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Los brotes siempre están por llegar

21-11-2016
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¡Cómo pasa el tiempo! En unas semanas más, llegan las fiestas y se despide el 2016? sin brotes verdes aún y con la economía todavía en recesión. La recuperación que esperaba el Gobierno (y, vale decir, el grueso de los consultores económicos vernáculos) no se produjo, pero quédese tranquilo que ya llegará y volveremos a crecer, dicen irónicamente algunos en Twitter, a las 00:01 del 1° de enero de 2017.

¿Qué pasó?

Resulta preciso indagar más en profundidad en los motivos detrás del yerro predictivo. La lectura más simple es que la devaluación de diciembre y el ajuste tarifario fueron más inflacionarios de lo previsto (recordar quienes decían, allá por 2015, que los precios internos se guiaban por el dólar “blue”) y eso deprimió el salario real y, con él, el principal motor de la economía: el consumo privado. Es cierto, desde ya. Pero también cayó la inversión y las exportaciones no repuntaron. Lo único que parece haberle puesto un piso a la caída (que lejos estuvo de ser “suave”, como sugirió Marcos Peña en el Congreso) fue el gasto público expansivo, como en la era kirchnerista.

Ideas y números

Por lo tanto, mirando hacia adelante, es menester evitar prognosis simplistas sobre la economía del 2017 y hacer como el perro que se muerde la cola. Además, la economía no es un libro de texto, y menos en Argentina. “Creemos que la desaceleración de los precios y el consecuente repunte incipiente del poder adquisitivo de los trabajadores debería generar los primeros impulsos reactivantes en el consumo”, dice Federico Muñoz en su último informe, y suma a la obra pública, el blanqueo y el agro como motores complementarios.

Pero, ¿cuánto se desacelerará la inflación y cuáles serán los números negociados en las paritarias? Algunos ponen ciertos reparos en el boom de consumo que los otros imaginan para 2017. No es un tema menor: además de ser “el” motor de la economía, es la variable que más se correlaciona con la intención de voto. ¿Crecerá el empleo también, el otro dato clave del consumo?

¿Inversión? Por ahora, no ha venido y está en mínimos históricos. ¿Llegará en 2017? ¿Qué cambiará, entonces, para que los empresarios digan “ahora sí”? Quizás esperen hasta las elecciones para ver qué ocurre con Cambiemos. ¿Exportaciones? Puede haber un boom con la megacosecha del campo (ya se habla de 130 millones de toneladas) y algo de alivio desde Brasil, pero no mucho más: “el mundo está en vendedor”, como dice “El Vasco” de Mendiguren y es complicado competir con un dólar bajo.

Algunos analistas empiezan a considerar un escenario menos optimista para 2017 o, cuanto menos, a poner en duda las “verdades” que, en el segundo semestre (y tantas veces antes?), fallaron. Además, apareció Donald Trump y todo su harén de incógnitas. Las municiones del Gobierno no son muchas y, si las despliega, tendrá costos y, se sabe, no son estrategias sustentables a largo plazo. Por ejemplo, tolerar una suba del salario real elevada puede conspirar contra cumplir la meta de inflación de 17% o complicar los márgenes empresarios.

Ver para creer

Ver para creer, esa parece ser la nueva estrategia que recomiendan algunos analistas. En la era de la incertidumbre pasa lo que nadie piensa (Cambiemos, Brexit, el referendo de Colombia y Trump) y es mejor seguir el minuto a minuto y no embarcarse en proyecciones de mayor plazo en un mundo que cambia demasiado rápido. Nunca hay que perder la esperanza, pero tampoco la razón.

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