Estiman una inflación de 3% mensual para el 2° semestre y presión tras las elecciones

Ecolatina proyecta que la suba de precios estará apenas por debajo del 50% en 2021, con un promedio mensual de 3% en el segundo semestre. Queda mucha inflación debajo de la alfombra para 2022.

9 de agosto, 2021

Según Ecolatina, la inflación de julio fue de 2,6% (la más baja desde septiembre)

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) dará a conocer el jueves el Indice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a julio. Varias consultoras, y el propio Gobierno, coinciden en que la inflación del séptimo mes será más baja que la de junio (3,2%) y quedaría algo abajo de 3%.

Según un informe de la consultora Ecolatina, la inflación bajará en el segundo semestre respecto al primero y finalizará el año “apenas” por debajo del 50%. Sin embargo, para 2022 proyectaron que los precios tendrán alzas “mayores” a 40%.

El reporte detalló que al comienzo de la pandemia los precios fueron la única variable “beneficiada” por la cuarentena: las menores presiones salariales, en un contexto de aumento de la demanda precautoria de dinero y programas de control de precios, llevaron a este índice a la zona de 1,5% mensual por primera vez desde 2018. Sin embargo, en parte por las presiones acumuladas durante los meses de calma y en parte por factores nuevos, la inflación se aceleró en el cuarto trimestre del año pasado, y no logró bajar sensiblemente desde entonces.

Así, pasaron de una evolución de 3,7% promedio mensual entre octubre y diciembre de 2020, hasta 4,1% entre enero y marzo de 2021 para luego bajar algo, a la zona de 3,5% entre abril y junio. Tal como explicó Ecolatina, en julio, la suba de precios habría estado por debajo de 3% por primera vez desde septiembre pasado. “Pareciera entonces que llegó la desaceleración”, remarcaron.

Las razones

La consultora señaló que una de las principales anclas del proceso desinflacionario serán los precios regulados. Sin contar el aumento previsto para las prepagas, de 29% en cuatro tramos para los próximos meses, no habrá grandes ajustes en estos capítulos en contraste con lo sucedido durante la primera mitad del año. Por ejemplo, durante el período enero-junio, los combustibles subieron 34%, las prepagas 14%, la telefonía 18%, en tanto que electricidad y gas aumentaron 9% y 6%, respectivamente. Como se ve, aún con subas, varios quedaron detrás de la inflación del primer semestre (25,3%).

Estos precios no sólo impactan de manera directa sobre el IPC, ya que representan 20% de éste, sino que “suelen tener efectos de segunda ronda”, explicaron. En este marco, las casi nulas actualizaciones en insumos y logística ayudarían a relajar tensiones sobre otros bienes y servicios finales, aun cuando sus precios, virtualmente, estén libres. “Por lo tanto, la ayuda que darán los precios regulados será mayor a ese 20% que explican de manera directa”, comentó la consultora en su estudio.

El segundo factor que consignó el informe, que ayudó a mejorar las perspectivas para el resto del año, fue la merma en el alza del precio de los commodities a nivel mundial. En este sentido, subrayaron las subas de casi 10% mensual promedio en el Mercado de Liniers entre noviembre del año pasado y abril explicadas, entre otros factores, por la suba de los precios internacionales de los alimentos, como maíz, principales insumos en la cría de ganado vacuno.

Por caso, a finales de junio se observó una baja de 5% en el Mercado de Liniers (también ayudado por el “cepo ganadero”), que se sintió en las góndolas en julio cuando la carne vacuna subió 1%, muy por debajo de una inflación que habría acumulado poco más de 2,5% según el IPC GBA elaborado por la consultora. “Si bien el cierre de las exportaciones de carne fue poco efectivo para controlar precios, un dólar oficial planchado y precios internacionales que dejaron de subir permitieron lograr los resultados que la medida perseguía, aunque más no sea parcial y tardíamente”, dijo Ecolatina.

El tercer factor que señala el reporte, clave para una desaceleración en la tasa de inflación de los próximos meses, tiene que ver con el tipo de cambio. El dólar oficial, que subió menos de 11%, y se ubicó 10 puntos por debajo del avance de los precios, ayudó a anclar los valores de la economía real y evitar aumentos.

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Advertencias

De todas formas, Ecolatina advirtió sobre algunas cuestiones que pueden perjudicar el objetivo que tiene el Gobierno de seguir desacelerando la tasa de inflación mensual, sobre todo en este segundo semestre que contiene una cita electoral de medio término. “El endurecimiento del cepo de comienzos de julio marcó que el BCRA restringirá todavía más las cantidades si lo cree necesario, en lugar de convalidar ajustes en el precio de la divisa”, resaltaron.

Sin embargo, objetaron que, si bien esta decisión recorta tensiones en el corto plazo sobre algunos bienes de primera necesidad, que no tendrían problemas en acceder al mercado oficial de cambios, no es gratuita en materia de precios. La consultora aseguró que los costos de reposición en las empresas podrían generar un freno a la desaceleración de la inflación. Una suba del “dólar efectivo importador” (una suerte de suma ponderada de las importaciones que se hacen al tipo de cambio oficial y las que necesitan de dólares propios) que se hace al tipo de cambio oficial atrasaría la baja de los precios.

Para tener en cuenta, programas como Ahora 12 marcan que la prioridad del Gobierno es apuntalar la recuperación de la actividad, “aun cuando esto pueda implicar un retroceso en la batalla contra la inflación y el atraso del tipo de cambio”. “Muchos productos incluidos en el programa oficial son importados y demandan divisas para su consumo”, explicaron.

Hacia adelante, queda la duda sobre cuánto se acelerará la pauta devaluatoria del oficial que, como ya se sabe, pega en los precios porque la economía hoy funciona mayoritariamente al oficial. El Gobierno dice que no habrá devaluación poselectoral y que el tipo de cambio real no está (tan) atrasado.

Puede llegar a evitar un salto como el de 2014, pero será inevitable, por lo menos, volver a empardar la depreciación con la inflación. La demanda seguirá firme (de hecho, lo más probable es que será mayor por más importaciones y la reactivación del “déficit Ezeiza); la oferta, como siempre, dependerá de la lluvia y los precios de los granos y, por último, el BCRA necesitará sumar reservas para pagar todo eso y, además, los vencimientos de la deuda. ¿Será posible todo eso con un dólar de $100 o $110?

La brecha es un tema aparte y es muy probable que el FMI pida “unificación cambiaria” antes de firmar el nuevo programa. “En los últimos 5 años, todos los países que firmaron acuerdos con el FMI y tenían brecha cambiaria, unificaron los tipos de cambio a pedido del organismo”, dijo Emanuel Alvarez Agis, en una charla reciente en Puente.

Los salarios empujan

En la misma línea se inscribe la reapertura de paritarias, alentada desde el Poder Ejecutivo. Motivados por algunos gremios públicos, que cerraron actualizaciones mayores a 40%, los gremios privados fueron cerrando, o reabriendo, más cerca del 45% que del 30%. Así, “el poder adquisitivo tendría su mejor semestre desde 2017, pudiendo fortalecer el consumo de los hogares, pero al costo de una mayor nominalidad. El nuevo equilibrio, dice Ecolatina, parece claro: más actividad, pero también precios más altos”.

¿Qué podemos esperar?

Para los especialistas, la inflación bajará en el segundo semestre. “Más allá de algunos factores que puedan operar en sentido contrario (salarios y dólar paralelo), los grandes motores se alinearán para que la suba de precios se relaje a partir de julio y deje los niveles particularmente elevados de la primera mitad del año”, aseguraron.

El informe explicó que, si el acumulado de enero-junio se repitiera en el periodo julio-diciembre, la inflación rozaría el 60% en 2021. No obstante, proyectaron que la suba de precios estará “apenas” por debajo del 50% en 2021, pasando de un promedio mensual de 4% en el primer semestre a otro de 3% en el segundo.

El gran problema es que esta baja, además de escasa (3% mensual sigue siendo demasiado), no será duradera sino que se volverá insostenible “por su propio peso”.

“Cuando las anclas son forzadas y se acumulan retrasos, la dinámica termina pasando factura más temprano que tarde. En consecuencia, no solo tendremos una inflación mayor al 40% en 2021: también será así en 2022”, concluyó Ecolatina.