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Por la escasez

La transición energética y la escalada en el precio del gas

En el corto plazo, las esperanzas recaen en una mayor oferta de gas (gasoducto ruso) y en un invierno menos frío en el Hemisferio Norte.

Los precios internacionales del gas natural escalan por una oferta que no puede
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En las últimas semanas un nuevo mercado mundial de vital importancia pasó de la sobreoferta a la escasez aparentemente en un abrir y cerrar de ojos. Si bien la foto del problema de escasez que enfrenta la economía mundial en la transición hacia la pospandemia tiene a los containeres y a los microchips en el centro de la escena, el mundo enfrenta a su vez una merma en la oferta de gas. Situación que cobra mayor relevancia si contemplamos que el mundo se encuentra simultáneamente atravesando su primera crisis energética en la transición hacia una energía limpia. 

En la actualidad conviven un conjunto de factores tanto profundos como transitorios que se conjugan y derivan en una escalada de los precios internacionales del gas natural producto de una oferta que no puede cumplir con la demanda. Es así que los futuros de gas natural de Estados Unidos alcanzaron un máximo registrado en casi 13 años, al situarse en US$ 6,31 por millón de unidades térmicas británicas (BTU). 

Por el lado de la oferta, las reservas de gas natural son preocupantemente exiguas en todo el mundo, y las causas múltiples. Rusia ha estado administrando sus envíos de gas a Europa y ha tenido a este mercado cautivo con la mira puesta en asegurar el visto bueno a su nuevo gasoducto Nord Stream 2. Al mismo tiempo, un incendio en una planta de procesamiento en Siberia llevó a que el principal exportador de gas disminuyera momentáneamente sus ventas al exterior. En Estados Unidos, la producción de gas se vio perjudicada por los huracanes que afectaron las refinerías del Golfo de México. 

Un verano cálido en Asia y una primavera más fría de lo anticipado en Europa, incrementaron la demanda de energía en ambos continentes y llevaron a que las reservas de gas, principalmente en Europa (con el nivel más bajo de reservas de la última década), menguaran en la víspera del próximo invierno, apuntalando la presión sobre los precios. En un contexto en el cual en Europa la falta de vientos y de agua impide la generación de energía eólica e hidroeléctrica, la quema de gas se presenta prácticamente como único salvador para obtener electricidad, así como también para calefaccionar.  

Al mismo tiempo, la fuerte reactivación de la actividad industrial en la pospandemia apuntalada por una mayor demanda de bienes en detrimento de los servicios aumenta los requerimientos mundiales de gas natural licuado (GNL). Esto último se evidencia en China, fábrica del mundo y el mayor importador del insumo cuya demanda creció aproximadamente 15% en el último año de acuerdo con cifras de Morgan Stanley. 

A su vez, la principal economía latinoamericana, Brasil, enfrenta la peor sequía de los últimos 90 años y su consecuente impedimento en la generación de energía hidroeléctrica, de la cual su matriz energética es ampliamente dependiente, ha llevado a la nación a importar el mayor nivel de gas natural desde el 2013. En suma, tras un ligero descenso de la demanda el año pasado durante la pandemia, el aumento que se calcula para este año es del 4% en el consumo mundial de gas. 

Las preocupaciones a corto plazo de esta crisis energética se remiten principalmente a dos frentes: el crecimiento y la inflación. Respecto del primer punto, puede destacarse un informe de Goldman Sachs quien recortó las previsiones de crecimiento para el gigante asiático para 2021 de 8,2% a 7,8% apuntando a los múltiples apagones energéticos como la razón principal. 

En relación a la inflación, los aumentos en los precios internacionales de la energía se están trasladando a los consumidores y tienen escala planetaria. En Corea del Sur, las tarifas eléctricas aumentaron por primera vez desde 2013, en Brasil, el gobierno subió los precios de la electricidad casi un 7% en septiembre, tras un aumento de casi el 8% en julio. Asimismo, en España, las facturas de electricidad llegaron en promedio con un 35% de aumento interanual en agosto. En este último caso la cifra resulta alarmante a nivel continental, ya que se presenta como una alerta temprana de las facturas eléctricas que puedan llegar cuando el invierno se haga presente en el hemisferio norte si los gobiernos no intervienen para amortiguar el traslado a precios del aumento en los costos.  

El desequilibrio entre la oferta y la demanda y sus preocupaciones respecto de los impactos en el crecimiento y la inflación se producen cuando los líderes mundiales se preparan para reunirse en Glasgow en la conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima, que comienza el 31 de octubre. Escenario en el cual los dirigentes reafirmarán su compromiso con el abandono de las energías basadas en el carbono, incluido el gas. Compromiso asumido por 196 partes en París en 2015 y cuyo objetivo es limitar el calentamiento global reduciendo la emisión de gases de efecto invernadero. 

Este último punto, la descarbonización, se esgrime como el principal factor subyacente a las tensiones en el mercado energético mundial. El cambio del carbón hacia energías renovables ha dejado a Europa vulnerable a los vaivenes de la oferta de gas. Esto es así ya que este insumo está sirviendo como alternativa más limpia a las centrales de carbón y generadores nucleares, mientras las redes eléctricas esperan la expansión de fuentes renovables como la eólica y la solar. Sin embargo, una transición que recae en una mayor dependencia respecto al gas, implica que hay una menor flexibilidad en el sistema.  

La expansión de la producción de energía eólica y solar fue notable en la última década principalmente en Europa, sin embargo, ambas fuentes de energía son altamente inestables, se encuentran disponibles en algunos momentos y en otros no. A su vez, una de las principales diferencias con el gas o el carbón, reside en la dificultad de almacenarlas en cantidades significativas y por tiempo prolongado. Esto es un problema, porque en la red eléctrica, la oferta y la demanda deben estar en constante y perfecto equilibrio. Si se rompe ese equilibrio, se producen apagones. 

Tal fue el caso de China, quien unas semanas atrás se vio forzada a disminuir, y en algunos casos parar, la actividad en 160 empresas frente a la escasez de energía (tanto proveniente del gas como del carbón). Esto sucedió en el contexto del ambicioso objetivo propuesto por Xi Jinping de volver a China neutral en emisiones de carbono en 2060, luego de llegar a un pico de estas en 2030. Por lo que la economía responsable de la mayor emisión de dióxido de carbono se encuentra iniciando un incipiente pero acelerado proceso de reconversión de su matriz energética hoy altamente dependiente de combustibles fósiles (fuente de aproximadamente el 80% de su energía).  

De esta forma, el desafío a largo plazo es suavizar la volatilidad en el mercado energético a la par que el cambio hacia las energías renovables continúa. Con el tiempo, las alternativas como el almacenamiento en baterías que permitan mantener la oferta de energía solar estable luego del atardecer -actualmente en etapas incipientes de desarrollo en California y en Australia- o la obtención de energía a partir de la quema de hidrógeno luego de ser separado del agua, podrían resolver el problema de la intermitencia. En el corto plazo, las esperanzas recaen en una mayor oferta de gas (gasoducto ruso) y en un invierno menos frío en el Hemisferio Norte que permitan una baja en el precio del commodity y una recomposición de las reservas mundiales de este.  

Por último, vale remarcar que las fuentes de energías fósiles deberían ser caras en un intento de desincentivar su uso (por ejemplo, impuestos a las emisiones de carbono en Europa), sin embargo el declive de las inversiones en el sector frente a la falta de alternativas fiables por el lado de las energías renovables pueden derivar, tal como en el escenario actual, en una crisis energética que termina impactando en los consumidores vía inflación. Es por ello que resulta necesario que los gobiernos gestionen la transición energética con más cuidado, ya que si no, la crisis actual no será la primera en el camino hacia una matriz energética más sustentable.  

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