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Aniversario de la invasión

Guerra en Ucrania: solo Rusia y EE.UU. tienen el poder de detenerla

Este viernes 24 de febrero, se cumple un año desde que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó invadir Ucrania. Pero, lejos de acercarse a su final, se espera que el conflicto se extienda en el tiempo y parece que solo concluirá cuando Moscú y Washington lo decidan.

Guerra en Ucrania: solo Rusia y EE.UU. tienen el poder de detenerla
Damián Cichero 23 febrero de 2023

Desde el final de las guerras yugoslavas (1991-2001), y más allá de algún conflicto a menor escala, Europa había vivido en un estado de relativa paz. Sin embargo, el 24 de febrero de 2022 todo cambió: por primera vez en 80 años un país europeo era invadido.

Ese día, del cual hoy se cumple un año, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó invadir a Ucrania, desatando, hasta el momento, el conflicto más sangriento en Europa desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial. 

En total, se estima que la guerra ya ha causado unas 280.000 bajas entre muertos y heridos de ambos ejércitos, a lo que se sumarían más de 30.000 civiles muertos. 

En el caso específico de las Fuerzas Armadas rusas, estas habrían perdido 180.000 hombres, mientras que las ucranianas otros 100.000. Para tener noción de lo que esto significa, cuando la Unión Soviética invadió Afganistán entre 1979 y 1989, "apenas" registró 15.000 bajas. 

Por otra parte, el conflicto también ha generado el mayor desplazamiento de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial: más de 8 millones de personas se encuentran en países como Polonia, Alemania y República Checa, entre otros. A estos se suman las más de 5.300.000 personas que aún viven dentro de Ucrania, pero en una ciudad diferente. 

Además, como era de esperar, la guerra ha golpeado duramente a la economía de Ucrania, donde el PIB cayó más un 30% en 2022, mientras que Rusia se ha mostrado más resistente de lo que se pensaba (el PIB apenas bajó 2,1%). 

El origen del conflicto

Como sucede en la mayoría de los conflictos, siempre hay más de una visión sobre el origen del mismo y este no es la excepción. En ese sentido, se pueden destacar dos por sobre el resto: por un lado, está la mirada realista de Rusia y, por el otro, la idealista de EE.UU., Ucrania y compañía. 

Frente al aniversario de la guerra, esta semana Putin dio un histórico discurso ante la Duma en el que acusó a Occidente de empezar la contienda: "Quieren acabar con nosotros. Buscan convertir un conflicto local en uno global. Vamos a reaccionar en consecuencia para preservar la existencia de nuestro país".

Como quedó claro en esta última frase, para Putin y compañía esto es una cuestión de vida o muerte que puede ser explicada desde una visión realista.

Esta teoría afirma que el Sistema Internacional, a diferencia de lo que ocurre en los países, es anárquico, lo que significa que no existe una autoridad supranacional para resolver los conflictos entre los actores. 

Por ello, el principal objetivo de los países es sobrevivir y dependen exclusivamente de ellos para lograrlo, lo que incluso a veces implica hacer la guerra.  

Debido a este motivo, desde Moscú acusan a la OTAN, creada en el siglo XX para contener a la Unión Soviética, de seguir expandiéndose hacia Europa del Este pese a que la Guerra Fría había finalizado. 

En la década de los 90, y con la excusa de expandir la democracia, la Alianza Transatlántica liderada por EE.UU. permitió que se sumaran países que formaron parte de la URSS, como Lituania, Letonia y Estonia, o que estuvieron bajo su órbita, como Polonia, Hungría y República Checa.

Y para Moscú, que asegura que Washington se había comprometido a no expandirse más allá de Alemania Oriental, la última línea roja fue el acercamiento entre la OTAN y Kiev. Es así que, ante la posible adhesión de Ucrania, lo cual traería al enemigo hasta sus propias puertas y rompería el equilibrio de poder en la región, Moscú decidió atacar. 

Por otra parte, la visión de EE.UU. y Ucrania es muy diferente, y quedó más que clara esta semana cuando Joe Biden dijo, desde Polonia, que todos saben lo que está en juego en esta guerra "no solo por Ucrania, sino por la libertad de las democracias en toda Europa y en todo el mundo (...) Los apetitos del autócrata no se pueden apaciguar. Deben oponerse. Los autócratas solo entienden una palabra: no, no, no".

Con una visión mucho más idealista, característica de los mandatarios norteamericanos, Biden considera que esta es una guerra entre democracias y autoritarismo, o entre el bien y el mal, al estilo Star Wars. 

Sin embargo, esta idea pierde fuerza si se tiene en cuenta que Ucrania es considerado uno de los países más corruptos de Europa. Además, cabe recordar que, ante la falta de petróleo, el propio Biden viajó en 2022 a Arabia Saudita para reunirse con el rey Salmán bin Abdulaziz, sin tener en cuenta las violaciones de derechos humanos que ocurren en ese país. 

Incluso la misión "divina" estadounidense de expandir y defender la democracia por todo el mundo, por muy buena que parezca, no puede ser tomada como la verdad absoluta: Hans Morgenthau, padre del realismo clásico, ya explicó que las aspiraciones morales de un país no pueden identificarse con las leyes que gobiernan el universo. 

Quizás el mejor ejemplo de que la justificación occidental carece de sentido es que tanto la mayor democracia del mundo (India) como la más grande de América Latina (Brasil) no solo no han condenado la invasión, sino que incluso mantienen sus vínculos con Rusia y se niegan a apoyar directamente a Ucrania. 

Tanto Rusia como Brasil, India, China y Sudáfrica forman parte del grupo de los BRICS, creado en 2009 justamente por compartir una visión internacional diferente a la estadounidense, mucho más basada en los cálculos de poder. 

Pero, más allá de esta disputa ideológica, cabe remarcar que, sin la ayuda occidental, la resistencia ucrania sería prácticamente imposible: desde que estalló la guerra, Kiev ha recibido más de 143.000 millones de euros en asistencia militar, financiera y humanitaria. 

Como no podía ser de otra manera, el 51% de esa ayuda fue brindada por Estados Unidos, seguido por la Unión Europea como bloque (24%), sus miembros individualmente (14%) y el Reino Unido (6%). 

¿Qué nos depara el futuro? 

A un año de iniciado el conflicto, dos de las grandes cuestiones es qué sucederá próximamente y cuándo podría finalizar la guerra.

En diálogo con El Economista, Guillermo Lafferriere, veterano de Malvinas y experto en asuntos militares, declaró que "entre mediados de noviembre y diciembre la superioridad numérica y en medios pasó a ser de Ucrania a Rusia, mientras que durante toda la guerra la superioridad había estado del lado de Ucrania".

"Hoy se calcula que podría llegar a haber entre 700.000 y un millón de soldados rusos en el campo de batalla, frente a unos 300.000 ucranianos. Desde hace dos meses los rusos vienen operando en todo el frente de combate en la zona del Dombás con acciones muy puntuales. Pero no creo que haya una penetración muy osada porque los ucranianos, que tienen un gran problema de carencias de reservas, en vez de rechazar el combate, lo siguen dando, lo que los degrada día a día", agregó.

Respecto a lo que podría suceder a corto, mediano y largo plazo, Lafferriere consideró que hay que analizar los fines y medios que se ponen para operar: "Ucrania se fija el objetivo de echar a los rusos de su territorio, pero hoy en día dependen exclusivamente de los medios que le provea Occidente, ya que casi no poseen propios. Hasta el día de hoy, esos medios no alcanzan para cumplir el objetivo".

"Del lado ruso existen dos objetivos: uno es destruir las fuerzas armadas ucranianas y el otro es desnazificar Ucrania, lo que yo interpreto como cambiar el régimen político de ese país. Por el momento, Rusia viene cumpliendo con su primer objetivo y eso podría permitirle alcanzar el segundo", añadió.

Por último, en relación a cuánto tiempo podría durar la guerra, Lafferriere estima que todas las condiciones están dadas para que se prolongue en el tiempo, ya que "los rusos pueden hacerlo de forma indefinida, lo que significa que pueden sostenerla militarmente en un horizonte extremadamente prolongado que no podemos definir".

"Ucrania no puede hacer esto porque depende de la buena voluntad de terceros y esta buena voluntad, en la medida en que no se vean resultados, va a ir mermando. Ucrania no puede decidir en realidad, ya que la decisión de si la guerra se prolonga depende exclusivamente de Washington y Moscú", sentenció. 

 

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