Lucha contra el hambre: una política para reducir las pérdidas y desperdicios

El volumen de alimentos que se pierde es un factor de enorme relevancia que afecta y limita la lucha contra el hambre. ¿Qué puede hacerse?

Amalie Ablin Amalie Ablin 05-12-2019
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Por Amalie Ablin 

Los alimentos destinados al consumo humano reflejan pérdidas y desperdicios que determinan importantes mermas a lo largo de las sucesivas etapas de la cadena de suministro, desde la siembra y cosecha hasta su consumo final en los hogares. Ante esta dramática situación en un mundo donde todavía subsisten importantes sectores de población afectados por el hambre la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se ha planteado una serie de objetivos asociados a la promoción de prácticas de producción y consumo responsable en un marco de sustentabilidad de los sistemas alimentarios.

Sin embargo, el volumen de alimentos que se pierde o desperdicia en el campo, a lo largo de los canales de distribución e inclusive en los propios hogares, constituye un factor de enorme relevancia que afecta y limita los compromisos y aspiraciones definidos multilateralmente. Consecuentemente, para poder cumplimentar efectivamente dichos objetivos todos los actores del sistema alimentario deberían asumir ?entre otras acciones? la responsabilidad de reducir a la mitad las pérdidas de alimentos en las etapas de poscosecha y procesamiento, así como los desperdicios a nivel del comercio minorista y en los hogares.

Siguiendo dichos lineamientos definidos por la ONU, tanto en América Latina como en el Caribe se visualizan al presente diversas acciones de los actores de la cadena agroalimentaria, reflejadas en el establecimiento de Comités, proyectos de legislación, y numerosas iniciativas de cooperación orientadas a la sensibilización y prevención por parte de empresas y organizaciones de la sociedad civil en la materia. En tal sentido, se destaca la denominada #SinDesperdicio, plataforma coordinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo Comité Asesor se encuentra integrado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto a otras agencias de naturaleza gubernamental y privadas tales como la Consumer Goods Forum (CGF), la Red Global de Bancos de Alimentos (GFBN, por sus siglas en inglés), la Fundación IBM” y el World Resources Institute (WRI).

En dicho marco, la recientemente creada empresa argentina DeepAgro ?radicada en Casilda, Santa Fe? presentó su desarrollo de inteligencia artificial dirigido a detectar malezas y eficientizar la utilización de productos fitosanitarios durante el período de siembra de cultivos, lo que la hizo acreedora a uno de los premios en el concurso #SinDesperdicio de junio 2019.

A su vez, S4, una empresa innovadora dedicada a crear tecnología para disminuir el riesgo climático y productivo en diversos cultivos, se ha unido a Food Trust, un ecosistema global habilitado basado en tecnología blockchain para la industria alimentaria. Así, “S4” incorporará dicha tecnología en su producto S4Go para registrar la ubicación geográfica de lotes y trasladar su información técnico productiva al instante en el que se dibuja, registra y confirma la misma, otorgando visibilidad y responsabilidad a la cadena primaria desde su momento inicial.

Asimismo, por vía del acuerdo con IBM Food Trust, S4Go podrá compartir selectivamente información clave sobre productos alimenticios con otros actores comerciales ?proveedores, productores, minoristas? de manera altamente segura y validada vía blockchain. El logro de este mayor nivel de transparencia, permitirá a S4Go colaborar de manera más eficiente con los integrantes de la cadena agroindustrial al aplicar instrumental de inteligencia artificial sobre datos satelitales y diversas fuentes remotas de forma de optimizar la gestión productiva y el monitoreo en tiempo real de los cultivos, planificando así más adecuadamente la producción de los alimentos, con el fin de reducir el desperdicio y el riesgo.

Por su parte, la FAO organizó en Colombia en octubre de 2019 la I Cumbre Regional de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (PDA), dirigida a articular las acciones de diversos actores del sistema alimentario de la región, contando a tal efecto con la participación de delegaciones de los Comités Nacionales responsables de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, México y Uruguay, asistidos por diversos organismos con competencia en materia de cooperación internacional. Dicha reunión fue acompañada por representantes de gobiernos locales de algunos países participantes, de las respectivas industrias manufactureras y comercializadoras de alimentos, así como del sector académico.

Entre las conclusiones de dicho encuentro, cabe destacar la difusión de las estimaciones iniciales de la FAO del Indice de Pérdida de Alimentos a octubre de 2019, señalando que aproximadamente 14% de los alimentos a nivel mundial se pierde en la fase que se extiende desde la poscosecha hasta el nivel del circuito de comercialización minorista, sin incluir el último escalón del mismo.

En ese sentido, América Latina y el Caribe resultarían responsables del 20% del volumen global de alimentos que se pierden en dicha etapa, ya que aunque la región sólo alberga 9% de la población global, una quinta parte del total de alimentos que se pierden a nivel mundial entre la poscosecha y el circuito minorista son producidos en la misma. En efecto, América Latina y el Caribe se ubican como la tercera zona en el  ranking de pérdida de alimentos después de Asia meridional y central, seguida por el área de América septentrional y Europa.

Al respecto, cabe destacar entre los objetivos enunciados en la Cumbre que los países de bajos ingresos puedan al menos concentrarse en mejorar su seguridad alimentaria y la adecuada nutrición de su población, así como optimizar una gestión sostenible de los recursos de la tierra y el agua empleados para su producción. Ello requerirá especial atención a la reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos en las fases iniciales de la cadena de suministro, incluido la intensidad de la explotación agrícola, donde los efectos serán mayores y las pérdidas tenderán a ser más elevadas en caso de no adoptarse adecuadas prácticas agrícolas. Por otra parte, la reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos también pueden contribuir a la consecución de otros objetivos, en particular el objetivo de Hambre Cero, logrando la seguridad alimentaria y la mejora nutricional, al mismo tiempo que promover la agricultura sostenible. Asimismo, las pérdidas y desperdicios tienen impacto tanto sobre la huella de carbono, agua y tierra, por lo que deben ser combatidos para evitar el uso inapropiado de los recursos de los que se dispone.

También se dispuso en la misma la meta de reducir hasta 2030 en 50% el desperdicio de alimentos per cápita a nivel mundial en la venta al por menor y en el consumo (privado, restaurantes, catering, etcétera), así como la reducción de las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas aquellas etapas posteriores a la cosecha. Al respecto, numerosos países ya están tomando medidas encaminadas a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos en estas etapas por vía de la concientización de los agricultores, aunque subsisten importantes desafíos futuros en el ámbito del consumo que requieren la intensificación de tales esfuerzos.

Finalmente, la coherencia delas políticas a adoptarse también resultará relevante, para el futuro de estas acciones tanto a nivel nacional como multilateral, en tanto el volumen de pérdida y desperdicio de alimentos que pueda efectivamente reducirse en cada caso dependerá de los costos y beneficios de tal proceso en relación con la coyuntura económica de los actores, cuya políticas públicas inciden sobre los costos de los alimentos. Al respecto, cabrá en primer lugar evaluar la efectividad de las iniciativas adoptadas en cada caso para lograr los objetivos perseguidos, lo que requerirá de una sólida medición de la magnitud de cada problema y de un eficaz seguimiento y evaluación de las intervenciones tanto públicas como privadas.

Ello permitirá, a su vez, que los propios países mejoren la recolección de datos y una más ajustada medición del proceso cuyo agravamiento se intenta limitar, a partir de datos estadísticos sólidos. De esa forma, podrán continuarse desarrollándose adecuadamente las técnicas, normas y modelos de gestión más eficientes destinadas a impedir la continuidad de una elevada pérdida y desperdicio de alimentos, consolidando una utilización más adecuada de los recursos disponibles a tal efecto con el aporte mancomunado de todos los actores que integran los países y sus sociedades.

Las opiniones vertidas son deexclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución

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