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El fantasma de Moreno sobrevuela entre importadores

La administración del Comercio se decide en Producción. Conseguir una LNA es una odisea, dicen

31-03-2017
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Rubén García es el titular de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA) y dice que en la cámara reciben diariamente más de 10 llamados de socios que no lograron la aprobación para que la mercadería que compraron afuera pase por la Aduana. Con todos los costos asociados que eso acarrea para el importador.

“Si tenés mercadería en puerto, es un taxi que va corriendo. Si está en Ezeiza, es un remise o una limusina la que te corre. Tampoco podés producir y no podés entregar la mercadería en tiempo y forma, y allí también tenés penalidades”, dice García, preocupado, ante El Economista.

Como él, diversos importadores empiezan a recordar las épocas de Guillermo Moreno, las DJAI y las odiseas para importar. Algunos, incluso, están empezando a ir a la Justicia. “Volvemos a tener que pedir permiso para trabajar”, agrega García.

Las cifras oficiales parecen darles la razón y, a la vez, desacreditar la tesis que circulan ciertos dirigentes (sindicales, empresarios y políticos) sobre una ola de importaciones. En febrero, las compras del mundo cayeron 0,6% (y nada menos que 7,5% en cantidades). Los famosos “sectores sensibles” (calzado, textiles y juguetes, por ejemplo) lideran la lista de reclamos. “El lobby proteccionista y antiimportador está funcionando”, dice un experto con muy buena información. “Hay cada vez más casos”, dice. “El Ministerio de Producción no tiene estrategia”, critica. “Van viendo caso por caso, como hacía el kirchnerismo, y no tienen una visión comercial integral”, agrega.

Hay ejemplos varios de compañías, sobre todo en esos “sectores sensibles”, que no pueden importar más allá de cierto cupo. ¿Y luego? “La parálisis”, reconoce un textil que tiene su empresa en Ciudadela. “Hay una cambio absoluto y radical en la reglas de juego”, agrega un empresario metalúrgico que no puede traer insumos. Además, no conocen cuál es el criterio qué fijan desde la Secretaría de Comercio para avalar las importaciones. “El Presidente dice que estamos integrados en el mundo, pero siguen los cupos, los aranceles están 35% (el máximo permitido por la OMC) y la imprevisibilidad”, dice un empresario del mismo rubro que fue achicando su plantilla de personal en los últimos años.

En el Ministerio de Producción niegan esos trastornos y rechazan la comparación con la era morenista. Por esa época, las LNA, a través de las DJAI, regían para el 100% de las posiciones arancelarias y hoy, explican, no superan el 15% del total. “Y encima ese porcentaje está bajando”, dicen cerca de Pablo Lavigne, director nacional de Gestión Comercial Externa, el encargado de aprobar (o no) las importaciones.

Un despachante sostiene que estamos viendo el talón de Aquiles del nuevo modelo. “Las LNA son una continuidad del sistema de Moreno, pero algo más amable. Aunque, después de todo, depende del humor y la coyuntura política. Se veía venir”, dice. Lo más grave son los coletazos judiciales que puedan llegar a haber. “El sistema, así como está pensando, nos deja expuestos judicialmente. Las restricciones directas hacia el comercio, sean absolutas o por cupos, están prohibidas por la OMC”, agrega.

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