El Economista - 70 años
Versión digital

jue 30 May

BUE 14°C
Alianzas impensadas

¿Adiós a la hegemonía del dólar?

La guerra ruso-ucraniana dejó en evidencia a un Estados Unidos económica y políticamente débil

La inflación y la guerra complican al dólar.
La inflación y la guerra complican al dólar.
26 abril de 2022

Por Gina Francini

Desde la Segunda Guerra Mundial, la predominancia político-económica de los Estados Unidos en el escenario internacional es, o era, indudable: la dolarización del comercio mundial y la demanda de la divisa por parte de todo tipo de entidades públicas y privadas lo convirtieron en la primera potencia económica y política del sistema internacional. Sin embargo, esa hegemonía estadounidense parece estar llegando a su fin, y podemos considerar a la guerra en Ucrania como punto de quiebre.

¿Qué relación tiene este proceso con la guerra entre Rusia y Ucrania? En primer lugar (y de esto se desprenden las demás cuestiones), el conflicto parece exponer, o una posible ineptitud por parte de Estados Unidos para imponerse o bien, su desinterés en hacerlo. 

Por un lado, podemos apreciar su incapacidad de respuesta en lo militar, aunque esto se dio por parte de la OTAN en general. En poco menos de dos meses de guerra, casi todas las fronteras de Ucrania están ocupadas y varias ciudades ya han sido tomadas. El apoyo estadounidense en lo bélico ha sido de poca ayuda, y la capacidad militar de Rusia ha superado a la ucraniana, ampliamente. 

Por otro lado, las sanciones económicas que le impuso a Rusia han tenido poco o ningún efecto: si bien el rublo se desplomó a comienzos de la guerra, Rusia se recuperó rápidamente, principalmente gracias a la exigencia por parte de éste para que su gas se compre por rublos. El valor de esta moneda ha alcanzado la misma cotización que tenía antes de la declaración de la guerra.

De esto se desprende una segunda cuestión: si bien algunos Estados occidentales decidieron condenar el accionar ruso y aislar al país, muchos otros se mantienen neutrales, y otros tantos apoyan la invasión a Ucrania y activamente deciden comercializar con Rusia. Por ejemplo, países como China o India, cuyas políticas exteriores son un tanto ambiguas, decidieron cooperar con Rusia. En marzo, el comercio sino-ruso aumentó 12% con respecto al año anterior, lo que equivale a US$ 11.670 millones sumados a los casi US$ 150.000 millones de dólares que ambos países intercambian en promedio cada año. 

Además, puede que estos dólares se transformen en renmibi, ya que en Oriente está surgiendo una nueva esfera monetaria, con la moneda china como base. Países excluidos financieramente por Estados Unidos como Irán, Arabia Saudita e India parecieran mostrar una disposición a abandonar el hábito de comercializar en dólares y comenzar a mover enormes cantidades de dinero en yuanes, que en este último tiempo ha pasado a ser una divisa convertible. 

Como si fuera poco, India y Rusia están instalando una nueva plataforma para su comercio bilateral en sus respectivos bancos estatales, aún más beneficioso para los intereses de cada Estado que el intercambio vía Swift: se debitará o se acreditará en las reservas de cada país su propia divisa. Si India compra gas de Rusia, se le debitarán rupias de sus reservas, pero en el banco estatal ruso se depositarán rublos. 

Todos estos sucesos, finalmente, impactan en las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con los demás Estados. El país ha cometido varios errores a su largo de su instancia como hegemón, pero ha tenido una suficiente capacidad de poder como para absorber los costos de éstos. Sin embargo, no sólo cometer un desacierto en lo político podría comenzar a costarle su imagen a Estados Unidos, sino que la comunicación procedente de sus líderes no tiene incidencia en el accionar de Rusia, lo que puede que le haga perder poder diplomático. 

EE.UU. incluso ha amenazado con “juntar evidencia” sobre los crímenes de guerra rusos, presuntamente para denunciar a Rusia ante la Corte Internacional de Justicia, algo que, al menos hasta la fecha, no ha sucedido.

Como bien adelantó el académico Robert Keohane en su libro “After Hegemony”, que Estados Unidos pierda su hegemonía en el escenario internacional no significa que la cooperación y las relaciones multilaterales entre otros países cese. Y a su vez, esto no quiere decir que no haya hegemón, sino que el poder está desplazándose hacia otra región. 

El sesgo que tiende a la continuidad del status quo verá los sucesos como un conflicto más que en unos meses no tendrán ninguna trascendencia más que en el daño de las relaciones diplomáticas entre algunos Estados, pero un análisis más detenido nos demuestra que ninguna conflagración ha tenido tanta incidencia en la hegemonía del sistema internacional en mucho tiempo. No es tan improbable que algún Estado oriental sobrepase la capacidad económica y militar estadounidense, o que un mundo occidentalizado deje de ser una realidad. La guerra de Ucrania lo está dejando en evidencia.

Seguí leyendo

Enterate primero

Economía + las noticias de Argentina y del mundo en tu correo

Indica tus temas de interés