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Abrir la cabeza, el odio agota

Al menos para los que creemos que la "sociedad existe" y que "el bien común" existe y que ambos enmarcan la navegación hacia el Estado de Bienestar. Inspirarse en el nuevo paradigma de J. Biden sería abrir un poco la cabeza y cerrar el odio rastrero que nos agota.

Abrir la cabeza, el odio agota
Carlos Leyba 23 junio de 2023

Ahora es Javier Milei - portavoz del liberalismo extremo - quién, en el CARI, ha identificado "fecha y hora" en la que se cometió el "industricidio": asesinato expreso de la industria que tanto costó desarrollar desde los '30 y que tantos beneficios generó hasta 1975, cuando fue suprimida (La Nación, 22/6/23).

C. Pagni señaló que en 1974 nuestra integración social -C. de Gini 0,34- era igual a la de Francia. Entonces 4% estaba bajo la línea de pobreza. Un millón de almas. Ahora, en esa condición, sobreviven 20 millones: 80% del incremento demográfico desde 1974. 

Una fábrica de pobres que destruyó el tejido social por la decidida (no agotamiento) destrucción del tejido material que creaba empleo y un poderoso tejido civilizador: Premios Nobel, clase media, PIB ph más alto de América Latina. 

Tener claro el origen de la decadencia es un paso adelante. Bienvenido Milei.

En el discurso posmasacre de Ezeiza (1973), Perón pronunció una frase premonitoria: "producir por lo menos lo que consumimos". No podía imaginar que su sucesora, Estela Martínez -la primera mujer presidente- inauguraría la negación de ese principio: "producir por lo menos lo que consumimos". Ese es el objetivo de toda política de estabilidad social: pleno empleo. La "represión" sistémica -recordarlo en estos tiempos- es el desempleo y la exclusión, la pobreza. No es difícil entender, pero es comprometido comprender. 

A aquella negación "originaria" le siguieron muchas fallidas estrategias de combate a la inflación. Todas fueron "tirar el agua sucia con el bebé adentro". Su clímax fue en los 90: surgieron los piquetes. Carlos Auyero, días de Cutral Co, señaló en el programa de M. Grondona, "no luchan contra el sistema sino para entrar a él". Denunciaba las políticas que derivarían en la exclusión sistémica que llega a nuestros días. 

La adopción de la expresión "industricidio" por Milei, colocada en el momento (segunda mitad de los '70) en el que sus actuales asesores y adherentes, ejercían el gobierno, es una paradoja. No la única. Diana Mondino, candidata a diputado nacional, dijo "no me pregunten por la inflación y por el dólar, pregúntenme por el desempleo y la productividad". Una paradoja en "ellos". Pero un lógico orden de prioridades. Este nivel de "la inflación y el dólar" es consecuencia del "industricidio" que, justamente, ha derivado en "el desempleo y (la caída de) la productividad". "Producir lo que consumimos". De este olvido derivan todas estas desgracias que se manifestaron de distinta manera en Jujuy y en Chaco.

El diputado E. Valdés ante los desmanes y el desorden, dolores humanos y destrozos materiales, en Jujuy, dijo que "el peronismo garantiza la paz social". ¿A que llama Valdés paz social? ¿A 20 millones de pobres, a 60% de los niños en la pobreza, sostenidos en ese estado por la ayuda social y el clientelismo? 

Ante una posible derrota de quienes hoy dicen representar al peronismo, el fundador no puede hablar, apela -en la mejor versión- a "miren el desorden, nosotros podemos el orden" o, en la peor, "nosotros que no pudimos el orden, podemos el desorden". Para Valdés y la política, la "vida material" es el gran olvido. 

Debo reconocer que, al menos en las palabras, uno de los pocos que menciona "la vida material" es G. Morales. Gobierna el territorio del escándalo político. J. Capitanich gobierna el territorio del espanto moral. 

Volvamos. "Ramal que para, ramal que cierra", en esas filas propiciatorias del "ferrocalicidio" militaban juntos Patricia Bullrich y Valdés. 

D. F. Sarmiento dijo: "Los ferrocarriles han hecho más por el adelanto de los pueblos que las más profundas revoluciones políticas". "La vida material". El atraso sistémico que implicó la destrucción del FFCC nos recuerda la destrucción de las naves de bandera. Consecuencias fatales, costo interno del sistema de transporte; y el resultante impacto demográfico del abandono de 600 poblaciones. Y si miramos hacia afuera debemos sumar el déficit de servicios por carecer de bandera en la hidrovía y en el comercio marítimo. Más de 5 mil millones de dólares anuales. El olvido por parte de la política de la vida material: la obsesión de la macro en un país cuya descripción estructural es patética. 

Nada de esto es ajeno a lo que hemos vivido en Jujuy y en Chaco. Síntomas y expresiones de la misma cosa. Clientelismo y pobreza, son la consecuencia de la ausencia de políticas de empleo y programas de desarrollo, de la renuncia expresa al desarrollo industrial y a la generación de sistemas de vinculación: la conquista del territorio que se hace con trabajo. 

En estos 40 años, 70% del tiempo gobernaron los que dice Valdez que "garantizan la paz social". Esos votos, ciertamente populares y de los sectores sufridos, se basan en una memoria que hunde sus raíces en el período de industrialización y pleno empleo, que rigió entre 1930 y 1975. Desde ese año se decidió el fin de la política de pleno empleo "productivo" (producir por lo menos lo que consumimos, Perón) y el desempleo trocó en política del empleo "clientelar": reducción de la productividad, perforación de los valores y degradación del soberano. El "industricidio" es la madre del "piquete" (la demanda para entrar) y del clientelismo (la oferta para controlar). 

Legislar importa. Tenemos más de 27.700 leyes nacionales. Pero para muchos nacionales las leyes son "sugerencias" y elevarlas a rango constitucional difícilmente cambie ese carácter. Dijo el tucumano J. B. Alberdi en 1871 "Las constituciones escritas en el papel están expuestas a borrarse todos los días; las que no se borran fácilmente son las escritas en los hombres, es decir, en sus costumbres" ("Peregrinación de Luz del Día"). Por eso, bien venidas las reglas escritas, los consensos escritos, pero nada puede ser vivido sin "educar al soberano" como lo procuró y lo lograron, en condiciones adversas, DF Sarmiento y la generación del 80. 

Los ejemplos espantosos de Jujuy y de Chaco nos hablan de la falla educativa de la convivencia. La misma lógica señaló Cristina Kirchner (2/3/14) en la Asamblea Legislativa "todo el mundo tiene el derecho a protestar, pero no cortando las calles e impidiendo que la gente vaya a trabajar; y no complicándole la vida al otro. Creo que vamos a tener que legislar sobre una norma de respeto y convivencia urbana". "Vamos a tener que legislar y la Justicia, fundamentalmente, actuar ante estos casos, porque no podemos solos organizar las cosas" ...organicémonos como sociedad. ... Todos tenemos derecho a protestar, pero tenemos que respetar también a los demás ciudadanos. Tenemos que lograrlo entre todas las fuerzas políticas... aunque no estemos de acuerdo con nada; por favor, en el respeto a los demás ciudadanos, pongámonos de acuerdo de una buena vez por todas". 

Notable coincidencia. Es exactamente lo que dijo el Gobernador G. Morales y es el mismo propósito de la reforma de la Constitución provincial. Colosal hipocresía. Lo que provoca la ira kirchnerista es el origen, no el concepto. Barranca abajo.

Renglón aparte merece el "docente autorizado" Alberto Fernández, el presidente -que difícilmente lo sea o se perciba como tal- no es Profesor concursado de la UBA. Lo digo en salvaguardia de la UBA. No ha podido sostener, en todos sus años de operador, que incluyen los 4 últimos, un discurso coherente. Pero ahora llega al colmo de apelar a los organismos internacionales (OI) sobre derechos humanos, luego de haber ignorado lastimosamente las calificaciones de esos OI sobre Venezuela y Nicaragua. Celebramos su próximo inevitable silencio y le recomendamos que lea a Cristina, que es abogada. O que consulte a Vilma Ibarra que, antes de ser su Secretaria Legal, fue Directora de Legales de E. Eurnekian quién seguramente elige cuidadosamente sus colaboradores, entre los que se contaba Milei, porque les paga.

Lo de Jujuy y Chaco es una suerte de inauguración. Vamos a vivir un largo período de competencias electorales, a ser bombardeados por consignas, promesas y críticas mordaces, hora tras hora, en un marco inflacionario y de creciente inseguridad ambulatoria, en estado de alarma por una crisis futura y al mismo tiempo en una algarabía de consumo de los sectores medios y altos; y en el marco de una Argentina "barata", regalada, en el precio de sus activos que ahora vuelan al amparo de una posible reparación imaginada, percibida, deseada, por "los mercados". 

La buena noticia, que no es noticia, tenemos un territorio con inmensa disponibilidad de recursos. Que están ahí porque no hemos sido capaces de explotarlos productivamente. Pero cada amanecer se abre una posibilidad de hacerlo. 

Lo grave, lo que no nos es fácil de entender, es que los actuales y muy limitados profesionales de la política, no han entendido que las consecuencias del "industricidio", el "ferrocarrilicidio", el asesinato premeditado del empleo y el olvido de la "vida material", en el sistema capitalista -con cualquier entonación-, sólo se resuelve con "zanahorias" vinculadas a un "programa". El éxito de eso (inversiones) es lo que determina "la macro" y no al revés. 

Mientras tanto algunos argentinos tienen un PIB en dólares radicado fuera del sistema y solamente van a dejar de irse (Massa pide prestado para que se vayan barato), no a volver, cuando "la política" entienda qué cosa es el capitalismo. Esos capitales volverán cuando no sean necesarios.

Todos los políticos y los economistas deberían programar una visita de aprendizaje al Asesor de Seguridad Nacional del presidente J. Biden, Jake Sullivan y a Brian Deese, Director del Consejo Económico Nacional, diseñaron el programa gubernamental "Construir Mejor". Podrían ofrecerles un compilado de lo que hay que hacer: el rumbo, los objetivos y los instrumentos de una Gran Sociedad.

Al menos para los que creemos que la "sociedad existe" y que "el bien común" existe y que ambos enmarcan la navegación hacia el Estado de Bienestar. Inspirarse en el nuevo paradigma de J. Biden, como dice M. Cuervo, sería abrir un poco la cabeza y cerrar el odio rastrero que nos agota.

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