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Negociaciones

Metas light + escaso apoyo político interno debilitan el eventual el acuerdo con el FMI

La decisión de Máximo, en el marco de un Gobierno vacilante con el FMI, genera dudas sobre el cumplimiento del nuevo programa y, además, reduce su impacto sobre las expectativas

Martín Guzmán
Martín Guzmán -
Alejandro Radonjic 07 febrero de 2022

El nuevo acuerdo de Argentina con el FMI tiene una faceta técnica y cuantitativa. Una gran parte del análisis se centra ahí. Pero tiene otra faceta, más cualitativa y simbólica. Se analiza menos, pero es importante. El acuerdo, si se aprueba, ¿tendrá un apoyo sólido de todos los integrantes de la coalición de Gobierno, o sólo de algunos? ¿Qué hará la otra gran coalición, hoy en la oposición? Son cuestiones que también se miran y determinan la solidez de ese acuerdo. 

El acuerdo puede ser malo o bueno, pero la discusión deviene ridícula si no se cumple. Los incentivos apuntan a cumplir el eventual nueva programa (porque, de lo contrario, no hay desembolsos para financiar los compromiso), ¿pero habrá otros que apunten en sentido contrario? ¿Qué ocurre si, en el marco del acuerdo, hay más “sudor y lágrimas” que brotes verdes y las encuestas “dan mal”? No es lo mismo un acuerdo que no entraña dudas mayores sobre su cumplimiento a futuro que uno que los tiene constantemente. Si ese acreedor es Argentina, la situación es aún más grave.

Esa segunda faceta es, hoy, la que más dudas genera. El acuerdo técnico y cuantitativo no parece malo. Tiene los mecanismos ortodoxos clásicos que pregona el FMI y el ajuste recesivo que induce es menor que el que se hubiera pensado antes. Es un acuerdo que induce una corrección macroeconómica gradual, y no salvaje. De hecho, fue lo que más promocionó el Gobierno tras el anuncio del preacuerdo. “Nos permite seguir creciendo”, dijeron todos. 

Los incentivos apuntan a cumplir el eventual nueva programa (porque, de lo contrario, no hay desembolsos para financiar los compromismo), ¿pero habrá otros que apunten en sentido contrario? ¿Qué ocurre si, en el marco del acuerdo, hay más “sudor y lágrimas” que brotes verdes y las encuestas “dan mal”?

Casi todos. El rechazo del diputado Máximo Kirchner cambió el panorama. Hay un sector del kirchnerismo, base electoral de la victoria del FdT en 2019, que rechaza el acuerdo. Más allá de lo que pase en el Congreso, ese rechazo está y ya es una amenaza latente para el acuerdo. Puede agrandarse o achicarse, o ser más o menos ruidoso, pero está. Esa resistencia interna puede acotar el impacto positivo que generaría el programa y dejar sabor a nada. Sigue siendo mejor que un escenario de “no acuerdo”, pero menos de lo que podría ser. 

Esas diferencias, dicen en LCG, “hacen perder más ilusión en la capacidad y disposición del Gobierno para cumplir con el programa con el FMI (que aún no está redactado)”. Ese gap de credibilidad, agregan, no se puede importar desde Rusia, China o Estados Unidos, “se construye con disciplina, convicción y persuasión a la sociedad de que es el camino correcto”.

“Hoy con muchos desacuerdos y apenas un entendimiento con el FMI las únicas dudas que se disipan son que el oficialismo sigue fragmentado por dentro y que la economía tiene una fragilidad importante al borde de tener que anunciar un programa que aún no está consensuado ni a nivel interno ni con el FMI”, dijeron y agregaron que el acuerdo no tiene aún números concretos más que una meta de acumulación de reservas, un sendero de déficit fiscal y uno de emisión monetaria. 

“El acuerdo me parece positivo y hasta creativo desde el punto de vista del Gobierno porque es algo que nos va a permitir avanzar un escalón, y creo que los inversores lo hubieran visto bien. Pero después del acuerdo, se genera un ruido y una dinámica local, que perturba todo porque tenemos una forma de hacer política que en otros países no pasa y que preocupa porque nunca se sabe cómo termina. Ese ruido se genera constantemente, cuando en el mundo civilizado, los asuntos importantes se resuelven de manera bipartidaria”, dijo ayer Javier Timerman de AdCap Grupo Financiero en declaraciones radiales.

“Tenemos que empezar a acostumbrarnos a que hay decisiones que se tienen que votar a conciencia y que no necesariamente tienen que ser parte de la política tradicional. Votar así le daría al país un nivel de previsibilidad importante, y este acuerdo lo potenciaría. En mi opinión, el acuerdo con el FMI es muy bueno, pero el tema es si va a ser un ida y vuelta constante si se vota o no. Hay que votar a conciencia. La democracia se construye con previsibilidad, y eso es lo que necesita este acuerdo para funcionar. Eso es lo que espera el mundo de nosotros y lo que no podemos dar nunca”, agregó el experimentado inversor.

“La crisis que se desató en el seno del oficialismo constituye un llamado de atención sobre la falta de realismo del diagnóstico de parte de la dirigencia política acerca de los problemas y las soluciones que requiere Argentina para salir del estancamiento”, escribió Jorge Vasconcelos 

“La crisis que se desató en el seno del oficialismo, cuando las metas que el Gobierno se propone acordar con el FMI apenas si apuntan a evitar que la inflación se espiralice, constituye un llamado de atención sobre la falta de realismo del diagnóstico de parte de la dirigencia política acerca de los problemas y las soluciones que requiere Argentina para salir del estancamiento”, escribió Jorge Vasconcelos del Ieral de la Fundación Meditarránea. 

También, dijo, “en una interpretación más pedestre, la crisis puede reflejar la resistencia de funcionarios a transparentar cajas que se manejan en los pliegues del Estado, dado que el trámite de subir impuestos ahora no cuenta con aval parlamentario”. Más allá de las verdaderas razones, “el episodio no puede ser subestimado, en la medida en que subsistan fantasmas del pasado”, como el de Chacho Alvarez o Julio Cobos. Su informe se titula: “Demasiada crisis de poder para metas tan modestas”.

Desde Econviews señalaron que la falta de dureza del programa es un problema del acuerdo. “Y ahora se sumaron problemas adicionales. La renuncia de Máximo a la presidencia del bloque muestra que no hay cartas ni para mentir. Un sector del kirchnerismo, que ya no es tan marginal y posiblemente incluye a la vicepresidenta, se opone abiertamente a cerrar un programa con el FMI que tenga más no sea este ajuste light. De todas maneras, Máximo y compañía saben que el programa incluirá un tarifazo a medio millón de hogares entre otras cosas”, dijeron en su reporte semanal.

“Creemos que el programa del FMI va a terminar siendo firmado y se evitarán los peores escenarios de crisis, pero lamentablemente hay baja probabilidad de que se cumplan los parámetros planteados, por más light que parezcan”, concluyen en Econviews

En general, al FMI le gusta que los programas tengan cierto consenso en la sociedad como reaseguro de que se hará lo imposible para cumplir las metas. “En este caso no hay consenso ni siquiera en el Gobierno que lo tiene que implementar. Cumplir las metas en este contexto es francamente difícil por no decir un milagro”, agregaron.

Así, se llegaría a un escenario no muy deseado: acuerdo light + escaso apoyo interno. Ese combo le quita potencia al acuerdo. Para recibir sus eventuales efectos positivos, se precisará despejar la incertidumbre con cumplimientos constantes y un discurso menos ambiguo. 

Pero en Econviews no lo ven posible. “Creemos que el programa del FMI va a terminar siendo firmado y se evitarán los peores escenarios de crisis, pero lamentablemente hay baja probabilidad de que se cumplan los parámetros planteados, por más light que parezcan”, concluyeron en Econviews. El título del informe es claro: “Un programa cumplible que difícilmente se cumpla”.

“Hacen falta motores o drivers para que la economía despegue y mejore la condición de solvencia del Estado y las perspectivas de las empresas. Hasta que el mercado no vea que eso pueda ocurrir, difícilmente se convenza de que comprar hoy es conveniente porque mañana será más caro”, dijeron desde GMA Capital

Dicho en términos financieros, wait-and-see. “El entendimiento con el FMI posee todavía un déficit de detalles que se suma a las dudas sobre el tratamiento en el Congreso y al cumplimiento en el futuro. Pero al menos, tras 2 años sin brújula, este acercamiento con el organismo hace las veces de plan, una criatura que parecía extinta y que podría contribuir a efectuar el ajuste de forma más ordenada. Haber evitado el naufragio no es condición suficiente. Ahora hacen falta motores o drivers para que la economía despegue y mejore la condición de solvencia del Estado y las perspectivas de las empresas. Hasta que el mercado no vea que eso pueda ocurrir, difícilmente se convenza de que comprar hoy es conveniente porque mañana será más caro”, dijeron desde GMA Capital.

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