India: entre las aspiraciones globales y los conflictos internos

24 de septiembre, 2020

Por Mercedes Ferreyra y Diego Sadrinas (*)

 Años atrás, India era la candidata a ser una de las potencias con mayor influencia y peso específico en la geopolítica global. Ahora sólo es la aspirante a encabezar el ranking mundial de infecciones y muertes por Covid-19. Entre sus potencialidades y la presente tragedia, se encuentran los conflictos internos y regionales que frenan al país en su meta por llegar a lo más alto de la escena internacional.

En la actualidad, India comparte el trágico podio de casos de coronavirus con Brasil y Estados Unidos y no es casualidad. Los gobiernos nacionalistas y populistas de derechas de Narendra Modi, Jair Bolsonaro y Donald Trump fueron responsables de una combinación fatal: a las grandes poblaciones concentradas en ciudades y extensos territorios que complican el control de fronteras, le sumaron la mala gestión sanitaria debido a la subestimación del nuevo virus.

A pesar de que India al comienzo de la pandemia aplicó un estricto aislamiento obligatorio, la quinta economía del mundo y  la segunda en población cuenta con 80% de sus trabajadores en la economía informal.  Por esta situación de vulnerabilidad de la sociedad, no se pudo sostener el “lockdown” de actividades, que derivó en una apertura indiscriminada. Este relajamiento total de la cuarentena llevó a un crecimiento exponencial de casos -más de cinco millones- que difícilmente encuentre un techo en los próximos meses.

Ahora bien, un país que está atravesando una crisis sanitaria de tamaña magnitud, propio de errores de cálculo y debilidades preexistentes, ¿tiene los atributos necesarios para convertirse en un actor protagonista del nuevo escenario mundial, que está en pleno proceso de reconfiguración? Esta reorganización geopolítica tiene, por un lado, a la disputa entre EEUU y China por la hegemonía. Al mismo tiempo, hay otras tensiones protagonizadas por aquellas naciones que en el marco del mundo pospandemia quieren también integrar la mesa chica del poder global: Rusia, sin dudas, está tratando de recuperar la centralidad que supo tener en el pasado en pos de dejar de ser solo un actor de veto para transformarse en uno con capacidad de imponer términos y condiciones. A este orden quiere sumarse India, para ser el cuarto integrante de esta “mesa chica”. Por eso es conveniente analizar las ventajas y dificultades que tiene que afrontar para lograr este objetivo.

Entre las primeras, cabe destacar la vanguardia de la industria del software y la farmacéutica, las cuales son pujantes a nivel local pero también internacional vía exportaciones. Además tiene un desarrollo potente vinculado a la producción aeroespacial que puede convertirla en referente central en la materia en los próximos años. Desde el punto de vista de las artes, Bollywood es su industria cinematográfica y compite de igual a igual en términos de facturación con la de EE.UU. Asimismo, es importante recordar la posición relevante que supo ocupar India dentro de los BRICS, promoviendo la cooperación sur-sur.

Respecto de las dificultades, hay que mencionar la situación laboral asociada al aumento del desempleo, la informalidad y del asistencialismo: estas realidades se profundizaron en los últimos 3 años (al punto que ya no se publican estadísticas oficiales al respecto) y es aún más acuciante entre las mujeres, quienes ocupan roles menores en la sociedad, tanto en los asuntos públicos como en el ámbito privado. Otra situación a tener en cuenta son los conflictos territoriales por Cachemira con China y Pakistán: estas disputas llevan varios años vigente y es crucial que India logre un acuerdo pacifico y definitivo respecto de sus fronteras.

En suma, India cuenta con un conjunto de  potencialidades económicas, demográficas y geopolíticas para dejar de ser un país emergente y convertirse en una potencia mundial: promoviendo un plan económico ordenado y sustentable podría transformar sus problemas de sobrepoblación en un poderoso mercado interno. Sin embargo, sus desigualdades sociales, disputas étnicas y conflictos regionales dificultan, hasta ahora, el logro de este objetivo. Es deber de su líder, Narendra Modi, consolidar un proyecto político en pos de resolver estos frentes de conflicto y lograr una cohesión interna que le permita competir de igual a igual en la escena internacional, incorporándose definitivamente a la mesa chica del poder global.

Los autores son politólogos de la UBA

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