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Baja tasa de desempleo no es pleno empleo

Es posible que en el futuro se vean tasas de desempleo más bajas aún. Pero con la inactividad laboral enquistada entre la gente.

Baja tasa de desempleo no es pleno empleo
Jorge Colina 08 marzo de 2023

En su discurso de apertura de la Asamblea Legislativa, el Presidente dijo que en 21 provincias se registra pleno empleo. Si bien no aclaró cuál es el criterio utilizado en el cálculo, en principio, se habría computado los aglomerados de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec que tienen bajas tasas de desempleo del orden 5% e inferior.

Este es un error muy común, incluso entre economistas profesionales, de asociar pleno empleo con bajas tasas de desempleo. 

Hay que comenzar por señalar que el primer indicador relevante del mercado laboral no es la tasa de desempleo. Es la tasa de participación laboral o Población Económicamente Activa (PEA) que mide la gente que trabaja o busca activamente un trabajo. 

Luego, la tasa de desempleo es la proporción de la PEA que busca activamente un trabajo y no lo encuentra. 

En otras palabras, hay que mirar las dos cosas: el desempleo y la PEA.

Un ejemplo aplicado a la Argentina sirve para ilustrar el error que genera mirar sólo la tasa de desempleo. En el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario las tasas de desempleo están en el 7% y 8% y la PEA llega al 50% de la población. En Formosa, Santiago del Estero y Viedma la tasa de desempleo está debajo del 2% pero, claro, la PEA llega a apenas el 40% de la población.

La tasa de desempleo del 2% no está señalando "pleno empleo". Porque cuando se mira la baja tasa de la PEA surge que la falta de empleos está escondida en la baja tasa de actividad laboral.  Tanto es así que, si en estos tres aglomerados la gente saliera a buscar trabajo como lo hace en Gran Buenos Aires, Córdoba o Rosario, donde la mitad de la gente participa del mercado laboral, la tasa de desempleo no sería del 2% sino del 20%.

Esto lleva a decir que la falta de empleo no está solamente entre aquellos que busca activamente un empleo (desocupados) sino también en adultos en edad de trabajar que ni siquiera buscan empleo (desalentados). 

El desaliento se explica por tres motivos. 

  1. El primero es la escasez de empleos disponibles que hace que mucha gente en edad de trabajar no salga a buscar porque percibe que no va encontrar. 
  2. El segundo es la falta de empleabilidad o capacidad para el empleo de las personas que hace que se desanimen a buscar porque sus habilidades están muy por debajo de lo que las empresas buscan. 
  3. La tercera es la mala calidad de los empleos que, al ser pobremente remunerados, hace que muchos adultos -en general, mujeres que asumen las tareas del hogar- no vean conveniente tomar un empleo porque no compensan el costo que implica delegar en terceras personas las tareas del hogar. 

Estas tres dimensiones son muy importantes porque son con las que debe comenzar la agenda de la política laboral si se quiere tender al pleno empleo. O sea, lo primero es que la gente salga a buscar trabajo, esté preparada para tomarlo y le retribuya a la alternativa de quedarse en casa. 

Luego, viene la política macroeconómica trayendo un marco de estabilidad de precios y previsibilidad a fines de atraer inversiones para generar el empleo necesario a fin de que la gente no quede desocupada.

Las políticas de activación laboral, o sea, las que promueven a que la gente participe del mercado laboral, son la modernización de las instituciones laborales, la mejora en la calidad educativa y una infraestructura pública de alta calidad para los cuidados de la primera infancia a fin de liberar a las mujeres de las tareas del hogar. 

Aquí entra una vez más la necesidad de ordenar el Estado. El Estado debe concentrarse en sus funciones, que son, la estabilidad macroeconómica y la modernización de las instituciones laborales. Las provincias y municipios son las responsables por la salud, la calidad educativa y los cuidados de la primera infancia. O sea, el Estado Nacional debe generar las condiciones para la creación de empleo y las provincias y municipios deben darle empleabilidad a la gente.

El problema estructural de Argentina es que el Estado Nacional hace pésimo lo que tiene que hacer (genera altísima inflación y mantiene y promueve las vetustas y conflictivas leyes laborales y convenios colectivos centralizados), pero se toma la atribución de entrometerse en las funciones de salud, educación y cuidados de la primera infancia -que no son sus funciones- con los programas nacionales. 

Estos programas son de nulo impacto y sólo sirven para que los políticos nacionales hagan clientelismo y demagogia en las provincias. Pero, sin dudas, que el peor defecto de los programas nacionales es que inducen a los gobernadores e intendentes a creer que la función de darle empleabilidad a la gente con buenos sistemas locales de salud, educación y cuidados de la primera infancia ahora es de la Nación. Este es un gran error.   

Por esto, Argentina está muy lejos del pleno empleo. Por el contrario, es posible que en el futuro se vean tasas de desempleo más bajas aún. Pero con la inactividad laboral enquistada entre la gente. Así, es imposible entablar un proceso de desarrollo social y de salir de la trampa de los planes asistenciales. 

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