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Día Mundial de la Eficiencia Energética
La posición de Argentina

Día Mundial de la Eficiencia Energética: que sea todos los días

Además de las acciones cotidianas que todos podemos hacer, es preciso una revisión profunda de la matriz energética

Fernando Perez Eseiza 04 marzo de 2022

De algún modo u otro, ya sea desde el campo profesional, académico o en la vida cotidiana, estamos relacionados al término eficiencia energética. Hemos asistido a campañas de promoción de reemplazo de tecnologías, a pautas de uso de distintos dispositivos, nos acostumbramos a ver rotulado en diversos equipos que nos indican sobre su consumo de energía...

Sin embargo, cuando hablamos de eficiencia energética podemos y debemos (es mi intención en esta columna) también considerar la revisión de fondo de las matrices de energía. 

Siempre destacamos las oportunidades de nuestro país, y en particular de su sector agroindustrial para cada tema que abordamos, y en esta oportunidad también las pondremos de manifiesto.

Antes de continuar, es preciso recordar que el sábado 5 de marzo se celebra el Día Mundial de la Eficiencia Energética, desde 1998, a partir de la Primera Conferencia Internacional de Eficiencia Energética.

Según la International Energy Agency (IEA), comité que posee 31 países miembros y 8 asociados con el objeto de trabajar por un futuro energético seguro y sostenible, la eficiencia energética es “el modo de gestionar el crecimiento de la energía, obteniendo un resultado igual con menor consumo o un resultado mayor consumiendo lo mismo”. 

Otra forma de definirla es como “el conjunto de acciones que permiten mejorar la relación entre la cantidad de energía consumida y los productos y servicios que se obtienen a partir de su uso, sin afectar la calidad de vida de los usuarios” (Secretaría de Energía de la Nación).

En línea con las definiciones anteriores, está contemplado en la Agenda 2030 un Objetivo para el Desarrollo Sostenible  (ODS) sobre energía. El ODS 7 es específico sobre el tema y pretende "garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos". 

Atento a la situación de las matrices energéticas actuales en el mundo y las cantidad de servicios energéticos relacionados con los aspectos sociales y económicos, el ODS 7 advierte sobre el uso de combustibles fósiles para garantizar dichos servicios, que pueden derivar en la generación de  mayores emisiones de gases de efecto invernadero, convirtiéndolo de esta manera, en un peligro potencial para el bienestar de las personas y naciones.

Como comentaba, en materia de eficiencia energética la promoción del uso responsable a través del cuidado y uso apropiado de todas las tecnologías, son importantes pero complementarias a cambios estructurales que deben plantearse. 

Tal es así que se plasma en la Agenda 2030 la necesidad de aumentar la energía procedente de fuentes renovables, y promover tecnologías de eficiencia energética, pretendiendo alcanzar el crecimiento de las energías renovables, la mejora en la eficiencia energética, la cooperación internacional en el desarrollo de infraestructura para la energía sostenible y la mejora tecnológica y la expansión de los sistemas energéticos, iniciando por supuesto con garantizar el acceso universal a la energía (Vijay Modi & Hernan Pedro Figueroa).

Relacionado a las fuentes de energía renovables, existen en nuestro país distintos programas de promoción, entendiendo a las mismas como “aquellas fuentes energéticas basadas en la utilización del sol, el viento, el agua o la biomasa vegetal o animal, entre otras, que se caracterizan por no utilizar combustibles fósiles –como sucede con las energías convencionales-, sino recursos capaces de renovarse ilimitadamente”. 

También existe el programa nacional de uso racional y eficiente de la energía. Como dato adicional, el 26 de septiembre de 2021, tuvo lugar el pico histórico de cubrimiento de la demanda eléctrica a través de energías de origen renovable: 28,84% del total nacional.

Sin embargo, nuestro país presenta una “marcada dependencia de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), los cuales representan alrededor del 86,5% de la matriz energética primaria nacional, y de estos combustibles el gas natural representa el 52,4%”. Y en lo que respecta a la matriz secundaria, la oferta interna también se encuentra dominada por los combustibles fósiles (Méndez et al, 2016). 

Estos datos reflejan la necesidad de una revisión profunda de la matriz energética, ya que reflejan el contraste existente con las tendencias internacionales y las advertencias de los impactos sociales, ambientales y económicos de la gran dependencia de los combustibles fósiles. 

Sumado a lo anterior, también podemos identificar problemáticas en la generación, provisión, distribución, cantidad y calidad en materia de energía en las distintas regiones de Argentina.

En contraposición al párrafo anterior, pretendo compartir las oportunidades y aportes del sector agropecuario, para contribuir con los lineamientos y metas del ODS 7, tal como lo viene haciendo con otros ODS.

En esa línea,  “el potencial con el que cuenta nuestro país en materia de generación de energías renovables y fundamentalmente bioenergía es elevado y tiene un futuro muy prometedor. La bioenergía adquiere un rol importante como una de las alternativas para suplir esta demanda o, al menos, parte de ella; ya que donde estén disponibles los recursos tierra, agua y luz, se puede generar biomasa potencialmente transformable en un biocombustible sólido, liquido o gaseoso, que a la vez pueden ser transformados en energía eléctrica, energía térmica (calor o frio) y/o mecánica” (Méndez et al, 2016).  

Tal como vemos, cuando hablamos de eficiencia energética podemos identificar acciones cotidianas que todos podemos hacer en nuestra vida diaria y por otro lado, es preciso una revisión profunda de la matriz energética. 

Para cerrar, elijo el siguiente párrafo en relación a la bioenergía del trabajo “La Bioenergía en el Sector Agropecuario Argentino como Herramienta para el Agregado de Valor Origen” (Méndez et al, 2016): “Tenemos los recursos (que los vendemos sin ningún agregado de valor o los subestimamos ocasionando en numerosos casos problemas ambientales) y la tecnología para generarla en Argentina y además, algo no menor, ésta generación de energía a nivel de la región, demanda y/o genera una gran cantidad de puestos de trabajo”.

Creo que en la mirada integral, social – ambiental – económica de los diferentes temas y problemáticas para contribuir al desarrollo sostenible de nuestro país.

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