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El futuro de la industria es circular

Si las predicciones son correctas, la transición hacia una industria circular va a ser clave en la lucha contra el cambio climático. Eso pone a los industriales en el ojo del huracán del debate.

EconomiaCircular
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02-09-2021
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Por Manuel Albaladejo (*)

La industria siempre ha polarizado la opinión pública. Durante las últimas décadas hemos vivido intensos debates a favor y en contra de la política industrial. Hoy, tras la adopción de planes de reindustrialización impulsados por los países ricos que antes la cuestionaban, parece que existe cierto consenso sobre las bondades de la industria y la política pública que la promueve. Caso cerrado.

Ahora, el debate gravita entre dos polos: ¿la industria como héroe o villano en la crisis ambiental? Por un lado, la industria genera casi un cuarto de los gases de efecto invernadero a nivel mundial y consume, muchas veces ineficientemente, gran parte de los recursos naturales del planeta.

Por otro, a través de la incorporación de tecnologías de punta y el desarrollo de modelos disruptivos, la industria puede convertirse en una fuerza transformadora y posicionarse como una de las grandes esperanzas en la lucha contra el cambio climático. De esa industria perniciosa a su antítesis hay solo un paso: la sustitución del modelo industrial lineal basado en el “producir-consumir-desechar”, por un modelo de industria circular restaurativo y regenerativo, cimentado en el ecodiseño, la servitización (el servicio como producto), el uso eficiente de recursos y la extensión de la vida útil de los bienes.

El discurso sobre cambio climático gira en torno a nuestra dependencia de los combustibles fósiles, mientras que el impacto de la producción y el consumo lineal en la generación de gases de efecto invernadero queda relegado a un segundo plano en la opinión pública.

Sin embargo, un estudio de la Fundación Ellen MacArthur señala que aplicar prácticas circulares en la industria del cemento, acero, plástico y aluminio supondría una reducción del 40% de sus emisiones para el 2050.

Si las predicciones son correctas, la transición hacia una industria circular va a ser clave en la lucha contra el cambio climático. Esto pone a los industriales en el ojo del huracán del debate. Claro que las grandes petroleras, sus lobbies y los gobiernos de turno tienen culpa, pero también la tienen los patrones de producción y consumo derivados de una economía lineal insostenible.

Este argumentario a favor de un cambio hacia la producción sostenible, aunque altruista y bien intencionado, no convence a muchos empresarios ya que “lo que es bueno para el medio ambiente no necesariamente es bueno para el bolsillo”.

Es justo en este tipo de afirmaciones donde la economía circular nos hace morder el polvo. Este no es lugar para presentar la evidencia de un gran número de estudios sobre el impacto de la economía circular, pero sí quiero mencionar algunas cifras que pueden ser de interés para los industriales.

En el sector de metales no ferrosos, como el aluminio, los procesos a partir de insumos secundarios demuestran mayor eficiencia que los de insumos vírgenes. Por ejemplo, por cada kilo de aluminio reciclado se ahorra 6 kilos de bauxita, 4 kilos de productos químicos y 14 kwh de electricidad. La rentabilidad del residuo industrial ha generado un mercado global muy dinámico de materia prima secundaria que nos hace replantearnos el término “residuo”. ¿No estamos quizás ante un “recurso” que mediante la circularidad se ha vuelto incluso más rentable que su homólogo virgen?

Cabe destacar que la economía circular es mucho más que recuperación y valorización de residuos. Por ejemplo, la aplicación de la circularidad al sector de la construcción en la fase de diseño permite ahorrar hasta el 15% de material, mejorar la eficiencia energética hasta 40%, hacer un uso más productivo de los espacios y sustituir la demolición por la deconstrucción reduciendo significativamente los residuos de construcción que atestan nuestros vertederos.

En el sector textil, la transición del fast-fashion hacia un modelo más sostenible y circular a través del alquiler, la reparación y la reutilización (segunda mano) promete valer un Potosí de US$ 560.000 millones a escala global. Y así, sector a sector, podríamos ir dando cifras del impacto de la economía circular en la industria.

Estos números de impresión nos pueden hacer creer que la industria circular es solo para las grandes empresas de países ricos. Nada más lejos de la realidad. Existe amplia evidencia de la aplicación de la industria circular en las pymes latinoamericanas. Algunos ejemplos de pymes con las que he tenido el privilegio de trabajar o visitar personalmente: Rincón de Albano, un tambo circular en Uruguay que además de producir leche genera biogas que usa y también vende a la red eléctrica del país; Uruplac, una empresa uruguaya que produce muebles hechos de placas de plástico no recuperable; MIDAS, una empresa que hace minería urbana (entre otras cosas) en un país minero como Chile, produciendo lingotes de aluminio y polvo de cobre derivado del reciclaje y valorización de residuos eléctricos y electrónicos; Neptuno Pumps, una empresa chilena de talla mundial que remanufactura y rediseña grandes bombas de agua para la minería; Daravi, una empresa argentina que diseña y produce artículos varios a partir de descartes. Entre tantas otras....

La transición hacia una economía circular está reforzada por una serie de estímulos que nos confirman su universalidad y proyección.

Por un lado, existen los pactos verdes y planes de acción de economía circular avalados por la mayoría de los países industrializados. Las implicaciones empresariales para los socios comerciales son dignas de destacar. Las directivas de la Unión Europea sobre producción sostenible, uso eficiente de recursos, el derecho a la reparación, y la lucha contra la obsolescencia programada y el “lavado verde” pueden convertirse tanto en grandes oportunidades como barreras de entrada al mercado europeo.

Por otro lado, dada la presión de las empresas en implementar prácticas de circularidad, la ISO está desarrollando una serie de estándares en economía circular basados en algunas ya existentes como la ISO 14001/14006 e ISO 50001. La certificación futura, aunque opcional, puede atraer socios y consumidores que compartan una visión similar. Y finalmente, el mercado de financiación de la economía circular está en pleno auge ya que hemos pasado en solo cuatro años de tres a treinta fondos de capital privado liderado por proveedores del nivel de BlackRock, Credit Suisse y Goldman Sachs.

Desde la ONUDI, organización a la que represento en el Cono Sur, queremos sumarnos a la celebración del día de la industria, y lo hacemos identificando tendencias y apoyando prácticas que pueden fortalecer al sector en el marco de las crecientes y necesarias demandas en torno a la sostenibilidad. No podemos ni debemos hacer apología de una industria que opera al margen de la realidad climática actual. Sería contraproducente para un sector que debe ser héroe en la recuperación económica y la lucha contra el cambio climático.

Por eso, tal día como hoy, no sólo deberíamos homenajear a la industria sino también abogar por el tipo de industria que queremos para el futuro. Y ese futuro parece ser cada vez más circular.

(*) Representante y Director de la Oficina Regional de ONUDI para Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay

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