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La Economía del Conocimiento no es solo un negocio para freelancers, para algunas empresas,
ni siquiera para un sector.
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Un país distinto

La Economía del Conocimiento es un proyecto de país que involucra trabajadores, empresas y gobiernos. Todos ganan. Es un negocio para una Argentina distinta.

Sebastián Mocorrea 02 julio de 2023

Hay una Argentina distinta germinando debajo del ruido de nuestras miserias macroeconómicas, sociales y políticas. Una Argentina posible que deja atrás un modelo de país agotado para iniciar un camino de desarrollo económico y social, que tiene como uno de sus pilares constitutivos a la Economía del Conocimiento.

A principios de los 2000 se creaba un nuevo mercado global de servicios basados en el conocimiento que hoy representa US$ 3 billones. Una infraestructura digital global permitía, por primera vez en la historia, la exportación masiva de servicios de tecnología, profesionales y culturales. 

El mundo giró en nuestra dirección para ofrecernos una oportunidad que pone en valor el talento argentino, que le da una plataforma de trabajo global con acceso a mercados e ingresos a los que, hace sólo veinte años atrás, no tenía forma de llegar.

Una oportunidad para los trabajadores del conocimiento, para las empresas pero, sobre todo, para el país porque contribuye a la creación de un nuevo modelo de generación de recursos que despliegue el potencial humano y material, que incorpore a los excluidos y siente las bases para el desarrollo económico y social argentino.

Aún, en medio de nuestros desatinos macroeconómicos, las industrias del conocimiento no dejaron de incorporar trabajo: con 481.000 empleos ya explican 7,4% de la fuerza laboral registrada y se ubicaron entre los principales sectores exportadores del país, generando sólo el año pasado más de US$ 7.800 millones. Generación de empleo y divisas que podrían multiplicarse si existieran las condiciones adecuadas.

Una Argentina distinta se funda en el desarrollo intensivo del talento argentino, la adopción de tecnología e innovación transversalmente en todos los sectores económico-sociales y un foco innegociable, de largo plazo, en la exportación. Es la Argentina que despliega plenamente la potencia de su complejo agropecuario, de sus recursos energéticos y mineros, de sus recursos técnicos y profesionales a través de las exportaciones de la Economía del Conocimiento. 

La oportunidad está en el mundo. Hay que salir a buscarla. La Economía del Conocimiento, como la Champions League o el Mundial, se juega internacionalmente. Es un campeonato que estamos jugando como país y donde tenemos el talento de nuestra gente para ganar. Pero cuando Argentina le da la espalda al mundo, el partido se vuelve cuesta arriba. 

La brecha cambiaria desacopla nuestra moneda del resto de los países, de nuestros mercados, y propicia la fuga de talento y divisas. La inflación y los desajustes macroeconómicos generan un aumento de los costos en dólares que nos restan competitividad. El incremento de los aranceles a notebooks y tablets encarecen esas herramientas básicas para nuestros estudiantes y nuestros trabajadores de la Economía del Conocimiento, sin beneficios para el país, sólo para un puñado de ensambladores sin valor agregado. 

Finalmente, la crisis educativa argentina carcome la base misma sobre la que se edifica la EdC: la generación de talento.

La Economía del Conocimiento no necesita de subsidios ni ayudas. Contra viento y marea, sin ningún beneficio, con retenciones, brechas, cepos y control de importaciones, el sector de servicios profesionales constituye el 60% de las exportaciones de servicios del conocimiento, emplea a más de 300.000 personas y constituye uno de los principales generadores de divisas.

Lo único que necesita la Economía del Conocimiento es una macroeconomía normal, que nos permita jugar plenamente en el mundo, reglas de juego permanentes, estabilidad fiscal y políticas que promuevan la competitividad de nuestro talento internacionalmente.

Desde Argencon, la asociación que nuclea a las empresas de la Economía del Conocimiento,  no nos propusimos crear una cámara para la defensa de intereses sectoriales, de un sector económico, por más legítimos que fueran. Quisimos y queremos hacer una plataforma transversal a muchos sectores, una red que visibilice la EdC, que proponga su desarrollo integral y federal, la formación de talento, la competencia internacional, que convenza y sume para crear políticas de Estado de largo plazo.

La Economía del Conocimiento no es simplemente un negocio para freelancers, para algunas empresas, ni siquiera para un sector. Es un proyecto de país que involucra trabajadores, empresas y gobiernos, donde todos ganan. Es un negocio para la Argentina. Para una Argentina distinta.

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