“La parte flexible y recortable del gasto es menor al 20%”

13-01-2017
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Entrevista a Jorge Vasconcelos, de Fundación Mediterránea

En diálogo con El Economista, Jorge Vasconcelos, vicepresidente del IERAL de la Fundación Mediterránea y siempre un lúcido analista de la coyuntura económica local, ofrece su visión sobre la designación de Nicolás Dujvone como ministro de Hacienda y la “oficialización” de la nueva mesa chica económica. “Es un mensaje hacia afuera, pero también hacia adentro”, arguye. También habla del crecimiento en el 2017 y, para analizarlo, pide “sacarse las anteojeras de los 12 años anteriores”. Además, dice que el blanqueo “fue un antídoto para el 'efecto Trump' y la suba de tasas de la Reserva Federal” y que permitiría apalancar la obra pública en el primer trimestre y pavimentar la salida de la recesión. Por último, una noticia positiva adicional: Brasil, sin crecer espectacularmente, ya no será el lastre que fue en 2015 y 2016.

¿Qué lectura hace de la llegada de Nicolás Dujovne al Ministerio de Hacienda?

El tema principal y subyacente es que el tipo de tareas que tenía planteado el Gobierno en su agenda para 2017 precisaba un trabajo más sincronizado y coordinado, y un mando más centralizado. Tanto visto desde adentro del Gobierno como desde afuera. Los problemas de coordinación en 2016 tuvieron costos. Hubo negociaciones con gobernadores y las bancadas de la oposición en las cuales quizás se cedió más de lo que se debió para obtener lo que se buscaba. También la gestión interna fue a un ritmo inadecuado para las necesidades y también existió superposición entre ministerios. Todos estos déficit fueron porque no había un mando tan unificado. La reorganización es muy funcional a los objetivos del 2017. Fiscalmente no sobra nada y se necesita ir avanzando despacio e ir recortando fondos donde haya superposición de tareas. Para eso hace falta que los ministros vean que las decisiones hay que acatarlas y no hay doble ni triple comando. Ahora las instrucciones vienen desde Jefatura de Gabinete y tienen un efecto más inmediato.

O sea que la noticia no es solo Dujovne sino Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui?

Efectivamente. Es muy transparente y eso quedó muy claro con la reunión en el CCK de diciembre con 600 funcionarios.

¿Hay que esperar cambios en la política fiscal o no?

La parte flexible del gasto público, que excluye salarios, obra pública, planes sociales y transferencias automáticas, es acotado. Menor a 20% del total del gasto. Allí se incluyen los subsidios económicos. Pero hay mucha superposición entre actividades entre la Nación y las provincias, y allí se puede trabajar. Hace falta sintonía fina y mando.

¿Cómo imagina el crecimiento 2017 y cómo lo caracterizaría?

Hay una tentación a analizar el 2017 con las anteojeras de los 12 años anteriores. Con esas anteojeras, deberíamos estar viendo un fuerte empuje para el consumo propiciado por el Gobierno. Pero allí aparece una contradicción porque desde la Casa Rosada están hablando de una pauta salarial de 18% para el 2017. Si nos ponemos los anteojos del propio Gobierno vemos que es más optimista, en materia inflacionaria, que el consenso del mercado y por eso quizás cree que esa pauta de 18% le empate o incluso le gane algo a la inflación. Sin embargo, si uno observa las partidas para planes sociales y jubilaciones observa que se incrementarán bastante por encima del 20%. Quizás ese 18% es una moneda de dos caras. Para algunos será amarrete, pero quizás tranquiliza a aquel inversor que va a prestarle dinero a Argentina durante el año y, obviamente, le preocupa la cuestión fiscal. Luego hay que ver qué ocurre con el sector privado. Allí el Gobierno parece buscar, a diferencia del Gobierno anterior, un equilibrio entre salarios, empleo e inversión. Eso lo vimos en la adenda del acuerdo con el gremio petrolero que apunta a Vaca Muerta que apunta más al empleo que al salario. Los gremios vinculados a actividades productivas, cuyos niveles de empleo están estancados hace varios años, tienen una predisposición a discutir cláusulas como las de los petroleros. Es un enfoque más repartido que el kirchnerista, que solo buscaba darle manija al consumo sin importar nada de lo demás. Cuidemos el salario, sí, pero también el empleo, la inversión y las exportaciones. Hay que prestar atención a todas las fuentes de crecimiento. Va a funcionar si la inflación 2017 es más baja que la que hoy imagina el consenso. Además, el Gobierno también piensa en los famosos beneficios no salariales. Pongo un ejemplo, el Metrobus hacia La Matanza, que se terminaría en los próximos meses. A diferencia del Gobierno anterior, que solo entregaba subsidios, el Gobierno actual tiene la posibilidad de mejorar, y mucho, los servicios. Hay que entender lo que ocurre con las nuevas anteojeras, y ya no más las viejas.

¿Nos puede llegar una buena sorpresa Brasil en 2017 o hay que mover las fichas a 2018 ya?

Hay un tema positivo y es la política monetaria, que puede ser muy antirrecesiva (Nota del Redactor: el miércoles, el COPOM del Banco Central de Brasil redujo la tasa Selic en 75 puntos básicos a 13%). Eso es posible porque la profundidad de la recesión hizo que la inflación bajara mucho. Si la política logra sostener el actual esquema, algo sobre lo cual es difícil ser terminante, la política monetaria ayudará y la tasa de interés bajará de forma acelerada en 2017. No sé cuánto se va a reactivar la economía, pero ya no será el lastre para nosotros que fue en 2015 y 2016.

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