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Abril y más allá

La economía está ingresando a un régimen de alta inflación

Abril y más allá
Fernando Amador Agra 18 abril de 2023

El dato de inflación de marzo cristalizó en un número, 7,7%, las anécdotas y comentarios personales que se escuchaban al salir de un supermercado, referidos a las habituales remarcaciones de precios. 

También, y no en forma anecdótica, nos alerta que la economía está ingresando a un régimen de alta inflación y que si no se implementa en forma urgente un plan de estabilización serio, con acciones fiscales y monetarias consistentes, el riesgo de deslizarnos a un escenario crítico e irreversible, es creciente. 

Los programas de Precios Cuidados o Precios Justos o la denominación que puedan tener en el futuro son solo repeticiones fallidas de experimentos de políticas implementadas bajo la vorágine de la urgencia y aislados de toda consistencia macroeconómica.

En un régimen de alta inflación los agentes tienden a reducir el horizonte de planeamiento, se generalizan las decisiones en torno al acortamiento de plazos de cobro, el diferimiento del cumplimiento de obligaciones dinerarias y la implementación de mecanismos indexatorios en la fijación de los precios, que fortalecerán la dinámica propia del proceso inflacionario. 

Estos mecanismos de propagación acentuarán la distorsión de precios relativos, incrementando aún más la incertidumbre y la búsqueda de cobertura frente a la licuación de los ingresos reales que implica el incremento sostenido y anárquico de los precios.

Los datos de inflación de marzo nos dejan la foto de una evolución interanual de los precios del 104,3% y si proyectamos la inflación promedio del trimestre (6,8%) a los nueves meses restantes, ingresamos a un futuro donde los precios están creciendo al 120% anual y, dadas las condiciones actuales, se la puede considerar como un piso inflacionario para 2023.

Uno poco de historia inflacionaria

Para ilustrar hacia donde nos podría conducir la dinámica inflacionaria actual, nada mejor que abrir la puerta del laboratorio de la historia y revisar en forma rápida y estilizada, algunos datos que están en su biblioteca.

Se puede afirmar que a partir del año 1945 la inflación se estableció en la economía argentina como un fenómeno crónico, que tuvo diferentes períodos de menor y mayor magnitud y planes de estabilización que intentaron encauzar la dinámica inflacionaria en un sendero compatible con la estabilidad de precios y el crecimiento económico, con diferente grado de éxito, en términos de permanencia en el tiempo de un régimen de baja inflación.

Poniendo la lupa sobre los últimos 50 años de historia inflacionaria, tres episodios se destacan claramente: el Rodrigazo (1975), el Plan Austral (1985) y la hiperinflación de 1989 junto con el fogonazo posterior, entre enero y marzo de 1990.

 

Con posterioridad a esos eventos traumáticos, que se destacan sobre otros episodios inflacionarios por su intensidad, se implementaron planes de estabilización que abatieron la tasa de inflación a niveles civilizados. El Plan de Convertibilidad fue el que logró la mayor cantidad de años seguidos de estabilidad de precios.

El Rodrigazo fue el primer impacto de significación que sufrió la sociedad argentina y que dejó marcas que perduran en el tiempo. Fue un salto inflacionario que no tuvo referencia histórica hasta ese momento. Después del Rodrigazo, fue habitual convivir con tasas de inflación mensuales de un dígito elevado o de dos dígitos y con elevada volatilidad.

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La Década del '80 no fue mejor y las tasas de inflación continuaron en niveles muy elevados y con dos episodios significativos: la escalada pre hiperinflacionaria (primer semestre de 1985) detenida con el Plan Austral y la hiperinflación de 1989.

 

En el retorno de la democracia, el Gobierno del presidente Raúl Ricardo Alfonsín tuvo que lidiar con serios problemas políticos, sociales y económicos que condicionaron su gestión.

En política económica, entre viejos enfoques para enfrentar nuevos dilemas y presiones sociales y gremiales, la gestión económica se fue deslizando hacia un escenario de descontrol de la dinámica inflacionaria. Durante el primer semestre de 1985 las inconsistencias de la política económica direccionaban a la economía argentina hacia un escenario de hiperinflación. 

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El Plan Austral resultó ser una herramienta de estabilización exitosa para detener el proceso hiperinflacionario, pero no logró la estabilidad de precios por un tiempo prolongado. Ante los desbordes inflacionarios, se sucedieron ajustes al Plan Austral y paquetes de política económica que no pudieron remediar la situación.

Durante el año 1989, especialmente a partir del mes de febrero, se abrió la Caja de Pandora inflacionaria y la sociedad argentina sufrió la primera hiperinflación de su historia con un elevado costo social y de actividad económica.

La hiperinflación se puede pensar como la imagen de un incendio: cuando el fuego consume todo el material inflamable, comienza a ceder, solo dejando las ruinas de la estructura arrasada. Si queden cenizas calientes, el incendio puede resurgir. Y así sucedió, a finales de 1989 y principios de 1990: un fogonazo hiperinflacionario.

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El Plan de Convertibilidad y la reforma económica implementada por el presidente Carlos Menem, fueron los instrumentos que despejaron el sendero económico para transitar 10 años de estabilidad de precios. Otros problemas y desafíos surgieron para recordarnos que la estabilidad de precios es una condición necesaria, pero no suficiente, para alcanzar un desarrollo económico y social sostenido.

Abril y más allá

En julio de 1989, la tasa de inflación del mes fue de casi el 200%. Debe resultar difícil, para el que no experimentó ese episodio en tiempo real, imaginarse como se trastoca la vida cotidiana y los comportamientos sociales tratando de sobrevivir, porque una hiperinflación no es solo un fenómeno económico, sus efectos nocivos se expanden por todas las facetas de la sociedad. 

La tasa de inflación de julio de 1989 quedo fosilizada en la mente de las personas que vivieron esa experiencia traumática, al frente de una empresa o siendo sostén de familia. Las generaciones más jóvenes habrán escuchado los relatos de sus familiares o pueden tener una visión aproximada, fruto de lecturas de artículos históricos o textos de la época. Pero la realidad del fenómeno es demasiado trágica para ser capturada a la distancia.

Los primeros datos que trascendieron de estimaciones privadas, sobre la inflación de abril, son poco alentadores y la sitúan en un nivel similar a marzo o superior.

Entre el proceso inflacionario, los shocks exógenos (sequía, sucesos internacionales) y la incertidumbre de un año electoral, exacerbada por la crisis política en la coalición gobernante y las disputas electorales del principal partido de la oposición, será un año signado por una caída del PIB en torno al 3% y 3,5%.

Se está conjugando un escenario de estanflación y si las autoridades económicas no asumen que el voluntarismo, acuerdos corporativos, cepos y laberintos regulatorios, no son el sustituto eficiente de una política macroeconómica consistente, la inflación continuará creciendo y nos pondrá en el umbral de revivir experiencias que asumimos superadas. Estamos a tiempo de implementar un plan de estabilización, antes que la situación se torne ingobernable o que una acelerada agonía termine minando, aún más, los cimientos sociales.

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