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Ni la debilidad de los noventa...

...ni la fortaleza de 2008.

19-02-2012
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Entre 2009 y 2011 la economía perdió buena parte de la fortaleza macroeconómica que exhibía y que permitió tantos logros en tan poco tiempo, plasmados en el vigoroso crecimiento económico observado los últimos años. La pérdida del superávit fiscal y el deterioro de las cuentas externas responden en buena medida por el cuadro energético, que se llevó puesto los pilares del modelo. En efecto, los casi tres puntos de superávit fiscal que se observaron hasta 2008, el Gobierno los perdió en subsidios, importar energía y sustituir la falta de inversión privada en nueva generación de energía. El cuadro energético también deterioró la fortaleza externa, al convertir el superávit comercial energético, en un déficit de u$s 3.500 millones en 2011.

En números, el Gobierno cerró el año 2011 con un déficit primario de 0,9% del PIB (sin contar ANSES ni BCRA) y un déficit financiero (que considera el pago de intereses de la deuda pública a privados y organismos) de 2% del PBI. Por el lado externo también se refleja el deterioro. Si bien la economía exhibió un superávit comercial de u$s 10.400 millones, igualmente estos dólares no llegaron a la reservas del BCRA dado que se usaron para el pago de los intereses de la deuda externa y la transferencia de utilidades de multinacionales. De esta manera, el superávit en cuenta corriente del balance de pagos fue nulo en 2011 por primera vez desde la salida de la convertibilidad.  Dicho de otra manera: la economía en 2011 dejó de generar dólares. Las divisas que ingresan por el abultado saldo comercial, se utilizaron para pago de intereses y utilidades, dejando sin capacidad al BCRA de acumular dólares comerciales, que fue la base que permitió acumular tantas reservas desde el 2003 en adelante.

La pérdida de los superávit gemelos en manos del cuadro energético terminó por reconfigurar los objetivos del BCRA. Pasó de una pelea constante por evitar/demorar/dilatar la apreciación cambiaria y así sostener el crecimiento, el empleo y el saldo comercial, a abandonar la tarea y subordinarse pasivamente a las necesidades de la política fiscal. Es decir, el BCRA dejó de defender el tipo de cambio, para hacerse cargo de cubrir el bache fiscal del periodo, además de los pagos de la deuda pública del Gobierno. Se pasó de la virtuosa dominancia cambiaria, a la viciosa dominancia fiscal.

El rol del BCRA

En terminos más macroeconómicos, bien puede decirse que la pérdida del superávit fiscal ante el cuadro energético llevó a la pérdida del tipo de cambio competitivo dada la nueva  prioridad del BCRA por financiar al tesoro. Fue cuestión de tiempo para que la apreciación cambiaria terminara por agotar el superávit en la cuenta corriente del balance de pagos, agotando el segundo pilar del modelo.

Desde 2011 la economía ya no genera dólares y vive de las reservas del BCRA. Se usaron más de u$s 11.000 millones el año pasado, entre el pago de la deuda y el financiamiento de la salida de capitales privados, aunque las reservas cayeron la mitad (u$s 5.800 millones) dado que el BCRA tomó deuda externa contra el BIS para mitigar el impacto contable.

Las nuevas restricciones cambiarias "estiran" la estrategia de vivir de las reservas del BCRA por lo menos un año más. Dado que ahora no serán afectadas por la salida de capitales y se reservan exclusivamente al pago de la deuda y el resto de las operaciones corrientes de la economía. Vale recordar que la salida de capitales fue el rubro que más divisas demandó los últimos años. A modo de ejemplo, en 2011 los compromisos de la deuda pública demandó 6.000 millones de dólares, no obstante la formación de activos externos sumó más de 22.000 milllones, donde más de  ¼ lo terminó financiando el BCRA con sus reservas.

Las dudas del 2012

Imponer restricciones para dejar de financiar la salida de capitales privados con las reservas del BCRA, que es un activo público, fue una decisión estratégica que en el corto plazo evitó la devaluación o subir tasas para cortar la corrida. El nuevo escenario condujo a una contracción del riesgo de devaluación del dólar oficial, pero a costa de desdoblar el tipo de cambio para operaciones financieras, actualmente un 10% arriba del oficial. Pero vale advertir que el problema macroeconómico que originó la corrida todavía continúa.  Pero la economía no genera más dólares, por lo que la restricción externa igualmente opera, limitando la capacidad de expansión de la economía.

Si bien ya no hay superávit gemelos, ni tipo de cambio competitivo, vale advertir que tampoco hay abultados déficit gemelos y todavía se está lejos de una situación de atraso cambiario que genere pérdida de empleo generalizada. Ello advierte que la economía todavía es mucho más robusta que en los noventa (incluso mejor que muchos países de Latinoamérica), además que actualmente goza de un bajo nivel de endeudamiento luego de los exitosos canjes de deuda en 2005 y 2010.

Si la Argentina mostraba independencia de los mercados financieros, era justamente porque disponía de abultados superávit gemelos. Hoy se encuentra en un limbo donde no tiene ni superávit fiscal ni externo ni acceso a los mercados, indefinición que nutrirá la expectativa de devaluación nuevamente si es que el Gobierno demora en despejar cómo va a financiarse en el nuevo escenario. La eliminación de los subsidios a quien no los necesita es la puerta para recuperar el superávit de las cuentas públicas y comenzar a dar certidumbre en como pretende financiarse.

(De la edición impresa)

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