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Ante un 2017 con viento de frente: no es Trump, es Brasil

Héctor Rubini 24 noviembre de 2016

por Héctor Rubini

La caída del nivel de actividad de Brasil ha arrastrado a Argentina, y de este lado de la frontera no pocos pronósticos han apostado a un esperanzador rebote para el año próximo en el país vecino. El informe Focus del Banco Central de Brasil (BCB) acaba de mostrar por quinta vez consecutiva que las consultoras y bancos privados han revisado hacia abajo la expectativa de crecimiento del PIB brasileño. La mediana de esos pronósticos arrojó el pasado 18 de noviembre una proyección de crecimiento del PIB de apenas 1%, aunque todavía superior al pronóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI), estimado en 0,49%. Tampoco se espera una reacción significativa de la producción industrial: luego de una caída esperada de 6% para 2016, la mediana de los pronósticos del sector privado brasileño es de un escaso crecimiento de 1,1% para 2017.

Si ya a esta altura del año son esas las perspectivas de cierre de 2016 y 2017, a la industria automotriz argentina y a varias economías regionales de nuestro país se le presenta para el año próximo un escenario tan complicado como el de 2016.

Los números de comercio bilateral hasta el mes de octubre son bastante preocupantes. La información a ese mes del Ministerio de Industria, Comercio y Servicios de Brasil indica que en entre enero y octubre de 2016 las exportaciones argentinas a Brasil totalizaron U$S 7.282 millones (17,5% menos que en igual período de 2015). En el mismo período, las importaciones argentinas de bienes brasileños sumaron un total de U$S 10.992 millones (+1,1% interanual). El saldo comercial para Argentina ha sido hasta octubre de un déficit comercial de U$S 3.710 millones, superando en 80,9% el de enero-octubre de 2015 (U$S 2.051 millones).

El escenario externo no parece favorable para un rebote de la economía real impulsado por las exportaciones. El informe Focus refleja expectativas de leve atraso cambiario, con una mediana para la suba esperada del tipo de cambio de 3,4% y suba de índices de precios (al consumidor ampliado y otros) en torno de 5%. No hay perspectivas de un fuerte empuje de la demanda externa: a la desaceleración china y la falta de reacción de la Unión Europea, se le sumarían las potenciales medidas proteccionistas de Estados Unidos, que probablemente conduzcan a menores tasas de crecimiento del PIB industrial y de la actividad y el empleo en Brasil.

Más problemas

Para las autoridades brasileñas, estas son pésimas noticias: el esperable efecto multiplicador asociado al ingreso de divisas por privatizaciones de activos y el ingreso de U$S 5.000 millones por el reciente blanqueo de capitales puede ser prácticamente nulo. Peor aún: al deteriorar ya desde este año los ingresos fiscales nacionales y subnacionales pueden poner en serio riesgo el intento del ministro Henrique Meirelles de achicar el gigantesco desequilibrio de las cuentas fiscales nacionales.

Un leading indicator es el cada vez más complicado escenario que enfrentan los deficitarios gobiernos estaduales. El Gobierno ha convocado a los 27 gobernadores a suscribir la próxima semana un “pacto de austeridad” para recortar gastos corrientes en 20% nominal, y comprometerse a una reforma de sus sistemas jubilatorios. De esa forma podrían acceder al reparto de unos U$S 1.400 millones provenientes del blanqueo de capitales. Sin embargo, no alcanza ni para el pago del aguinaldo de fin de año, y algunos estados ya están en cesación de pagos. Anteayer se declaró en cesación de pagos el gobierno de Rio Grande do Sul, que en agosto de 2015 había incurrido en cesación de pagos de los servicios de su deuda con el gobierno federal, pocos días después de idénticos eventos de default de los gobiernos de Mato Grosso do Sul y Sergipe.

El gobernador Ivo Sartori emitió un comunicado declarando un “estado de calamidad financiera” al que llega por la incapacidad material de financiar su déficit previsto para este año de R$ 2.359 millones (U$S 674 millones) y a más del doble para el año próximo. No ha mencionado, en cambio, el rol central que ha jugado la expansión irresponsable en la cantidad y variedad de organismos estatales, y del empleo público, que ahora lo obliga a disolver 11 organismos del Poder Ejecutivo (9 de ellos bajo la extraña forma de “fundaciones”), la fusión de 4 secretarías y a despedir unos 1.200 empleados públicos. Tampoco el rol de las exenciones tributarias discrecionales para atraer inversores de otros estados, que ya desde 2007 significaron una pérdida de recursos fiscales entre el 20% y el 24% de la recaudación tributaria. De todas formas, las medidas de “ajuste” son poco relevantes: apenas si alcanzarían a financiar poco más del 6% del abismo fiscal en que se encuentra Rio Grande do Sul. De modo que sería casi inevitable la transferencia, como forma de pago, al gobierno federal de cuatro empresas estatales (incluida una de energía eléctrica), o directamente su privatización.

Lo peor no es esto, sino el hecho de que este episodio exterioriza apenas la punta del iceberg de la complicada situación financiera de la casi totalidad de los 27 gobiernos estaduales. Ya en junio pasado el estado de Río de Janeiro se declaró también en estado de “calamidad financiera”, y varios observadores locales prevén medidas similares de otros gobiernos bajo “stress” financiero: Alagoas, Bahía, Ceará, Maranhao, Pernambuco, Paraíba, Sergipe y Piauí.

Otros estados que han empezado a estirar el pago de sueldos de estatales, recortar gastos de capital e incurrido en atrasos en pagos a proveedores, también son percibidos como candidatos a la moratoria unilateral. Son los casos de Rio Grande do Norte, Minas Gerais, Brasilia DF, Goiás y Mato Grosso. Varios de sus funcionarios lo niegan, pero el resultado aun así es el mismo: default o sin él, todo conduce a una reducción de gastos corrientes y despido de personal, que enfrentará un sector privado con demanda laboral estancada.

En otras palabras, el iceberg de los gobiernos estaduales forzará a inevitables ajustes de gastos, que debilitarán la demanda interna. Con un escenario institucional complicado y un potencial giro de la economía internacional hacia un debilitamiento del comercio exterior, el Gobierno de Michel Temer no cuenta con márgenes de maniobra para impulsar una reactivación en 2017, y menos con instrumentos keynesianos.

Chau viento

En consecuencia, tendremos en Argentina otro año con viento en contra desde Brasil. Sus efectos de derrame negativos deberían ser contrarrestados de alguna manera. Al menos para evitar la agudización de la situación crítica de los sectores con mayor exposición al mercado brasileño, y a la amenaza de un incremento abrupto de las importaciones provenientes de ese país.

(*) Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la USAL.

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