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Balance del primer año del gobierno de Donald Trump

Trump aboga en favor de un sistema de poder regido por la soberanía y el interés nacional, con muy poco espacio para las normas e instituciones de naturaleza global

Atilio Molteni 31 enero de 2018

Por Atilio Molteni Embajador

Se cumplió un año del Gobierno del presidente Donald Trump, quien llegó al poder utilizando el lema "Estados Unidos primero", sin pertenecer al "establisment" político, presentando un mensaje de cambio compuesto por ideas populistas y nacionalistas, unidas a múltiples expresiones transmitidas por "tweets" duros. Se reveló como un candidato carismático con instinto político superior a sus oponentes. Su éxito se debió a que fue capaz de demostrar la capacidad de escuchar a los desposeídos y resentidos que creen que un mundo globalizado beneficia a las corporaciones y a los trabajadores de otros países. Por ello, cuestionó a los acuerdos regionales de libre comercio y al déficit del intercambio con China, Japón, Alemania y  otros mercados.

A diferencia de sus predecesores, no tiene experiencia previa en un cargo político o gubernamental, ni es un republicano tradicional. Su populismo es pragmático y conservador, independiente de las ideas políticas tradicionales, basado en conocimientos comerciales que decidió trasladar al mundo de la política. Hasta ahora logró mantener la confianza de los hombres de negocios, pues la economía sigue creciendo y también los índices bursátiles. Pero a pesar que el desempleo disminuye, su aprobación sólo gira alrededor de sólo el 38%. Y aunque el Partido republicano cuenta con la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, Trump cumplió un año de Gobierno sin grandes resultados políticos, salvo una reforma fiscal.

También puso en duda conceptos centrales de la política exterior norteamericana en el período posterior a la Guerra Fría, mientras afirmó que se concentraría en la reconstrucción de la economía y de las fuerzas armadas, y en limitar los avances del Islamismo radical. Sus adversarios lo cuestionan por no defender el orden liberal y el multilateralismo, al optar por objetivos que consideran aislacionistas, nacionalistas y transaccionales, modificando radicalmente la función global de los Estados Unidos.

Trump parece abogar en favor de un sistema de poder regido por la soberanía y el interés nacional, con muy poco espacio para las normas e instituciones de naturaleza global, pues su Gobierno no continuó con el Acuerdo de Asociación Transpacífico, lo que benefició la expansión de China y siguió igual proceder con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, sembró dudas sobre su compromiso con la OTAN, se retiró de la UNESCO y en dos ocasiones no homologó el cumplimiento iraní de las obligaciones que contrajera bajo el Acuerdo Nuclear,  mientras busca ampliar las sanciones a ese país. El futuro del NAFTA (con Canadá y México) y de otros acuerdos donde Estados Unidos tiene un déficit comercial dependen de negociaciones en curso de pronóstico reservado.

Al mismo tiempo dejó de lado prioridades como la defensa de los derechos humanos, la democracia y la ayuda al desarrollo

Al mismo tiempo dejó de lado prioridades como la defensa de los derechos humanos, la democracia y la ayuda al desarrollo, con paralelo acento en políticas restrictivas a la inmigración a su país. Por otro lado, el secretario de Estado, Rex Tillerson; el de Defensa, Jim Mattis; el titular del Consejo Nacional de Seguridad, H.R. Mc Master y el Jefe de Gabinete, John Kelly (los tres últimos militares muy experimentados) en ocasiones se transformaron en un contrapeso de sus ideas respecto de la Federación Rusa, China, OTAN y otros temas, en un momento en que se acentúan las tensiones con Corea del Norte e Irán.

Las líneas de decisión en Washington no son claras, pues a veces los "tweets" del presidente parecen representar la política a seguir, para demostrar independencia y su instinto político, conservando su base electoral populista, mientras sus acciones internacionales son aprobadas por un número reducido de países de escaso respaldo como Israel y Arabia Saudita, pero resentidas por otros aliados tradicionales.

El propósito original de Trump fue mejorar las relaciones con Moscú, dejando de lado el concepto bipartidario tradicional de contención a Rusia, en el que se reconoce tanto su calidad de potencia significativa como la de amenaza a la seguridad y a los intereses estratégicos de Estados Unidos. Ese enfoque planteó serios interrogantes, pues Putin está guiado por su nacionalismo, su autoritarismo y la reconstitución del poder ruso, pretendiendo que el mundo responda a un esquema dirigido por las tres potencias más significativas, en donde Moscú figure con una situación de igualdad.

En todo caso, esa propuesta fue limitada por las agencias de inteligencia, que determinaron que la Federación Rusa se inmiscuyó en la campaña presidencial. Actualmente, Trump es investigado por el consejero especial Robert S. Muller III, quien trabaja en comprobar si se cometieron delitos (por ejemplo, si asociados de Trump se coordinaron con los rusos para influir la elección y si hubo obstrucción a la justicia). Además, existen investigaciones bipartidarias en ambas Cámaras del Congreso.

Tales desarrollos crearon un clima desfavorable al acercamiento con la Federación Rusa y Trump debió aceptar nuevas sanciones impuestas a Moscú por el Congreso. De este modo, a pesar de las declaraciones de buena voluntad de ambos presidentes, los problemas geopolíticos concretos -como lo que sucede en Ucrania y Siria-, fueron dejados de lado para regresar a actitudes de enfrentamiento, pues ambos países compiten con diferentes sistemas de Gobierno.

Por otro lado, China, que es una superpotencia económica, una de las bases de la economía global y del crecimiento mundial y una potencia militar creciente en Asia y en el Pacífico, aprovecha el repliegue estadounidense para presentarse como líder de la globalización. Las relaciones de Washington con Xi Jinping al comienzo fueron cordiales, pero la Estrategia de Seguridad Nacional (diciembre 2017) hoy considera a China como una potencia revisionista, que busca la hegemonía regional para luego alcanzar una situación de preeminencia, mientras Trump cuestiona el déficit del intercambio con dicho país y pretende que su dirigencia lance una acción enérgica contra Corea del Norte. Y si bien hasta ahora las políticas del presidente no llevaron a enfrentamientos militares o comerciales dramáticos, agravaron la situación geopolítica y fomentan un clima de gran incertidumbre acerca del papel global de Washington.

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