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La inflación de octubre fue menor a la esperada (3,3%) y los economistas recalculan sus proyecciones

15 noviembre de 2019

La inflación de octubre fue menor a la esperada. Mientras que las mediciones privadas estiman que la suba de precios del mes pasado se había ubicado en torno a 4% mensual, la misma fue de 3,3%, según informó hoy el Indec. La cifra implica una desaceleración de 1,6 puntos porcentuales respecto al desempeño de septiembre. De esta manera, los precios minoristas acumularon una suba de 50,5% durante los últimos doce meses y de 42,4% en lo que va de este año.

“Los datos sorprenden positivamente. No es lo que estábamos viendo ni nosotros ni la mayoría de las consultoras. De hecho, estábamos preocupados porque veíamos que en alimentos y bebidas, especialmente, tras el alto nivel que había mostrado en septiembre, no estaba bajando significativamente en octubre”, comentó ante El Economista Federico Moll, director de Ecolatina.

“La inflación de octubre marca una desaceleración muy importante, de las más bruscas que hemos visto en los últimos años”, afirmó Moll. “Lo que podría estar pasando es que el efecto del cepo cambiario está impactando directamente. Típicamente, y esto ya lo hemos visto, el cepo pone un techo un poco más bajo a las variaciones de los niveles de precios. En ese marco, nos obliga a recalcular a la baja las proyecciones de los meses que vienen”, adelantó.

Barbara Guerezta, economista de Arriazu Macroanalistas, coincide en que la desaceleración de octubre respecto al mes previo se explica básicamente por la menor depreciación de la moneda local. Este movimiento, señala, se observó particularmente en el rubro de alimentos, cuya variación de precios cayó de 5,7% en septiembre a 2,5% en octubre. 

“En los próximos meses la inflación se moverá al ritmo de lo que ocurra con el tipo de cambio (en los distintos mercados), que, a su vez, reaccionarán según cómo evolucione la demanda (confianza) y la oferta de pesos (fuertemente atada a la política fiscal). Obviamente, también tendrán su impacto las regulaciones y acuerdos de precios que se vayan implementando o liberando en las próximas semanas (como ya ocurrió con el combustible)”, afirmó Guerezta en diálogo con El Economista.

La especialista señaló que desde abril del año pasado la suba de la inflación estuvo mucho más relacionada con una fuerte caída de la demanda de base monetaria que con un descontrol en la emisión. “Claro que ayuda (la emisión cero), pero no debemos descuidar la lectura que se hace sobre la demanda de activos en pesos, porque la inflación no es otra cosa que el efecto que tiene en la economía el desencuentro entre la oferta y la demanda de pesos”, aseveró.

En adelante

Para Ecolatina, la inflación de noviembre será de 3,6% y prevé durante el último bimestre del año la misma se ubicará entre 3% y 4% mensual, debido al aumento de algunos precios regulados y a los “aumentos precautorios” frente a un eventual acuerdo de precios y salarios. De esta manera, según sus proyecciones, este año finalizaría con un alza de precios de 53%.

“A la luz de los datos de inflación de octubre y la evolución de los indicadores de alta frecuencia de noviembre, aún esperamos que la inflación termine el año en torno a 53%, pero también seguimos viendo que los riesgos al escenario están sesgados al alza. Más allá de lo que termine ocurriendo en la recta final del año, consideramos que en los últimos meses se configuraron algunas condiciones adversas que anticipan que 2020 también será desafiante en materia de inflación”, advirtieron desde el Grupo SBS.

En su análisis, SBS  señaló que, por un lado, la demanda de pesos cayó sensiblemente y se encuentra en mínimos multianuales. “Los controles de capitales sostienen la demanda de dinero en el margen, limitando la dolarización. Aunque es importante recordar que se trata de un ancla nominal muy débil con efectos apenas transitorios”, y sostuvieron que, por otra parte, el cierre del mercado y las necesidades de financiamiento del Tesoro en pesos sugieren que muy probablemente se recurrirá a una mayor emisión monetaria. 

“En este sentido, estimamos que en 2020 la base monetaria amplia (incluyendo pasivos remunerados del Banco Central) crecería en torno a 40% anual si el Gobierno entrante decidiera financiar el déficit fiscal primario con emisión, y se acercaría a la zona de 80% anual si además se emitiera para cubrir los vencimientos de deuda del Tesoro en moneda local”, afirmaron.

De esta manera, SBS proyecta que el próximo año tendrá una inflación de 45%, aunque remarcaron que “los riesgos se encuentran claramente sesgados al alza” y señalaron que la dinámica quedará absolutamente condicionada por la política monetaria que decida impulsar el Gobierno entrante.

Por su parte, desde LCG estiman que noviembre y diciembre tienen un piso de 4%. “El descongelamiento de los combustibles en noviembre aportará 0,3 puntos porcentuales a la inflación del próximo mes y tendrá arrastre para diciembre, y no descartamos nuevos aumentos antes de que termine el año. También se sumará el aumento autorizado a prepagas, telefonía celular y cuotas de colegios privados”, detallaron, y señalaron que para este año prevén una inflación de 55% y para 2020, en torno a 50%.

“De cara a 2020, las expectativas de no son alentadoras. El año inicia con una inflación anualizada en torno al 60% (4% mensual) y, más allá del éxito que pueda tener el Acuerdo Social sobre el que concentra sus expectativas desinflacionarias el nuevo Gobierno, no existen muchos factores que alienten un proceso de desinflación”, advirtió LCG en un informe. 

Según esta consultora, por el contrario, la opción de emitir para financiar la brecha fiscal en un contexto de mercados de deudas voluntarios cerrados, la corrección (total o parcial) que requieren las tarifas por el congelamiento en 2019, la reducción de la tasa de interés para dar impulso a la actividad que bien podrá volcarse a la demanda de bienes o a la de demanda de dólar libre ampliando la brecha cambiaria, y un posible control de importaciones para evitar que vuelva a operar la restricción externa, son todos factores que se suman a una inercia inflacionaria todavía muy elevada.

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