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Una enorme oportunidad para una nueva Argentina

Argentina se encamina a una necesaria reconfiguración de su matriz productiva. Sectores tradicionales que han sido las habituales locomotoras de la economía ya no podrán hacer todo el trabajo. Se necesita la creciente participación de nuevos jugadores y de nuevas tecnologías.

Una enorme oportunidad para una nueva Argentina
Luis Galeazzi 19 diciembre de 2023

Soplan vientos de cambio en Argentina y en el mundo. A nivel global está ocurriendo, casi sin que lo percibamos, una violenta transformación del tejido económico, social y geopolítico, impulsado por la disrupción de nuevas tecnologías que modifican la forma en que los individuos y sociedades viven, estudian, trabajan y se comunican.

En medio de este vertiginoso mapa global, Argentina hoy se replantea su lugar en el mundo. Tradicionalmente los argentinos hemos vivido con la ilusión de que somos capaces de autoabastecernos, de que nuestras relaciones con el mundo son un accidente, de que podemos "vivir con lo nuestro".

Hace muchas décadas que el modelo autosuficiente ha dejado de producir riqueza, y que las diversas estrategias que intentaron nuestros líderes para evitar reformular nuestra matriz económica y social han fracasado. La pregunta central es, ¿cómo el mundo hoy produce riqueza?

La respuesta es clara: hoy el mundo se mueve al ritmo de las nuevas tecnologías que modifican las estructuras de generación de valor de todos los sectores económicos. Y su efecto no es solo sobre la economía: todas las actividades sociales, culturales y políticas son alcanzadas por las innovaciones que se suceden a un ritmo impensado. Este universo de cambios es lo que denominamos la "era del conocimiento".

Esta era del conocimiento es una excelente oportunidad para los argentinos. Tenemos un promisorio conjunto de capacidades para recrear nuestra relación con el mundo y generar flujos de valor sustentables y potentes. Estas capacidades son singulares para un país que ha sufrido el estancamiento de las últimas décadas.

Han permanecido latentes, sostenidas por los cimientos de la educación pública que heredamos de nuestros abuelos, por un sistema científico reconocido en todo el mundo, por un potente sistema de emprendedores que no deja de producir nuevas empresas de base tecnológica, y por una amplia trama de empresas que se han internacionalizado, conquistando mercados externos a fuerza de calidad y servicio.

La Economía del Conocimiento es, sin dudas, uno de los principales motores disponibles para nuestra recuperación económica y social. Argentina puede triplicar las exportaciones de sus Industrias de Conocimiento, llegando en pocos años a igualar los niveles de nuestro actual complejo oleaginoso; puede crear un millón de nuevos puestos de trabajo de alto valor salarial; o puede expandir el desarrollo económico federal ya que en cada lugar de nuestra geografía puede nacer un polo del conocimiento; puede renovar integralmente la estructura de servicios públicos incorporando tecnología de punta en el sistema de salud, en la educación, en la administración de justicia, en los servicios de seguridad, en la gestión de los gobiernos municipales y provinciales, etcétera.

Las nuevas tecnologías pueden impulsar el salto de productividad de todas nuestras industrias tradicionales como, por ejemplo, hoy ocurre en la explotación de Vaca Muerta, donde se utilizan las tecnologías más avanzadas en materia de prospección y extracción de gas, muchas de ellas desarrolladas por profesionales argentinos. Toda la matriz productiva de nuestra economía puede renovarse usando talentos locales, de alto nivel tecnológico, disponibles en nuestras Industrias del Conocimiento.

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Las nuevas tecnologías pueden impulsar el salto de productividad de todas nuestras industrias tradicionales como, por ejemplo, hoy ocurre en la explotación de Vaca Muerta

Otra característica destacable de nuestro ecosistema es que, a diferencia de otras explotaciones, la Economía del Conocimiento requiere una baja inversión de capital de trabajo y su insumo principal es el talento humano. Para un país con una endémica dificultad para atraer capital internacional, la posibilidad de expandir nuestras capacidades con baja dependencia de fondos globales es fundamental.

Argentina se encamina a una necesaria reconfiguración de su matriz productiva. Sectores tradicionales que han sido las habituales locomotoras de nuestra economía ya no podrán hacer todo el trabajo. Se necesita la creciente participación de nuevos jugadores y de nuevas tecnologías que nos permitan reconfigurar la generación de nuestra riqueza y, lo que no es menor, fortalecer las fuentes de recursos fiscales genuinos que necesita nuestro país.

Veamos al mundo y al futuro como una gran oportunidad. Tenemos las capacidades intactas para ganar este partido.

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