaña abolir el “Reddito di cittadinanza” (un subsidio de 700 euros mensuales a desempleados en dificultad) del cual pasaron a depender muchas familias a partir de 2018. Si esta medida se fuera a efectivizar, las tensiones sociales, especialmente en el sur, podrían crecer a pasos agigantados. 

En ese aspecto, el nuevo Gobierno deberá enfrentarse a una realidad socioeconómica inédita en un país que cree cada vez menos en las palabras de los políticos, como así lo evidencia la poca participación en las elecciones, llegando apenas a 64%, es decir, 10 puntos menos que en 2018 y logrando el récord de la participación más baja en la historia de la República italiana.

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