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Aún es pronto para decir que el mundo se encuentra firmemente encausado hacia un soft landing

"Misma agenda, distinto énfasis" podría ser la frase que resuma la evolución de la perspectiva del FMI para la economía global. Algunos riesgos se disipan y otros cobran importancia. Es muy pronto para decir que se encuentra firmemente encausada hacia un soft landing.

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Sofía Milagros Suardi 19 abril de 2024

"Misma agenda, distinto énfasis" podría ser la frase que mejor describa la evolución de la perspectiva económica del Fondo Monetario Internacional para la economía global a lo largo de los últimos seis meses. 

En el marco de la cumbre bianual con el Banco Mundial y de la actualización sobre sus perspectivas, el organismo multilateral volvió a destacar la resiliencia que mostró la economía global frente a la diversidad de eventos disruptivos que se sucedieron en los últimos cuatro años y la vertiginosidad con la cual se desaceleró la inflación alrededor del mundo como resultado de un endurecimiento sincronizado de la política monetaria. 

El organismo reiteró nuevamente su preocupación por la crisis del sector inmobiliario en China y por la necesidad de una mayor consolidación fiscal tras las políticas expansivas en el marco de la pandemia, sobre todo en un año atravesado por elecciones presidenciales en países como Estados Unidos. 

Aludiendo a la fortaleza de la economía estadounidense y de algunas economías emergentes como India, el FMI elevó a 3,2% su estimación de crecimiento para 2023 y prevé que continúe al mismo ritmo durante 2024 y 2025. 

En simultáneo remarcó que la mayoría de los indicadores apuntan a un soft landing en tanto la inflación consolide su trayectoria descendente y los bancos centrales se vean en condiciones de revertir el curso de la política monetaria antes de que el contexto de elevadas tasas de interés genere perjuicios significativos sobre la actividad económica.

Sin embargo, al igual que lo hizo en octubre, alertó sobre dos cuestiones: la trayectoria divergente entre las economías en función de su exposición a los distintos shocks que se concatenaron desde el cambio de década y sobre el impacto de estos en el crecimiento de largo plazo. A pesar de la mejora en sus proyecciones, el ritmo de expansión en los próximos años se mantendría por debajo de la media histórica (2000-19) del 3,8%. 

La divergencia de las dinámicas de crecimiento no sólo se haría patente entre las regiones, sino también al interior de las economías avanzadas, algo de lo cual ya somos testigos y sobre lo que nos enfocaremos. 

Las diferencias entre los desarrollados

Tanto este como el próximo año, la economía estadounidense se destacaría dentro de las economías avanzadas y exhibiría un crecimiento del 2,7%, más que duplicando la expansión de sus pares del G7. Ello refleja un sólido crecimiento de la productividad y del empleo, pero también una fuerte demanda en una economía que permanece recalentada. Algo que puede constatarse en las recientes cifras de inflación, que en los tres últimos meses se situaron por encima de lo previsto en una tasa anualizada del 4,9%. Cifras de inflación que podrían permanecer elevadas en tanto la economía norteamericana continúe con una postura fiscal que ignore la sostenibilidad de largo plazo. Siendo este un punto sobre el cual el FMI cambió su tónica al remarcar que durante el año pasado el déficit fiscal contribuyó en 0,5 puntos porcentuales a la inflación core y que el déficit fiscal escalaría a 7,1% del PIB el próximo año, más de tres veces el promedio del 2% de otras economías avanzadas.

En el otro extremo, la mayor economía de la eurozona, Alemania, registraría la expansión más débil del G7, con un 0,2%, en un contexto de persistente desconfianza de los consumidores en tanto la economía germana debe reinventar su sector industrial en vistas de la pérdida de competitividad frente a la economía china. A pesar de ello, el crecimiento en la eurozona repuntaría un 0,8% en 2024 y un 1,5% en 2025, pero partiendo de niveles muy bajos, aún por debajo de la tendencia previa a la pandemia. Un punto a favor, pero no para cantar victoria es que la inflación en la zona euro está retornando hacia el 2% a un ritmo más acelerado que lo anticipado, brindándole aire al Banco Central Europeo para avanzar con la baja de tasas.

China y los demás

En Asia, la economía de China permanece afectada por la crisis que atraviesa su sector inmobiliario y por ende la demanda doméstica debido a que a fin de cuentas son los ciudadanos chinos los que invierten en el sector. A su vez, los desbalances en las cuentas fiscales de los gobiernos locales podrían llevar a un endurecimiento de la política fiscal indeseado y que vaya a contramano de los objetivos del gobierno central. Ello pesaría sobre la segunda economía del mundo y la llevaría a crecer un 4,6% en 2024 y un 4,1% en 2025 de acuerdo con las proyecciones del FMI. En simultáneo, la economía China debe emprender una reconfiguración de su sector manufacturero debido a la ineficiente asignación de la inversión centralizada que provocó capacidad ociosa en ciertos sectores. 

Este escenario disímil para las principales economías del mundo plantea distintos desafíos para los banqueros centrales, por los diferentes desafíos regionales. 

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Todos miran a la Fed

La Reserva Federal de los Estados Unidos enfrenta un escenario por demás complejo. Frente al resurgimiento de la inflación aumenta la probabilidad de que el banco central tenga que mantener elevadas las tasas de interés por un tiempo más prolongasdo que el previsto, tanto por la autoridad monetaria como por el FMI, con el riesgo de llevar a la economía a un escenario de no landing. Ahora bien, mantener las tasas de interés en máximos de los últimos 40 años también implica una carga de intereses que sube por ascensor frente a un PBI que sube por escalera, complicando no sólo la sostenibilidad de la deuda, sino también el panorama inflacionario como se mencionó anteriormente. De allí que resulta imperiosa la consolidación fiscal, algo que ambos candidatos a Presidente deciden ignorar, uno prometiendo una baja permanente de impuestos, otro desatendiendo la restricción presupuestaria. 

Del otro lado del Atlántico, el Banco Central Europeo responde a una economía que no exhibe señales de recalentamiento, con una desaceleración acelerada de la inflación y donde el riesgo de provocar una recesión y que la inflación se reacomode por debajo del objetivo del 2% producto de mantener las tasas de interés elevadas por un tiempo mayor al preciso comienza a aparecer. 

Si bien el Fondo Monetario Internacional considera que en los últimos seis meses se redujeron los riesgos para la economía mundial tanto en términos de crecimiento como de inflación, el organismo multilateral podría estar subestimando algunos riesgos latentes. 

Donde se pueden destacar los impactos de la fragmentación geopolítica y geoeconómica en el corto plazo en tanto se recrudece el conflicto en Medio Oriente y no cesa el fuego en Europa; el aumento en los precios de los commodities como consecuencia de dichos conflictos bélicos, así como consecuencia del ascenso en la demanda de metales necesarios para la transición verde que pueden dar lugar a un resurgimiento de la inflación; un crecimiento de la economía China que podría decepcionar frente a la ausencia de políticas exhaustivas para reestructurar el sector inmobiliario, afectarían particularmente a sus socios comerciales en el Sudeste Asiático y en Oceanía. 

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Por último, pero no menos importante, el riesgo que supone una prolongada política monetaria contractiva por parte de los Estados Unidos con efectos no sólo en las cuentas fiscales locales sino también internacionales ya que podría forzar a los bancos centrales de las economías emergentes a detener su ciclo de baja de tasas para morigerar la volatilidad cambiaria en un contexto de un dólar fortalecido.

En suma, algunos riesgos se disipan y otros cobran importancia, y, en mi opinión, es muy pronto para decir que la economía mundial se encuentra firmemente encausada hacia un soft landing. 

En este contexto, donde conviven una multiplicidad de riesgos que podrían empantanar el escenario global, la economía argentina, hoy caída del mapa, busca volver a figurar. En este sentido, hacer los deberes a nivel local se vuelve crucial ante la necesidad de volver al mercado internacional de deuda para 2025.

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